martes, 30 de noviembre de 2010

Todo a punto




No quería acabar noviembre sin adelantaros una primicia:

... Sí, ya tengo todo a punto para empezar mi Gran Novela de los Tudor. Diréis que ya se han escrito demasiadas, que el tema está más que trillado y que a muchos ya les cansa... si es que alguna vez se interesaron por él.

Pero os diré una cosa: falta la mía. Y os diré otra más: va a ser la mejor. O moriré en el intento (risas).

Llevo por lo menos 3 añitos, sino más, acariciando la idea y recopilando información... Sin embargo hoy acabé de montar la estructura o el esqueleto, como queráis llamarlo (aunque siempre está abierto a mejoras) y vi lo requetebonito que me ha quedado, lo bien montado que está; cómo se nota que domino el tema y me apasiona... Y ya os puedo decir que rondará las 800 pgs una vez publicada; 40 capítulos divididos en 8 partes cuya extensión va a depender de su importancia histórica. Y sí, lo habéis intuido y lo sabéis: la cosa va de mujeres. Otra vez.

El problema más grave, como siempre: la falta de tiempo. Pero si los dioses me son propicios podría empezar en febrero del año próximo... Y miedo me da, porque ya sabéis lo que es escribir: sabes cuándo empiezas, pero no cuándo acabas. Y una vez estás con el motor caliente y las ideas y los personajes zumbando por tu cabeza... YA NO PUEDES PARAR. Aunque los personajes ya hace meses que me andan incordiando, quieren hacer oír su voz...

Recuerdo cuando, en 1999, empecé a escribir No somos dioses; estaba por aquel tiempo con un transitorio ataque de seguridad en mí misma... Entonces lo llamaba confianza. Ahora lo llamaría ingenuidad. Pero han pasado 11 años y hoy os puedo decir que SÍ tengo confianza. Y no es un espejismo, ni una enajenación transitoria que llega, pasa y se va. Que cuando SABES que sabes escribir, todo es más fácil. Y si no más fácil, sí más apasionante. Que cada desafío es único. Y sobre todo, algo muy importante: que al otro lado del espejo hay lectores que están deseando leerte. Yo sé de unos cuantos. Y eso es, sin duda, el mejor impulso que cualquier escritor puede tener cuando se pone delante de una pantalla y un teclado.