viernes, 11 de febrero de 2011

Tres ciudades y un destino







¿Será Madrid, será Córdoba, será León... finalmente? Tres ciudades y un muy posible destino. Sí, mis muy queridos blogueros, hoy estoy que me salgo, con el optimismo a flor de piel... luego os cuento.




De entrada os comento esto: los que me veis por Facebook, el bendito invento del III milenio (digan lo que digan las malas lenguas), sabéis que a finales del mes pasado pedí 1 plaza-beca para estudiar mi último año ¡¡¡¡por fiiiiiiiiiiiiiiiiiiin!!!! de carrera fuera de Barcelona; no es que no me gusten los catalanes... es que el cuerpo me pide un cambio de aires cuanto antes (enero fue taaaaaaaaaaaan desastroso) y como escritora, ¿qué os puedo decir que no sepáis ya? ¿Acaso hay algo más estimulante que una experiencia de este tipo para recopilar ideas luminosas, información, documentación, imágenes inspiratorias?




Cualquiera de las tres ciudades tiene encantos sobrados para tentarme como canto de sirenas... Pero, en última instancia, la decisión final no es mía. Bueno, pensándolo bien sí es mía porque aunque me la dieran podría decidir ¡! renunciar a la plaza y no irme... (todavía me llega la sangre al cerebro, de modo que no contéis con eso, jajaja). Os mantendré puntualmente informados de todos los pasos que vaya dando en este nuevo sendero. Al menos esta espera no será tan larga (y lastimosa) como la del Premio Azorín del año pasado. Pero a una servidora le queda la sensación, la terrible sospecha de... ¿seré descendiente directa de Job por línea materna? Digo, porque me paso la vida esperando... Mi vida en sí es una espera interminaaaaaaable.




También es mea culpa por haber escogido el insigne oficio de escritora ¡Pero si yo de pequeñita juré y perjuré que jamás sería autónoma, que quería tener un salario, una nómina, una cierta estabilidad económica ¿? y jubilarme a los 67... ah, no, que eso es ahora, quita... lo de la jubilación a los 65 pasó a la historia. De todos modos, y hablando un poco de todo, ya que estamos, ¿a quién coño le preocupa la jubilación... si todo Dios está en paro? : (




Pero vayamos al principio de nuevo. Os decía que estaba optimista (también es que yo nací con ese defecto congénito e irreversible), y es que blogueando, blogueando aquí y allá, llego a un blog de novela fantástica... y a una entrevista con mis (futuros) agentes literarios. ¿Y qué leo? Algo que me sube la moral de 0 a 100 en un nanosegundo. Pero prefiero que lo leáis vosotros. Así que os dejo el enlace para que juzgueis vosotros mismos.




Un beso y feliz fin de semana.




El tiempo mientras tanto. Carmen Amoraga. Finalista Premio Planeta 2010



Son muchas las mujeres que esperan vivir una vida de novela: la que se casa aunque sueña con reencontrarse con el amor de su vida al doblar la esquina; la niña que crece esperando que su vecino se fije en ella, y la convencida de que su conquista cruzará un océano para buscarla.
Ésta es la novela de María José, que sufre un accidente justo cuando ha recuperado el control de su vida. Y la novela de su madre, tan parecidas sin quererlo. Y también la de Marga, su amiga, que sueña por las dos. Y la de Fermín, Paco y Joaquín. Es la historia de todas esas personas, unidas por lazos de amistad, de amor o de familia, y que a pesar de ello se convierten en desconocidos. Sólo una mirada desde la distancia los ayuda a recomponer su propio mapa vital.
Carmen Amoraga ha escrito una novela inolvidable.

Cada año que se convoca/entrega el premio Planeta vuelve a surgirme la eterna duda de si (realmente) está amañado o no. Los más ingenuos dicen que no, que todo el mundo tiene su oportunidad; los más desconfiados apuntan con severidad que no vale la pena presentarse a no ser que tu agente/editor te lo recomiende personalmente (y con mucha, mucha tenacidad) o seas super-hiper-mega-famoso (= salir en los programas Telebasura)… Personalmente, nunca he decidido presentarme… me da muchísimo respeto este galardón. Aunque sé, y por experiencia comprobada, que no siempre ganan los mejores.
A veces, como en el caso que nos ocupa hoy, prefiero apostar por el/la finalista. Me rondaba el título como un moscardón impertinente, había algo en él que me llamaba poderosamente la atención, quizá fuera la protagonista, quizá su madre, quizá un ligero (muy ligero) parecido con una de mis novelas… pero no acababa de decidirme y he aquí que descubro que una conocida mía lo tiene, lo ha leído y por lo que me cuenta, confirmo mi primera impresión de que el libro me va a tocar la fibra sensible.
Lo cojo y lo leo… un par de días, apenas 3, me lleva su lectura (síntoma muy positivo); me llama la atención, repito, porque compruebo, de nuevo, no pocas similitudes con mi última novela… Pero cada novela es un mundo, y el microcosmos de El tiempo mientras tanto es lo suficientemente ancho y largo como para poder pasearse a gusto por sus 295 páginas, mientras ves desfilar las vidas de los personajes. La mayoría, por no decir todos, tienen cierto patetismo, no sé si premeditado o no por parte de la autora; esa chiquilla que cae en la trampa del Primer Amor, personificado en el vecinito del ¿tercero? (un capullo donde los haya); esa mamá amargada (de mamás amargadas entiendo mucho a mi pesar, creedme) que ni vive ni deja vivir; ese padre resignado a casi todo, que se consuela entreviendo los pechos de la enfermera de noche (cubana, ¡cómo no! De nuevo el discurso políticamente correcto de la inmigración en tiempos de crisis, para recordarnos que por jodidos que estemos los españolitos de pura cepa, ellos están mucho peor… si yo os contara lo bien que viven algunos/as inmigrantes sin dar palo al agua ¡!); esa amiga que (no lo entenderé jamás) después de cuatro años de carrera (y con salida profesional, eh, que estamos hablando de periodismo, no de filología griega) acaba de cajera en Mercadona (de nuevo el patetismo de la clase media empeñada en hundirse en la mediocridad por miedo al que dirán si hacen algo extraordinario con sus vidas…) todo eso, repito, conforma el universo de Carmen Amoraga en su última novela.
Está bien escrita, aunque a veces se presta a confusión con diálogos mal dispuestos, falta de signos de puntuación, ¿intencionada? y demasiado “yo te dije y tú me dijiste y yo te respondí”. Que no digo que esté mal, no, no… Ocurre que si lo hago yo, no me lo permiten (porque es una falta técnica/estilo como una catedral), pero si lo hace una escritora/periodista consagrada, “no problem”. Y volvemos a la eterna cuestión: un mismo acto puede ser una virtud o un defecto/crimen dependiendo que quien lo haga/ejecute. O como decía mi abuela: más vale caer en gracia que ser gracioso. HIPOCRESÍA en estado puro. Pero este es nuestro país. Y no faltan voces que digan que nos merecemos el país que tenemos.
Cada día damos luz verde a injusticias de todo tipo, callamos y otorgamos, creemos que la gente hace lo que debe y que alguna razón tendrán para elegir a unos y discriminar a otros. Cuando en 2005 Maria de la Pau Janer ganó el Premio con Pasiones romanas, no sé yo por qué razón, todo el mundo la tomó con ella y la puso a parir (a ella y a la novela). Yo leí el libro y me encantó… casi estaba mejor escrito que este que os estoy reseñando ahora, pero “los grandes” ¿?, decidieron que el premio estaba injustamente otorgado, que era inmerecido y blablabla. ¿Descubriremos algún día cuáles fueron las verdaderas razones de esa actitud agresiva? ¿Tendremos que creernos que la novela era mala porque ellos lo decidieron así?
No os desanimo, no, a que leáis esta novela. Sólo os aconsejo cautela, y sobre todo: criterio propio. Descubrid sus virtudes (que las tiene, y muchas), pero no temáis tampoco, como he hecho yo, sacarle los 4 pies al gato. Criterio propio. Recordad, es un bien preciado y escaso, no lo arrinconéis, es lo que os hace irrepetibles.

EL TIEMPO MIENTRAS TANTO. FINALISTA PREMIO PLANETA 2010
CARMEN AMORAGA. 2010
EDITORIAL PLANETA
295 PÁGINAS
ISBN: 978-84-08-09726-6

El Bosco. Rafael Alberti

El diablo hocicudo,
ojipelambrudo,
cornicapricudo,
perniculimbrudo
y rabudo,
zorrea,
pajarea,
mosquiconejea,
humea,
ventea,
peditrompetea
por un embudo.

Amar y danzar,
beber y saltar,
cantar y reír,
oler y tocar,
comer, fornicar,
dormir y dormir,
llorar y llorar.

Mandroque, mandroque,
diablo palitroque.

¡Pío, pío, pío!
Cabalgo y me río,
me monto en un gallo
y en un puercoespín,
en burro, en caballo,
en camello, en oso,
en rana, en raposo
y en un cornetín.

Verijo, verijo,
diablo garavijo.

¡Amor hortelano,
desnudo, oh verano!
Jardín del Amor.
En un pie el manzano
y en cuatro la flor.
(Y sus amadores,
céfiros y flores
y aves por el ano.)

Virojo, pirojo,
diablo trampantojo.

El diablo liebre,
tiebre,
notiebre,
sipilipitiebre,
y su comitiva
chiva,
estiva,
sipilipitriva,
cala,
empala,
desala,
traspala,
apuñala
con su lavativa.

Barrigas, narices,
lagartos, lombrices,
delfines volantes,
orejas rodantes,
ojos boquiabiertos,
escobas perdidas,
barcas aturdidas,
vómitos, heridas,
muertos.

Predica, predica,
diablo pilindrica.

Saltan escaleras,
corren tapaderas,
revientan calderas.
En los orinales
letales, mortales,
los más infernales
pingajos, zancajos,
tristes espantajos
finales.

Guadaña, guadaña,
diablo telaraña.

El beleño,
el sueño,
el impuro,
oscuro,
seguro
botín,
el llanto,
el espanto
y el diente
crujiente
sin
fin.

Pintor en desvelo:
tu paleta vuela al cielo,
y en un cuerno
tu pincel baja al infierno.

A la pintura. 1948