
Os paso el enlace de la editorial para que os podáis descargar las bases si queréis.
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Hola de nuevo, blogueros... Llega septiembre y las ganas de trabajar un poco. Esta vez os traigo buenas noticias. Este año las librerías se han visto -yo lo he visto con mis propios ojos- inundadas de novedades "históricas". Y casi todo lo que he visto pinta muy bien. Pero, claro, hasta que no coges el libro en cuestión y empiezas a pasar hojas no vas viendo quién saber hacer novela histórica y quién se limita a intentarlo. Porque escribir, escribimos muchos, pero escribir bien sólo unos pocos. Y ahí llego al meollo del tema que me ocupa hoy. Una gran historia, un gran tema, un grandísimo (y malísimo al decir de muchos) personaje, y una gran narradora. La historia: El Legado; el tema: el nazismo, aunque, a decir verdad, hay muchos sub-temas de lo más interesante. El personaje: Hitler. Y la narradora: Blanca Miosi, en estado de gracia.
Ágata Martí tiene veintiséis años, un trabajo mal pagado y vive sola en un apartamento en Barcelona. Una mañana de invierno, poco después de Navidad, decide que ha llegado el momento de replantearse su vida… Y la idea que ha tenido Guillermo, su hermano mayor, de que vaya a trabajar a Londres no es del todo descabellada.
Gabriel Trevelyan, hoy reputado periodista en Londres, solía refugiarse en casa de Guillermo Martí en los momentos difíciles de su infancia. Por eso, cuando su amigo le llama pidiéndole un favor muy especial es incapaz de decirle que no.
Ágata y Gabriel vuelven a encontrarse después de trece años y ambos se dan cuenta de que las cosas no han cambiado entre ellos. Para ella nunca ha habido nadie como Gabriel, el chico que la besó por primera vez. Para él nunca ha habido nadie como Ágata, la única chica capaz de llegarle al alma… No obstante, Gabriel no confía en el amor y Ágata no está dispuesta a conformarse con menos.
En la línea de Marian Keyes y Cecelia Ahern, Anna nos presenta una deliciosa novela que cuenta con los ingredientes necesarios para hacerse indispensable en la biblioteca de cualquier lectora romántica.
Es actual, vibrante, tierna y llena de humor y de sentimiento. Ambientada a caballo entre Barcelona y Londres, cuando la vi pensé: ¡Dios, parece que esté pensada para mí! La empatía con los personajes, con todos y cada uno de ellos, desde los protagonistas a los "extras" es instantánea; conectas en seguida con sus inquietudes y sus problemas porque son los tuyos.
Anna ha conseguido con esta, su primera novela, situarse en un lugar de honor de la novela contemporánea hecha en España... de la que apenas había representantes hasta su aparición. Para colmo, y para no dejar en ascuas a su legión de fans, nos ha escrito la continuación: A fuego lento, que también podéis encontrar en vuestra librería habitual o en los grandes almacenes. También sé que está preparando otra novela en la misma línea y con personajes conocidos por los lectores de estas dos "joyas" románticas.
¡Enhorabuena, Anna!

London es una invitación a recorrer 2000 años de historia de la emblemática ciudad de Londres. En una tarea similar a la del arqueólogo, Rutherfurd observa las capas de tiempo que se han ido sedimentando en las tierras de Londres, abre una ventana al pasado y nos desvela los acontecimientos que han definido la historia de la ciudad.
Julius, joven acuñador de monedas romano; Dame Barnikel, al frente de una taberna frecuentada por Chaucer; Edmund Meredith, actor del shakesperiano Globe Theatre; o Lucy, mujer que parece salida de la pluma de Dickens, forman parte del rico entramado de personajes que crea Rutherfurd.
De su mano, nos adentramos en el corazón de una ciudad en permanente desarrollo y se nos transmite el movimiento y color de cada periodo… Una evolución constante que se refleja en el fluir eterno del río Támesis, símbolo del paso inexorable del tiempo.
Edward Rutherfurd. London
Edward Rutherfurd. London. Traducción de Camila Batlles. Ediciones B. Barcelona, 1998. 1.135 páginas. 3.500 pesetas.
Londres o las ciudades inventadas
Londres ha sido escenario de invenciones literarias desde que en el siglo XIV Geoffrey Chaucer decidió que un grupo de peregrinos parlanchines iniciara allí su viaje hacia la tumba de Thomas Becket en Los cuentos de Canterbury. Pero fue en el XIX cuando Dickens concibió Londres como la perfecta metáfora urbana de un mundo en efervescente transformación. Siendo Dickens el autor más popular de su siglo, no es de extrañar que la ciudad se erigiera en un universo simbólico, en un personaje literario de primer orden, con una combinación espectacular de caos y orden, de dinero y pobreza, de luz y sordidez. Ese cúmulo de contrastes sirvió a Stevenson para acentuar la dualidad del alma humana en Dr Jeckyll y Mr Hyde; su creación ayudó a establecer la atractiva esquizofrenia de una ciudad única: extremadamente educada y respetable de día pero peligrosa, casi siniestra de noche. Cada vez que un autor metía Londres en su obra, le quitaba un trozo de realidad para añadirselo de ficción, hasta el punto de que ahora quizá sea una capital totalmente inventada. ¿Es Bloomsbury el barrio que vemos alrededor del Museo Británico o es el plano de ese sueño de modernidad y tolerancia leído en Virginia Woolf, Edward Morgan Foster o D. H. Lawrence? Pero sí Bloomsbury quedó "inventado" para siempre por un grupo de escritores entonces de vanguardia, hay otros barrios que evolucionan al mismo ritmo que las novelas que los describen. El Soho fue barato y sombrío para las aventuras del padre Brown, el cura-detective de Chesterton, y las mismas calles que fueron recorridas por la encarnación del mal que representó el doctor Fu Manchú, de Sax Rohmer, se pusieron al día en la reciente y espléndida novela de Timothy Mo, Agridulce, en la que una familia china trata de integrarse en la vida inglesa bajo la sombra amenazante de las triadas o mafias; pero el Soho no quiere ser decorado criminal y se vuelve alegre y promiscuo en los noventa con los avatares sentimentales de cuatro chicos de mucho gimnasio y rayos uva en la última obra de Allan Hollinghurst, The spell (El hechizo). Este autor ya había paseado por el señorial barrio de Chelsea en La biblioteca de la piscina, al igual que los elegantes y solitarios personajes de clase alta que aparecen en las novelas de Anita Brookner, esa discípula de Henry James. Pero ha sido Hanif Kureishi quien se ha atrevido con el Londres multiracial y socialmente agitado de la periferia en El buda de los suburbios o Mi hermosa lavandería. Es otro Londres, que está siendo escrito ahora en Camdem, Bromley o Brixton, allí donde llega la última parada del metro, barrios que también exigen verse reinventados en páginas de novelista. Ahora, Edward Rutherfurd publica en España un libro de más de mil páginas al que llama London: no hay engaño, pues, ya que aquí Londres no está al servicio de la narración sino que la domina como protagonista absoluto. Todo el armazón narrativo y toda la carga ficticia han sido diseñados y desarrollados por el autor para mayor gloria de la ciudad de ciudades, a la que ve como un ser vivo en sus fases de gestación y crecimiento, en la decadencia y en la plenitud. Varias familias conducen, de forma continua o esporádica, la evolución de la ciudad desde que sólo era un poblado celta hasta los bombardeos de la segunda guerra mundial; en veinte capítulos el autor trata de conducir al lector por el Londres romano, por el vital y tabernario que vivió William Shakespeare, por el de la república de Cromwell, por el afectado y pecaminoso de la Restauración o por el puritano e industrioso de la reina Victoria. Ahora bien, este viaje tiene más de guía histórica que de novela, aunque el autor haya pretendido lo contrario; los personajes y las distintas tramas sustentan un trabajo de investigación que se sobrepone a los intentos de crear una obra de ficción. Dicho de otra manera, los abundantes datos sobre la política, los modos sociales o la vestimenta de cada periodo vienen primero y las emociones, después, lo que produce, sobre todo, una lectura totalmente recomendable para los amantes de la historia.
Juan Marín. Publicado en El País / Babelia p. 13 19/09/1998
jmheraldo@hotmail.com El País Imprimir
Os presento a mi libro de cabecera: mi biblia particular. Lo he leído 3 veces desde que lo compré en septiembre de 2000. Y como veréis, repetir de un plato tan "suculento" dos veces denota una gula digna de excomunión, ¡por lo menos!
¿Qué decir después de todo lo que se ha escrito ya? Es hermosa. Apasionante. Adictiva. Pero es, sin dudarlo un minuto, la gran novela para los anglófilos y los amantes de Londres muy en particular; es la mejor guía turística que puedas tener a mano, la que te cuenta lo que ningún guía te va a contar... Si todavía no la tienes, te recuerdo que la editorial Roca la ha reeditado en tapa dura hace poco. Es cara, sí; pero merece la pena.