Todas mis novelas en KU

Todas mis novelas en KU
Elige la que quieras y enamórate

sábado, 28 de febrero de 2009

Graceling. Los siete reinos I. Kristin Cashore

Hay gente en estas tierras que tiene poderes extraordinarios a los que llamamos gracias. Una gracia puede tener un valor infinito o puede ser totalmente inútil. Una gracia puede hacer que alguien sea veloz como el viento, o que sea capaz de predecir el tiempo, mientras que otras sólo harán que hables al revés o te subas a los árboles. Mi nombre es Katsa. Soy un instrumento que mi Rey utiliza para castigar a sus enemigos. Mi gracia es matar.

El libro fantástico más aclamado del último año en todo el mundo.

A la venta el 16 de marzo

Roca juvenil

www.rocajuvenil.com
www.rocalibros.com/graceling

Las espinas del amor. Arlette Geneve


Mmm, hacía tiempo que no me dejaba «seducir» por una novela romántica de las de siempre; no es mi género preferido, vaya por delante, aunque de tanto en tanto lo coja con gusto y lo disfrute con ganas. No debería, pero ocurre con frecuencia, que leemos antes algo que venga «con referencias» que la obra de alguien desconocido, por muy buena que luego resulte ser la última. Y con esta idea cogí yo, de entre decenas y decenas de novelas, ésta que comento ahora.

Aunque amante de la historia en general, el siglo XIX no se cuenta entre mis favoritos; cuando catalogamos algo de «decimonónico» no es precisamente un cumplido, y por algo es. Para mí es, por antonomasia, el siglo de la hipocresía, de las habladurías, de los convencionalismos; un retroceso en el pensamiento libre con respecto a siglos anteriores como el s. XVIII o incluso el s. XVI, siglo de grandes cambios y avances, amén de los grandes descubrimientos científicos y geográficos. La figura de Napoleón tampoco es de mis preferidas; pero sí coincido con la autora en la talla de Goya, uno de los grandes de la época en su arte.



La ambientación está muy cuidada, teniendo en cuenta que no es propiamente una novela histórica, sino una romántica «de época», que ni es lo mismo ni es igual. Los personajes, en su gran mayoría, se adaptan perfectamente a las modas y usos del momento; la trama está bien construida, aunque quizá se eche de menos un pelín de originalidad: la historia de «heroína ilegítima», aunque (casi) siempre funciona, está muy vista, y los devoradores de libros lo notamos enseguida; considero sin embargo que este tipo de novela está indicada para los que empiezan a introducirse en la lectura y buscan entretenimiento antes que erudición. Ya llegará el tiempo de mostrarse exigentes y críticos con lo que leemos. Y a veces no llega; hay gente que no critica nunca, y su derecho es tan legítimo como el nuestro.

El desenlace es demasiado previsible, y vuelta a la cuestión «originalidad»; me gusta que el autor me sorprenda y me descoloque; es obvio que ha de haber un «final feliz» en este género de novelas, pero hay mil y una maneras de hacer un final feliz sin caer en los tópicos.

domingo, 22 de febrero de 2009

Por qué escribo

Una de las peores —y más repetidas— preguntas que le hacen a cualquier escritor es: ¿Y tú por qué escribes? A pesar de todo, es de las más contestadas, a menudo con una larga perorata que más parece una biografía que otra cosa.

Tranquilos, no os voy a contar mi vida; eso ya llegará en unos meses. Pero como éste es un blog literario, me siento en parte obligada a contestar a esta pregunta, y en el fondo lo deseo. El autor es un ser ególatra y pocas situaciones le reportan más placer que aquéllas en las cuales se le presenta la oportunidad de hacer una declaración de principios sobre cualquier tema.

Lo mío no fue vocación infantil; nunca fui una niña repipi que presumiera de leer a los Grandes Clásicos en su etapa escolar, ¡nada más lejos de la realidad! Os confieso que yo, de niña, quería ser actriz; en el peor de los casos, casarme con un hombre riquísimo y guapísimo que me mantuviera a cuerpo de reina y me permitiera hacer lo que quisiera, y lo que más me gustaba entonces y me sigue gustando hoy: leer.

Ya de adolescente, empecé a mantener correspondencia con chicas de mi edad, generalmente de fuera de mi ciudad natal, por aquello de conocer «algo diferente»; el gusanillo de las cartas se me metió en el cuerpo y ahí, entre epístola y epístola, empecé a hacer «mis pinitos» como escritora, sin saberlo, porque yo no me veía como escritora en aquellos días. Sí me apasionaban los libros, sobre todo las novelas, y mucho más la narrativa del momento; los clásicos no me atraían en absoluto, salvo honrosas excepciones (siempre inglesas).

Tuve, como la mayoría de los niños, una «vena fantasiosa» muy marcada, y de tanto en tanto imaginaba historias truculentas, pero en ningún momento me planteé plasmarlas en un papel, y mucho menos hacer de ello una profesión ni nada parecido. En 1995 empecé algo que podía ser una historia, pero no pasé de unas pocas páginas; no lo veía claro, no me veía capaz.

En 1996 conocí a una de las personas más importantes y queridas de mi vida; al contrario que yo, ella llevaba años llenando cientos de páginas con sus historias, pensamientos y emociones varias. Usaba el papel y la tinta como terapia porque su mundo no era lo que ella deseaba; escribía para poder conjurarlo y cambiarlo a su gusto. Su entusiasmo por la escritura se me contagió un tanto, lo admito, pero el verdadero impulso me lo dio mi padre. Y pillé al vuelo el desafío como el perrito juguetón pilla el fresco y sabroso hueso que le lanza su amo. Y ahí empecé mi primera novela. Siempre que he escrito algo, me he propuesto compartirlo con los demás, y a ser posible ganar dinero con ello; como a todos, me gustan las cosas buenas, bonitas… Y caras.

Con todo, el dinero no es lo que marca mi vida; es sólo un medio para conseguir un fin. Confieso que la popularidad es más deseable para mí que el dinero; por eso mi narrativa, con todos sus fallos, es sencilla y va dirigida al gran público. Mi único propósito ha sido y es entretener al lector; no pretendo enseñarle nada, aunque siempre, como un poso del té, queda en mis historias una moraleja. Pero sólo es eso: mi pequeña y particular seña de identidad.

jueves, 19 de febrero de 2009

Siiiií, I'VE GOT THE POWER...




... el poder de asistir al concierto de Madonna en Barcelona el 21 de julio. Tengo la entrada... Crucemos los dedos, toquemos madera; hagamos conjuros, hechizos, magia blanca, negra, y del color que sea menester, ¡¡¡todo por el privilegio único de estar en ese concierto!!! Después de años y años de "no puedo por esto y lo otro y lo de más allá", por fin SÍ puedo. Sé que esto que os comento ahora no es muy "literario" que digamos; pero si leisteis "Musica y letra", mi entrada de enero, sabéis que para mí la musica está unida a la literatura como uña y carne, y sabéis también que Madonna es 1 de mis favoritas: lleva 25 años en el Top Ten. Tiene su lógica, pues. Si alguno va a ir, que me avise....




BESOS A TODOS.




I'M VERY VERY VERY VERY VERY HAPPY!!!!!!!!!!!!!!!!!!

miércoles, 18 de febrero de 2009

Peligros de la co-edición

Después de consultarlo con la almohada y leer muchos comentarios relativos al tema, he decidido hoy aportar mi granito de arena en este peliagudo asunto de la co-edición; varias personas han compartido sus experiencias en blogs y foros. Casi todas son desalentadoras. Están en estos últimos tiempos proliferando estas «editoriales», sobre todo en EEUU, tal y como dio a entender una de mis colegas escritoras; quizá allí exista un control más riguroso de estas «empresas», o quizá la legislación en el campo editorial sea como debe ser, y la gente actúe en consecuencia. No he estado nunca en EEUU, y no lo sé. Pero sé cómo es España, sé que es el país de «la picaresca» y de «la estafa»; todos los días un nuevo caso viene a darme la razón, y ya me gustaría equivocarme, ya. Aquí, en cuanto te descuidas un poco y te relajas, dando por sentado que la gente es tan honrada y profesional como tú, ¡te despluman!

Todos los escritores hemos soñado alguna vez con publicar. Vale, casi todos; habrá alguna excepción perdida por ahí; alguien que escriba como terapia, algún purista que trabaje «por amor al arte» y sin ningún ánimo de lucro (¿?)(¡!). Pero la mayoría de los mortales que una vez nos pusimos delante del papel (monitor) soñamos con ver nuestra obra en los escaparates. Esta ilusión natural y humana la utilizan estos «editores», en el mejor de los casos, para embolsarse una friolera de euros por libro editado a cambio de una edición muy reducida de la obra que apenas da para repartirla entre los amigos. Mejor no os digo lo que pasa en el peor de los casos…

Mi consejo, como el de muchos escritores, es que agotéis las vías tradicionales de agentes literarios y editoriales grandes y pequeñas; que siempre que os sea posible participéis en concursos, no importa la cuantía del premio (esto es algo simbólico en la mayoría de los casos); y que si aún así no obtenéis nada positivo pero pensáis que vuestro trabajo merece la pena, lo promocionéis en Internet a través de vuestros blogs y webs. No ganaréis dinero, pero tampoco lo perderéis; llegaréis a mucha más gente por muy poco o ningún coste.

Mi última recomendación es que no os dejéis llevar por las prisas; la precipitación es muy mala consejera. Aseguraos de presentar un texto «inmejorable», haced una buena carta de presentación y un currículum donde destaquéis vuestros mejores logros y algún que otro fracaso para hacerlo más creíble. Que somos humanos.

Y no paguéis; a la larga no merece la pena.

miércoles, 11 de febrero de 2009

El silenci sota l'aigua. Mònica Esbert


El viernes, 16 de enero, tuve el placer de asistir a la presentación de un libro; y no cualquiera, sino uno galardonado con un premio. (Y con esto no pretendo menospreciar a todas aquellas maravillosas novelas que por cualquier razón no han sido nunca premiadas). Desde aquí quiero darle las gracias a Mònica por la oportunidad que me brindó. No acostumbro a acudir a presentaciones de libros, cosa que me reprocho constantemente porque sé que forma parte de mi profesión asistir a este tipo de actos, igual que a tertulias y/o conferencias sobre literatura y temas afines. Pero hasta hace poco tiempo trabajaba por las tardes y no podía hacer acto de presencia. El libro en cuestión es una novela; también se presentaron dos libros de poesía, pero como no es mi género, por el momento no entraré en el tema. El título de la novela de Mònica es El silenci sota l’aigua (El silencio bajo el agua).

Leo poco en catalán, lo admito; casi todo lo que leo, ya sea comprado o prestado (amigos, biblioteca…), es en castellano. Sin embargo, éste me atrajo desde el primer momento. Quizá porque la foto de portada es un cuadro de G. Klimt o quizá porque es sencillo y a la vez tiene el poder de atraparte incluso antes de haberlo abierto… Soy intuitiva a la hora de escoger libros; mi margen de error es muy pequeño, sólo ha habido un par de libros, sí, un par, o sea 2 libros que no me han gustado a lo largo de mi vida. Y desde luego, el que comento hoy no es uno de ellos.


Empecé a leerlo con un pelín de reserva por lo que os decía antes, de que apenas sí leo narrativa catalana —y en catalán—, pero me enganchó desde la primera página, desde el mismo título del primer capítulo… Y no paré hasta el final; hay libros que se te enganchan a la piel y no puedes desprenderte de ellos, a veces incluso mucho más allá del final.

Me encandilé con una prosa sencilla y ágil, con las palabras justas: sin carencias y sin excesos; unos personajes llenos de humanidad, como ese vecino tuyo de la puerta de al lado. Unas situaciones comunes dentro de lo extraordinario, y un fiel reflejo de la naturaleza humana, tema que desde chiquita me apasiona. Un final sencillo, sin melodrama barato, una relación en su punto justo de romanticismo, la de Liurna/Elisenda y Joan al final; ni un pelo de ñoñería, un equilibrio perfecto entre lo dicho y lo no dicho, lo que se intuye, lo que se lee entre líneas, lo que el lector imagina a su libre albedrío. Diálogos sencillos, directos, como si estuviéramos frente a una secuencia fílmica. Doy mil gracias a Mónica especialmente por esto, por enseñarme lo que sí se puede hacer en literatura; a veces una, como escritora, va un poquito perdida y siempre es bueno ver una señalización en el lugar adecuado.

Como no soy filóloga sino historiadora, no me extenderé más en aspectos lingüísticos; sólo un par de sugerencias a la autora. La primera, a ver si lo traduces al castellano para que llegue a más gente; es una gran historia y merece tener más público…, y a otros idiomas, claro. Y por favor, ¡¡¡¡escribe otra PRONTO!!!!