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sábado, 1 de diciembre de 2012

Vuelvo a ser yo


Ya hace muchos meses que no posteo nada nuevo en este blog. Muchos. Meses en los que no he estado centrada ni dispuesta para escribir, ni receptiva a la visita de las Musas. Pero se acabó. Acabó noviembre y con él esa pereza nostálgica que llevaba cargando como un lastre a mi espalda. Va siendo hora de retomar la rutina habitual de este blog, seguir con las reseñas de libros, volver a contactar con autores que quieran ser entrevistados, animarme a seguir con mis proyectos literarios, y contar todo lo que me pasa por la cabeza. 

Han sido meses de muchas dudas, de mucho dolor y no menos desconfianza; meses en los que me he sentido muy sola, preguntándome si realmente valía la pena seguir con este blog y con los demás. La publicación y la promoción de LE me han sacado de mi letargo por un tiempo, pero también me han vuelto muy egocéntrica, impresión que no quisiera, por nada del mundo, dar a mis lectores.

Hoy cumplimos 4 añitos y quiero celebrarlo diciendo a mis lectores, los más fieles y entusiastas, los que siempre me han acompañado a lo largo del camino —y un camino muy largo— sin críticas ni juicios de valor, que “Vuelvo a ser yo”; que vuelve la Julia optimista que le pone al mal tiempo buena cara, que sigo en la brecha, que no abandono, que a veces estoy ausente, que hay días que no puedo escribir una sola línea porque estoy absolutamente bloqueada, días en que sólo me apetece leer. Leer y aprender. 

Porque veo en estos últimos meses a gente que escribe mucho, pero escribe mal, muy mal, y apenas lee. Lo veo; ellos no lo reconocen, pero yo lo veo; porque somos lo que escribimos y escribimos lo que leemos. Y aunque no señalo a nadie, porque nadie está libre de pecado, estoy triste de ver tanta mediocridad a mi alrededor, y cómo gente con auténtico talento no pasa de sus blogs; algunos han cruzado la línea y han llegado con muy buena fortuna a Amazon. Pero también he descubierto a una “pequeña mafia” en Amazon que funciona así: «yo te leo SÓLO si tú me lees». Pero a ver, ¿qué criterio es ese? Si yo lo siguiera tal y como ellos pretenden, mi estantería estaría apenas con una docena de libros, y no habría aprendido ni la mitad ni la cuarta parte de lo que he aprendido. Una cosa es la solidaridad entre autores y otra muy distinta el chantaje emocional.

Y esta mafia no me gusta nada. Nada de nada. Yo leo si la novela está bien escrita, si tiene un buen argumento, si la trama se desenvuelve con agilidad, si los personajes me llegan al alma, si logra conmoverme y cautivarme desde la primera página, etc. Me da lo mismo si el autor es novel o no; es lo de menos, realmente. He leído novelas impresionantes de autores noveles… pero, por desgracia, también mucha basura. Y estoy harta de leer basura. Sé que esto que digo va a ofender a muchos, y muchos pensarán que este no es el mejor momento para decir “incorrecciones políticas”, a fin de cuentas mi última novela ha salido a la venta y yo quiero vender. 

Pero no quiero vender “a cualquier precio”, ni tener que aparcar mi honestidad natural para vender más, porque, a la larga, esa actitud no lleva a ninguna parte. Tampoco hablo desde el resentimiento, como pensarán algunos; he publicado y hasta el día de hoy no tengo queja de mi editorial. Estoy más que satisfecha de mi trabajo y del suyo; el libro se venderá, lo sé, y gustará, lo sé… Simplemente, nunca he tenido madera de líder y, lo tengo asumido, mis éxitos nunca serán instantáneos, pero sí más perdurables, porque responden a deseos íntimos y personales, a convicciones y creencias determinadas, y no a modas pasajeras. 

Una de estas modas, y no puedo evitar hablar de ello, es la llamada “novela erótica”. El sexo se vive y se practica… No se lee. ¿Una buena novela ha de tener escenas de sexo? Quizá, si el argumento así lo exige. Pero ya me han dicho muchas personas que las famosas y cacareadas 50 sombras de Grey (que no he leído aún… y probablemente no llegue a leer) es sexo puro y duro. No hay más. Y yo quiero más. Yo exijo más en una novela. Si quiero sexo, sé cómo satisfacerme, y no se me ocurrirá ir a buscarlo en un libro. Y sin querer ofender a nadie, resulta patético que las mujeres tengan que recurrir a novelas eróticas para tener un orgasmo. Que sé que pasa, que me lo han dicho. Y es muy fuerte.

Los libros nos hacen soñar; algunos, a través de sus personajes, pueden cambiarnos la vida… No digo yo que no, al contrario; pero si necesitas leer una novela erótica para cambiar tu vida… Tú misma. Y ojo, no señalo a nadie ni digo nombres; el que se pica, ajos come. Afortunadamente, a mí no me hace falta el señor Grey, que por lo poco que sé, tampoco es mi tipo. 

Pero opiniones personales aparte, hay que reconocer que el tema está de moda… ¿Debería escribir una novela erótica? ¿Debería engañar a mis futuros lectores vendiéndoles “la moto” de que mi última novela es “erótica” cuando no lo es ni nunca ha pretendido serlo? No; la moda pasará, como han pasado tantas otras. Sin ir más lejos, el tema “vampiro” ya está superado; se van escribiendo novelas, porque no deja de ser un clásico de la literatura, pero el “boom” Crepúsculo llegó y pasó. Me dicen ahora que la película más taquillera en nuestro país está siendo Lo imposible. ¿Vuelve el cine catastrofista? ¿Necesitamos apocalipsis ajenos para olvidarnos de nuestro propio drama? Sea como sea, hay que ser fiel a uno mismo porque eso es lo único que nos queda.