sábado, 29 de junio de 2013

Gotas en el océano


En estos últimos meses cada día que amanece tengo un motivo para sonreír. No es gran cosa, quizá, a veces un comentario, a veces una palabra de ánimo, a veces ver cómo el contador de visitas de cualquiera de mis blogs va aumentando, un voto en Wattpad, otro comentario, una reseña positiva, constructiva, inteligente. Gotas en el océano, tal vez. Pero ¿qué sería el océano sin cada una de sus gotas?



Hay días que de buena gana tirarías la toalla y te rendirías y lo mandarías TODO a tomar por culo. Hay días así, sí. Pero cuando la duda, el recelo, la insatisfacción y el miedo, sobre todo ese gran enemigo: el miedo, me susurra al oído: ¿para qué sirve tanto esfuerzo, tanta paciencia, tanto optimismo?, llega ese comentario, ese voto, esa palabra de ánimo, esa palmadita en la espalda que te alienta, que te anima y te recuerda que sí estás viva y estás ahí caminando el camino es por algo. Y sobre todo: es por alguien. Tus lectores. No son legión, no son multitudes, no me abruma su cantidad, ciertamente, si no su calidad humana. Y en esto, como en tantas otras cosas importantes, la calidad va por delante de la cantidad. Que son 20, pues bienvenidos sean, que llegarán a ser 200, 2.000, 20.000, 200.000… Pues no sé si me alegraré yo tanto, la verdad, que solo tengo 2 manos y el día solo tiene 24 horas (mi queja constante, lo sé), y que sí algo me satisface de mi labor es mi contacto con esos lectores fieles que día a día se asoman a mi muro, a mi vida, y me regalan una sonrisa y un motivo para continuar la carrera a buen ritmo.

Siempre he dicho que la carrera del escritor es una carrera de fondo, que aquí el que gana es el que resiste, el que no se deja vapulear por el miedo, el que no se deja arrastrar por las modas que vienen y van, el que se mantiene firme en sus convicciones y su modo de hacer las cosas. Como en todos los oficios, hay autores que son flor de un día, cuyas obras de consumo rápido ascienden en las listas velozmente y con la misma sorprendente y apabullante velocidad se precipitan al abismo del olvido. Es lo que tiene la novedad: Hoy seduce… Mañana cansa.

Hace unas semanas hacía balance de 6 meses de vida de LE, y parecía que no era gran cosa lo que había logrado. Gotas en el océano, un comentario aquí, una reseña allá… Un puñado de lectores fieles y ¿poco más? Pues ese poco para mí es mucho. Y si cada día recibo una sonrisa me consideraré una mujer feliz. Y la felicidad, querido lector, no es poca cosa.

Hoy quiero dar las gracias a todas esas personas que me han demostrado su cariño y su interés en mi trabajo, en mi estilo, mi particular manera de contar la vida. Sois mis gotitas y os quiero mucho. No llevo la cuenta al dedillo, pero voy apuntando, voy haciendo mi particular lista con todas esas pequeñas cosas que me ayudan a vivir mejor mi día a día.



Gracias por estar ahí, por acompañarme, por ir colmando poco a poco mi particular océano de felicidad.