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miércoles, 9 de febrero de 2011

Noches de Karnak. Nieves Hidalgo



Muchos siglos atrás, las divinidades egipcias -ya sabemos que los dioses son caprichosos- regalan a un campesino la tablilla de la Vida Eterna. El extraordinario objeto pasará de mano en mano hasta que el faraón Tutmosis III lo hace enterrar, convencido de que será para siempre.
Una diosa-demonio había prometido entregar la tablilla a su fiel servidor Seneptha. Pero éste muere a manos del guerrero Karemheb, el Guardián del Valle de los Reyes, y la diosa se venga ordenando que lo asesinen y lo entierren en la tumba de Seneptha.
En nuestros días, los arqueólogos Esther Rivet y Moses Connor descubren la tumba, y en ella una tablilla y un anillo. Y sin proponérselo, resucitan al servidor de la diosa. Pero Seneptha no volverá a la vida solo... Karemheb, el ancestral guerrero, lo hará con él.
Esther no puede remediar enamorarse del enigmático ser de otro tiempo. Y la atracción entre ambos acabará por convertirse en un amor por el que estarán dispuestos a enfrentarse a todo, e incluso a morir por preservarlo.

Hará un par de años, mes más, mes menos, os dije en este mismo blog que Lo que dure la eternidad era mi novela favorita. ¿Lo recordáis? Bien, rectificar es de sabios. O al menos de adultos. Ahora he de confesaros que... Noches de Karnak ha pasado a ser de todas, todas, mi novela preferida de esta maravillosa autora que es Nieves Hidalgo. La esperaba con ansia, sabía que no me decepcionaría (todavía queda gente en la que puedes confiar con los ojos cerrados y el corazón abierto), pero la sorpresa ha sido tan mayúscula que me he quedado SIN PALABRAS, casi sin saber muy bien por dónde empezar. Son tantas las sensaciones que me ha despertado la nueva obra de Nieves que podría tirarme horas escribiendo. Y lo mejor: es una de esas novelas que te hace reflexionar de dónde venimos y hacia dónde vamos, y si podemos, ¡¡¡por Diosito!!!, cambiar el rumbo, porque me da a mí (y sé que no soy la única que lo piensa) que la sociedad del siglo XXI no va muy bien encaminada... como no sea hacia el desastre.

Y ahí tenemos al bueno (buenorro ; p) de Karemheb, ¡¡pobre!!, que tan bien ¿? vivía en el año 1296 a.C., transplantadito a nuestro III milenio. ¡Qué terror por Dios! A mí me recorre un escalofrío sólo de pensar en semejante viaje. ¡Ríete tú del que se fue a la Luna! Subido a un descapotable último modelo cuando ni siquiera sabe quién es Jesucristo (de los demás personajillos de la historia ni hablemos, demasiado complicado...), enamorado hasta las trancas de Esther (fíjate tú que lo único que no me gusta de esta novela es el nombre de la prota... una gilipollez, ¿verdad?) y enfrentándose a su enemigo acérrimo: Seneptha (otro que tal baila, de ese mejor no os digo nada que no os quiero arruinar la lectura). Podría quedar la cosa así, ¿verdad? Como una historia de amor e intriga como tantísimas otras. Pero ¿acaso olvidáis que la ha escrito Nieves? Y ahí reside el encanto. Si os prometo y os juro que no he leído jamás nada igual, no cometeré perjuro. Porque realmente es la primera vez que tropiezo con una historia que me lo enseña todo, y además en Technicolor. Sí, sí, porque a medida que iba leyendo (zampando) lo veía todo como si lo tuviera delante mismito de mis ojos.
¡Guionistas, dejad de inventar paridas sin sentido y haced un guión como Dios manda de Noches de Karnak, que material os sobra para una super-producción al estilo de Troya o Alexander!
No soy egiptóloga, no estoy muy versada en el tema del Antiguo Egipto, así que si hay fallos histórico-cronológicos, desafío a los especialistas a sacarle los cuatro pies al gato. Yo sólo me quedo con lo mejor: con las sensaciones placenteras, con las risas (que hay muuuuuucho de lo que reír), con las vivencias de esos arqueólogos intrépidos que ya he hecho mías, con ese amor que supera la misma muerte... Una novela inolvidable que pone el listón muy alto, no sólo a la misma autora, sino a todos los pobres estúpidos que un (mal) día nos propusimos escribir. Sinceramente lo digo aquí y ahora: es difícil superar esto. Haceros un favor y dejad un hueco en vuestra estantería (y en vuestros corazones) para esta historia. No os arrepentiréis. Palabra de honor. ; D

NOCHES DE KARNAK
NIEVES HIDALGO. 2011
ZETA BOLSILLO
359 PÁGINAS
ISBN: 978-84-9872-460-8

Fue un beso tonto. Megan Maxwell



«Esta novela reúne varios requisitos para pasar varias horas entretenidas: dos chicas de un barrio madrileño que son policías y dos médicos escoceses adinerados que se conocen después de un operativo especial. Si a eso le añadimos una madre estirada que se cree Dios vestida de Chanel y una abuela con su mejor amiga que son la caña, ya tenemos el cóctel perfecto para divertirnos.
Fue un beso tonto es una mezcla de pasión, amor, celos, traiciones, risas, misiones encubiertas y mucho más.
La diversión está asegurada con este nuevo trabajo de Megan Maxwell.»
Nuria Casás (Románticas al horizonte).

Después de hacerle la entrevista a Megan me dije: Julia ¡¡tienes que comprar este libro YA!! Y el día 7 de enero, allá que fui, a la librería Bertrand a hacerme con uno de los muchos ejemplares que estaban expuestos, MUY EXPUESTOS, a la vista de todos, en el apdo de novelas de humor. y desde luego, humor tiene para dar y vender. La experiencia de leerlo (casi de 1 sentada esa misma noche... en realidad tardé sólo unas 30 horas, calculo... ; )) es como zambullirte en pleno mes de julio en una piscina: ¡¡¡refrescante!!! Todo un gustazo.
A pesar de que me vengan diciendo por aquí y por allá que un libro es bueno, malo o regular, yo prefiero juzgar por mí misma porque para gustos hay colores, y hablando de colores, yo soy más rarita que un perro verde... Sin embargo, repito, la experiencia con Fue un beso tonto sólo la puedo calificar de GRATIFICANTE. Casi adictiva... lo cual es un riesgo en estos momentos; quiero decir que ahora quiero más libros de Megan porque si los demás son como éste, voy a disfrutar como una enana en un circo ; D
Los personajes, en general, resultan adorables... sobre todo esa abuela cachonda mental y su muy mejor amiga, Maruja. Me ha hecho echar de menos tener una abuela... y mira que yo no soy nostálgica familiar ni nada de eso, pero todos deberíamos tener una Pepa en nuestra vida para dar luz y color, que diría Marisol. Entrañable la pequeña Luna que aporta el toque de ternura que la novela necesita para calar hondo en los corazones de los lectores. Del hombre, o sea Alex, no diré nada porque 1. Es el típico galán de novela. 2. No es mi tipo... Pero como él bebe los vientos por Olga, pues casi mejor que no, que si no me ataca la frustración y la tengo que curar a base de chocolate.
Pero una crítica no es crítica si no se apuntan algunas cosillas en contra: casi todas se podrían resumir en una: Demasiada ordinariez por parte de Olga y su amiga. En el lenguaje sobre todo. Te contaré un secreto, Megan: hablar bien no te convierte en una pija insoportable, no sufras. Puedes tener un vocabulario exquisito y seguir siendo una persona encantadora y humilde. Yo sé que mucha gente tiene miedo a mostrar cortesía o modales refinados porque cree que es de pijos, de niños de papá. Pero lo cortés no quita lo valiente; usar un lenguaje educado es siempre de agradecer. Soltar tacos a diestro y siniestro y de manera gratuita es una ordinariez que no aporta simpatía, y no necesariamente es sinónimo de honestidad o sinceridad. Y otra cosa, ya sé que son policías, que el trabajo es duro, que se enfrentan a actitudes machistas vomitivas... pero esas situaciones no se resuelven gritando ni soltando tacos. Lo mismo es cosa de Madrid; yo tenía una amiga que le pasaba justamente eso: tenía tanto miedo de parecerse a la hipócrita de su madre que se me iba al otro extremo y me soltaba ordinarieces sin parar. Eso es feo. Que sí, que Perla y Sabrina son unas "joyitas", y nadie quiere parecerse a ellas. Pero no es tanto una cuestión de lenguaje como de actitudes. Lo que hace a Perla y a Sabrina insoportables no es ni su buena crianza ni su léxico cuidado ni su tono pijo, es su manera de ver la vida, de mirar a los demás y juzgarlos. La buena educación y los buenos modales no son patrimonio exclusivo de pijos de colegio privado. Dios sabe que mi colegio fue cualquier cosa menos privado y de pago ¡! Pero si uno quiere ser educado puede serlo aunque viva en Lavapiés o Vallecas. Y corto el rollo: de hecho, esto es lo único que, a mi humilde parecer, desmerece un tanto la novela. Pero en definitiva, la última palabra es tuya, y supongo también que tus razones habrás tenido para poner en sus bocas esas palabras en ese lenguaje.
Excepto eso, no tengo más que objetar. La novela se lee sin apenas tregua, van volando los capítulos y a cada página aumenta el deseo de saber más y más. Eso es lo importante: atrapar al lector en una red de pasiones y emoción y conseguir retenerlo hasta la última página. En ese sentido, te doy mi más sincera enhorabuena. YA ESTOY ESPERANDO LAS SIGUIENTES...

FUE UN BESO TONTO
MEGAN MAXWELL. 2010
VERSATIL
394 PÁGINAS
ISBN: 978-84-92929-22-1