jueves, 22 de enero de 2009
miércoles, 21 de enero de 2009
Escapada facultativa
Mis queridos visitantes, recordaros que desde el día 2 de febrero y hasta el día 7, estoy en Roma con los colegas de la uni; si queréis dejar comentarios, libremente, como siempre, aunque yo no podré contestarlos hasta mi regreso. Colgaré fotos, colgaré fotos... Y engordaré otros diez kilos!!!! Mamma mia... Adoro la cocina italiana!!
lunes, 19 de enero de 2009
Información
Hola a todos; os informo de la nueva dirección de correo electrónico a donde podéis enviar comentarios personales que por cualquier razón no queréis dejar en el blog a la vista de otros. Ya sean relativos a mí o a mi trabajo como escritora. UN BESO
jsilesortega@yahoo.es
jsilesortega@yahoo.es
El juego del ángel. C.R.Zafón
Hola, entro en el blog para dejar mis primeras impresiones sobre la última novela de Ruiz Zafón; decir que tardé aproximadamente 6 días en leerla; teniendo en cuenta que no empleaba en dicho placer las 24 horas del día, puede decirse que fui relativamente veloz. ¿Por qué? Porque una vez empezada, no podía parar. El ritmo es más trepidante que el de La sombra del viento; la prosa tiene mucho en común, pero aquí se desencadenan los acontecimientos de modo casi vertiginoso a partir del último acto (la novela está estructurada en 3 actos). Recomiendo el libro especialmente a todos los llamados a realizar alguna labor literaria y/o editorial a lo largo de su vida. Como escritor de éxito que conoce bien el panorama, nos describe con acierto e ironía los tejemanejes, algunos más turbios que otros, del mundillo (apasionante) de los libros. También habla de vanidad, de mediocridad, del alma y del diablo... Hay amor, odio y sentimientos encontrados, igual que en su novela anterior. En algunos puntos la supera... Y en otros no acaba de llegar a su exquisitez. El personaje de Daniel Sampere y el de su padre vuelven a aparecer... como una continuación; la Barcelona de primeros del siglo XX está, como ya es habitual en Zafón, descrita con un preciosismo que yo encuentro más femenino que masculino. Es una prosa bonita, quizá demasiado para una novela que sólo pretende ser comercial. Las imágenes tan bellas que nos ofrece no casan muy bien con la idea que el público general tiene de un súperventas. De todos modos, os lo recomiendo. Yo lo he disfrutado.
viernes, 9 de enero de 2009
Novela sobre el mundo editorial
Hola, justo cuando cerré el ordenador después de subiros el comentario sobre el Nadal, recuerdo que tenía que comentaros un libro, novela de humor más bien, cuya trama gira alrededor de escritores, editoriales y ¡cómo no! agentes literarios. No es nuevo, es de 2005 la edición de bolsillo; la autora es una joven irlandesa que ya tiene mucho éxito tanto en su país como aquí en España. El libro se titula: ¿Quién te lo ha contado? y la autora es Marian Keyes. No sólo nos habla de un tema que ella, como escritora de éxito, conoce muy bien, sino que lo hace en clave de comedia romántica para que más allá de los sinsabores de la profesión, veamos cómo vive un escritor/a de éxito su día a día. Os lo recomiendo porque, cuanto menos, os hará pasar un buen rato.
El Nadal: un círculo infernal
El miércoles me desperté con una noticia agridulce: la entrega de los premios Nadal en su 65ª edición. Agridulce porque siempre estoy interesada en saber quién es quién en el mundillo literario, qué sale y qué no, y en definitiva estar al tanto de las novedades; por otro lado me llevé la enésima decepción al enterarme de quién es la ganadora del presente año: Maruja Torres. Vaya por delante que no tengo nada, ni a favor ni en contra de esta señora... Lo que me provoca pesar y frustración es observar, un año más, que el premio se mueve entre una reducida y elitista rueda de famosos que, en un círculo infernal, van rotando de año en año por los diferentes premios literarios; en consecuencia, y con honrosas y muy selectas excepciones, siempre ganan los mismos. Para el ingenuo escritor novel que en algún momento ha pensado presentarse a concursos de de tal envergadura, una noticia así resulta cuanto menos desmoralizante. ¿Hay que pertenecer a algún tipo de "hermandad" literaria para entrar en este círculo, participar en secretos ritos de iniciación para ser uno de los elegidos? No me trago el cuento de que sólo cuenta una buena historia. ¿Es realmente un tongo, está realmente amañado, comprado de antemano? Sé que más de uno que visita este blog o los foros habituales sobre el tema literario, ha pensado en alguna ocasión presentarse a algún tipo de certamen literario (yo me presenté al susodicho Nadal en 2000 con No somos dioses) y habéis fantaseado con obtener el dinero de tan preciado galardón, y encontraréis el artículo interesante para el debate. Quisiera conocer vuestra opinión de primera mano.
martes, 6 de enero de 2009
Música y letra
Tanto si te gusta Zafón como si no, es innegable que toda novela tiene una banda sonora que actúa de telón de fondo. Él ha sido de los pocos, por no decir el único, que se animó a componer su propia banda sonora para La sombra del viento; yo, que nunca he sido aficionada al solfeo ni hábil con las notas musicales, me veo limitada a “utilizar” el talento ajeno. Por ello, siempre que empiezo una nueva novela busco entre toda mi discografía lo más ideal y que más se adecue tanto a la historia como a los personajes que en ella intervienen. Cada canción es en esencia una pequeña historia, y cada historia tiene una canción (o muchas) que la acompaña. El cine en sí mismo no es sino una historia con música e imágenes en movimiento. Si quitamos las imágenes, nos quedan las famosas radionovelas que aquí hicieron furor en los años cincuenta. El escritor necesita muy a menudo rodearse de todo aquello que le ayude y le alivie el peso de su tarea, las más de las ocasiones solitaria (ver también en este blog La soledad del escritor). Y la música bien puede ser no sólo una excusa para “recargar las pilas”, sino fuente de inspiración para una o incontables “escenas”. Dijo alguien que la inspiración no existe, sólo hay trabajo, y trabajo duro. Sin querer quitarle mérito al trabajo duro (y técnico) de la escritura, discrepo y afirmo que la inspiración es importante. Por supuesto, no lo es todo. La inspiración, ni siquiera la que nos ofrece la mejor música, no sirve por sí sola para llevar a buen puerto las ideas que nos rondan por la cabeza. Pero ¡Jesús, lo que ayuda! A mí me ayuda, e imagino que a muchos que leéis este artículo del blog, y que como yo escribís más o menos profesionalmente, también os echa un cable, ni que sea aportando esa pequeña inyección de energía que a veces, por mil motivos distintos, nos falla en los momentos cruciales. Un compositor es a menudo un poeta; un letrista lo es de hecho. Y pueden enseñarnos tanto o más que nuestros colegas escritores. No desestimemos el poder terapéutico de la música, ¡es inmenso! Si lo aplicamos al trabajo cotidiano, podemos no sólo sentirnos bien física y anímicamente, sino de paso hallar ese cabo del cual tirar para desenrollar y desarrollar nuestra labor.
La soledad del escritor
Algunos de los más renombrados escritores y escritoras en todo el planeta recomiendan al escritor novel, o no tanto, reservarse un tiempo para desconectar de la sociedad y sus múltiples vicios y tentaciones, y de la civilización urbanita de nuestros días; recogerse en una pequeña y escondida casa en un remoto pueblo de la geografía española (o mundial, dependiendo del presupuesto de cada cual), y ocuparse exclusivamente en dar rienda suelta a su talento, o lo que sea que necesite o tenga a mano para escribir. Eso, digo yo, es tan maravilloso como imposible para el común de los mortales; un privilegio de pocos. Se necesita dinero. Mucho. Y tiempo. Mucho más. Y esto último no sólo es bien muy escaso, sino que además no se genera ni fluye cíclicamente como el primero. El tiempo que se va, que desperdiciamos tantas veces en tonterías, que se nos escurre entre los dedos como finísimos hilos de agua, no vuelve. Sería maravilloso, sí, poder aislarse de todo aunque fuera, no por unos días, siquiera por unas horas o unos breves minutos que se hacen nanosegundos cuando nos concentramos en algo tan absorbente como la literatura, ya sea propia o ajena. Yo reconozco con humildad que nunca hasta ahora he podido darme semejante lujo. A lo máximo que puedo aspirar es a la soledad de mi dormitorio-despacho-biblioteca. Allí intento, muchas veces en vano, desconectar de lo que me rodea. Trasladarme a otra dimensión, transportarme a otros mundos que son sólo míos hasta el momento en que decido compartirlos con los lectores, y creer y crear… Creer que mis creaciones pueden llegar a ti y a tantos otros que me esperan. Hay un tiempo para empaparse de todo y todos los que nos rodean, y un tiempo de soledad para construir nuestro propio mundo a partir de todo lo que nos han dado, lo que han compartido con nosotros, lo que nos han prestado… o lo que, con alevosía o no, le hemos robado al mundo. Y no hablo de plagio ni de piratería, sino de sensaciones, sonidos, colores, olores, palabras pronunciadas en la calle, durante el trayecto en tren o en autobús, en los probadores de unos grandes almacenes o en el ascensor de tu edificio… Sí, debe de ser maravilloso perderse en una isla desierta sin más compañía que tu sombra, y que nada ni nadie influya en tus pensamientos o en tus sensaciones más íntimas. Y es que a veces el comentario mejor intencionado puede ser muy perjudicial para la creatividad o el impulso del escritor.
sábado, 27 de diciembre de 2008
Año Nuevo
Hola, blogueros; ya se nos acaba 2008; para mí ha sido un año de muchos y muy diversos cambios; con mucho de positivo y otro tanto de negativo. Pero en conjunto tengo mucho por lo que alegrarme. Este año he conocido a gente fantástica, con inquietudes y objetivos muy similares a los míos. Me he metido en los foros literarios y he descubierto que somos multitud los que escribimos; ¡¡¡eso es genial!!! Algunos además han visto publicada su obra este año, ¡enhorabuena a todos ellos! Y otros hemos encontrado la inspiración, las fuerzas, los ánimos, el estímulo para empezar o continuar la historia que nos rondaba por la cabeza. A todos y todas, ¡Feliz Año 2009! Es mi deseo y mi esperanza que cada vez seamos más, y cada vez seamos mejores comunicadores. Y a todos los que habéis visitado mi blog a lo largo de este mes, MUCHÍSIMAS GRACIAS. Es vuestro, ya lo sabéis...
viernes, 26 de diciembre de 2008
No somos dioses. Capítulo 1
© Julia Siles Ortega. 2005. Todos los derechos reservados
© All Rights reserved
© All Rights reserved
Un par de gaviotas sobrevuelan la playa en un cielo gris de finales de septiembre. Las olas mueren en la arena, bañando mis pies, dejando en mi piel sabor a sal. Nada volverá a ser lo mismo, ni yo ni los míos. La vida me había llevado hasta una carretera que se bifurcaba: cielo e infierno; vida y muerte; calor y frío; Roberto y mi padre. Y a un secreto: el de mi madre.
El mar siempre ha sido mi aliado, y andar por la orilla me proporciona una paz inigualable e inexplicable. Se ha cerrado un pasado a mis espaldas, y se abre un futuro ante mí. Llegó la hora de reordenar el mobiliario de mi cabeza: desterrar viejos hábitos y recuerdos para dejar paso a los grandes cambios que se están produciendo en mi vida y a mi alrededor.
Me recojo el vestido; otra vez se ha mojado. Me pasa a menudo. No es muy largo, apenas me llega a las rodillas; pero en días como hoy el mar se embravece a estas horas, cuando declina el sol, y si no tienes cuidado en apartarte, acabas empapado de agua. Y para mí esa sensación es agradable, muy agradable. Casi todos los vestidos que tengo, salvo los de noche, me los pongo para pasear por la playa. Resultan muy femeninos, y el cuadro aparece muy romántico bajo este cielo de matices rosados. Todos los vestidos son de gasa, hilo o viscosa, y los colores son blanco, azul o negro.
Desde la playa veo los dos montes; a la izquierda: el monte Igeldo; a la derecha: el monte Urgull. Siempre me ha gustado esa figura paisajística donde los dos montes delimitan y casi protegen las playas. Y cuando uno cree que ahí, en el monte Urgull, acaba todo... Oh, ¡sorpresa! ¡Otra playa! Sí, la playa de Gros.
Sobre los riscos se eleva, construida en mármol y granito, nuestra casa. Para aquél que nunca haya estado en San Sebastián, señalaré que nosotros vivimos en el Paseo del Faro, en las faldas del monte Igeldo.
Si uno se asoma a cualquiera de nuestras terrazas y miradores puede ver, abajo, la playa de Ondarreta: recogida e íntima, apenas mayor que una cala. Mirando más hacia el este, ve el Paseo de La Concha, la playa y la bahía. Puedo enorgullecerme de ser hija de La Perla del Cantábrico, tal y como es reconocida con merecida justicia esta ciudad mía.
Desde mi habitación, más allá de la playa, se divisa la isla de Santa Clara. Apenas parece de juguete en ese mar profundo y frío.
Si alguien compra algún día nuestra casa, pagará por las vistas. No hay otras iguales en toda la ciudad.
De todo lo que me ha rodeado siempre, lo que más he querido y admirado ha sido la biblioteca de mamá. Cientos de libros, algunos escritos de su puño y letra; últimas novedades editoriales como Pequeñas infamias y Nosotras que no somos como las demás se mezclan con los clásicos como Don Quijote, El Lazarillo de Tormes, Los Episodios Nacionales... O Marinero en Tierra y Poeta en Nueva York; y con novelas que estuvieron de moda hace dos o tres décadas... El factor humano, Últimas tardes con Teresa, o Réquiem por un campesino español. Allí me he sentado infinidad de veces, en los sillones de cuero verde. Y me he quedado dormida más de una noche con el libro abierto sobre mi pecho. Ese es ---y será--- mi rincón, mi pequeño refugio casi secreto. Pero no el único.
Quizá debería hablar de los jardines japoneses y del huerto murciano, o de los rosales y malvarrosas que amorosamente cuida el señor Izagirre, nuestro simpático y diligente jardinero. O quizá de la piscina: un estanque natural donde en otro tiempo nadaron pececillos de colorines, y ahora nadamos nosotros.
Pero hablaré de mí y contaré mi historia...
Nunca me ha parecido tan bonita la casa, el mar ni San Sebastián como hoy. Tal vez sea porque he tomado la decisión final respecto a un asunto que me atormenta desde los doce años, y también porque he conseguido arrancarle a papá la promesa de que iremos a París en Navidad.
No es una gran promesa y tampoco necesito su permiso para pasar unos días en la sempiterna capital del amor. He vivido con un pie en San Sebastián y otro en Madrid desde que puedo acordarme. Sé exactamente cuánto dura el vuelo; y el paisaje que se divisa desde la ventanilla lo tengo aburrido. Más aburrida aún es mi vida en los platós de televisión. He crecido allá.
Toda historia tiene un principio y un final.
El final lo escribiré esta noche junto a mi hombre. El principio venía de muy atrás.
Cuando el treinta de abril de 1984, a las tres y media de la tarde, salí del vientre de mi madre y vi la luz del sol, después de nueve meses de oscuridad, lo primero que dijo ella nada más verme fue: “La semana que viene la llevaré a un casting”. Mamá quería que hiciera carrera en la televisión; para ser más exactos: con los anuncios de televisión. Todos pensaban que bromeaba; reconozco que ya entonces no estaba nada mal, y no he hecho más que mejorar con los años.
¿Soy una creída?
Sí. Si no te lo crees a los quince, ¡Dios, ¿cuándo vas a creértelo?! A lo que iba, nadie la tomó en serio, y eso que todos veían lo mismo que ella: un bebé de carita graciosa, rubia, con los ojos grises; ni muy gordita ni muy canija, con unas manitas y unos pies monísimos, y una sonrisa angelical. Ésa era yo.
Mamá es escritora; yo me llamo Leire en recuerdo de su primera y más querida heroína del papel. Todos me admiraron en la clínica, y horas después alguien le preguntó a mamá si realmente hablaba en serio cuando dijo lo del casting. Mamá movió enérgicamente la cabeza en señal de asentimiento. Y le dieron la razón.
Papá sonreía condescendiente; adoraba a mamá, y todo lo que ella decía iba a Misa. Podía haber dado su opinión si hubiera tenido una a mano, pero la noticia le pilló totalmente desprevenido; yo era la viva imagen de papá, y mamá estaba loca de contento por ello.
Como ya tenía a su niña guapa, no se mostró demasiado desilusionada cuando nació mi hermana Idoia y vio sus ojos castaños, su cara de monito y sus rizos negros. Por aquel entonces yo ya había anunciado casi todo lo que un bebé puede anunciar en la tele. El nacimiento de mi hermana lo viví como un sueño, dicen que no me separaba de ella y que la quería con locura; igual que hoy. Y fuimos creciendo; yo delante de las cámaras; ella tranquilamente en casa, jugando y viéndome a mí en la tele. “¡Lele, Lele! ---dicen que gritaba cuando me veía---. Lele, tele; Lele, tele”.
¡Qué suerte ser normalita!
No es que a mí me haya ido mal, pero ¡la de partidas de Monopoly y Trivial que me he perdido por andar siempre de un lado a otro! Claro que Idoia no ha jugado mucho al Monopoly tampoco. Al Trivial sí.
Más o menos cuando aprendió a leer y a escribir, se le metió en la testera que quería ser médico. Y aún está en ello. Va a empezar el cuarto curso de la E.S.O. Yo también estudio; estoy en último curso, pero a trancas y barrancas porque estudiar no es lo mío.
Idoia es una empollona de tomo y lomo. La nota más baja que ha sacado en su vida de estudiante ha sido un notable alto. Y fue en gimnasia, así que ya se lo puede uno imaginar.
Yo lo he intentado, lo juro; durante todos estos años he intentado sacar algo más que un suficiente en los exámenes de junio. Pero no ha habido nada que hacer; la inteligencia es patrimonio exclusivo de Idoia. Cuando estaba en cuarto de primaria, mamá me puso tres profesores particulares durante el verano. Había cateado seis, ¡seis! ¡Qué desastre! Hasta me amenazó con no dejarme hacer más anuncios. Pero lo cierto es que ella era la primera a quien se le caía la baba de puro gusto y orgullo cuando me veía anunciando los Kellogg’s y las galletas María. No creo que hubiera resistido el shock emocional de no verme entre escena y escena de culebrón televisivo. Y es que yo nací para hacer carrera delante de las cámaras.
Después de quince años empezaba a hartarme de tanta televisión; antes del verano, en plena fiesta de aniversario en la Playa de La Concha, Elena (mi vecina y mejor amiga desde siempre) me dijo lo que ella haría en mi lugar y con mi cuerpo serrano: meterme en una agencia de modelos. Reí; ni se me había pasado por la cabeza. Los anuncios de la tele fueron ideas de mamá. Pero Elena me miró, muy seria, y me dijo que era rematadamente tonta si me conformaba con anunciar compresas.
“¿No te gustaría anunciar perfumes caros?”, me preguntó. Y ¡joder, me entró el gusanillo! ¿A quién no le gustaría anunciar algo de Carolina Herrera, Ralph Lauren o Calvin Klein? La idea era seductora, como también lo eran las pasarelas.
Me miré de arriba abajo. Un metro setenta y siete. No estaba nada mal, pensé, en un momento en que ni las modelos de pasarela son como jirafas. Tenía que estudiarme a fondo, desnuda y delante del espejo. Esa noche haría un reconocimiento completo de mi persona a solas en mi habitación.
Cuando yo nací, mamá vistió una habitación de treinta metros de encajes, puntillas y tiras bordadas. Todo conjuntado, todo pasteloso. Menos mal que no lo recuerdo, y a nadie se le ocurrió nunca hacerle una foto a esa cursilada que era mi habitación.
Nació Idoia y mamá lo cambió todo; puso la habitación patas arriba y la redecoró en azul cielo y gris perla. Quedó bastante más decente. A mí me compró una cama de madera de cerezo, con dosel incluido, y a Idoia le preparó la cuna clásica. O sea, la mía, que era blanca.
Y el día que yo cumplí cuatro años, mamá decidió que cada una debía tener su propia intimidad. Era muy maniática con eso de la intimidad. Supongo que le venía de familia. Arregló una de las tres alcobas con vistas a la playa, y me instaló allí. Desde entonces me imbuí del olor y el color del mar.
Idoia se quedó en la habitación redecorada por segunda vez, ahora en verde manzana. Y ahí sigue. Durante todos estos años le ha ido muy bien; dice que la relaja mucho. Yo sigo pensando que no acaba de encajar con ella, y es que hay que verla. En verano... y durante el resto del año.
A ver, ¿cómo decirlo?
¿Recordáis Pulp Fiction?
¿A la chica de los piercing?
Ésa es mi hermana.
Es como un tenderete de bisutería con piernas. Y ahora que mamá le permite hacer top less, no perdió ocasión para enseñarnos los cuatro nuevos: dos en cada pezón. ¡Qué angustia! No sé cómo lo aguanta. Pero le gusta. En fin, supongo que es su cuerpo y que, como dice mamá, puede hacer con él lo que le dé la gana. Y yo también... ¿por supuesto?
Como no me van los tatuajes ni el piercing, no engordo, apenas puedo ser ya más alta, no tengo nada que quitarme ni nada que ponerme (de silicona), y acababa de renovar todo mi guardarropa con los regalitos de mi cumpleaños; lo único que cabía hacer para cambiar era cortar mi larga, sedosa y abundante melena, de un tono rubio dorado que todo el mundo envidiaba. Tampoco representaba ninguna novedad.
Todos los veranos, Idoia y yo llevamos el pelo corto; y cuando digo corto, quiero decir ---más o menos--- como los marines americanos. Es un ritual sagrado que, al igual que la vigilia de Semana Santa, no admite excusas. Como siempre ha sido así, nos hemos acostumbrado y ya está.
La idea era de papá, que se chiflaba por verme con el pelo corto. Decía que parecía un muchachito travieso, y cuando a los cuatro años me salieron algunas pecas... ay, entonces sí que se le caía la baba. A mamá también le gustaba muchísimo vernos así, y le resultaba muy cómodo. Yo me hice a la idea y ni me preocupé. Me divertía incluso.
Como mi pelo crecía muy deprisa, cada verano el peluquero me cortaba una generosa cabellera que rozaba mi cintura. Él disfrutaba muchísimo, lo reconocía, y yo me distraía comiendo las chucherías que me daba papá ---siempre nos ha acompañado a mí y a Idoia al peluquero--- y viendo cómo caían mis dorados mechones al suelo; algunos los apartaba cuando me molestaban. Sin miramientos ni pena.
La verdad, estoy muy guapa con el pelo corto; bueno, creo que papá me lo dijo tantas veces que acabé creyéndolo a pies juntillas. Él decía que si llevaba el pelo largo no se me veían los ojos (por esa misma razón, nunca en la vida había llevado flequillo), y que eran lo más hermoso que poseía. Así que Idoia y yo ya sabíamos lo que tocaba en junio. A Idoia también le queda muy bien el pelo corto, aunque tan rizado, parece una negrita porque, además, en verano se le pega el sol cantidad, y con tanto abalorio... No podíamos ser más diferentes. Nadie nos hubiera tomado por hermanas. ¡Ni loco!
Este año, empero, fuimos antes al peluquero; justamente el día de mi cumpleaños. Me hicieron una trenza gruesa y muy larga, de ésas que venden en las posticerías, y me la cortaron. Papá la exigió; la quería para guardarla en su despacho, probablemente bajo llave, como un recuerdo. El peluquero se la entregó. Jamás nadie ha podido negarle nada.
¡Dios, cuánto me arrepentí de no haberme rebelado contra papá, de haber permitido que me cortaran el pelo, mi precioso pelo, y tan corto! Sobre todo después de la proposición de Elena; cuando aquella noche me miré al espejo me entró un poco de vergüenza; la vergüenza dio paso a la rabia, y mis ojos se llenaron de lágrimas de desesperación por primera vez. Me habían puesto la miel en los labios para luego arrebatármela. No podía ser modelo si ni siquiera podía elegir cómo llevar el pelo, mi pelo. No quería ni pensar en ello. No me veía en absoluto femenina como las modelos que paseaban descaradamente sus cuerpos con movimientos cimbreantes que aún debería aprender.
Pero pese a mi desesperación, vi un rayito de luz: lo consultaría con mamá.
Quizás ella me comprendería, me consolaría y me animaría; y me diría que era guapa a pesar de todo. Idoia vivía en otro mundo. Y ya sabía que a papá no le haría mucha gracia. Papá quería tenerme para él en exclusiva. No toleraba la idea de compartirme con nadie.
Mamá se mostró entusiasmada con la idea.
“Qué pena que tu padre todavía esté emperrado en que lleves el pelo corto”, comentó con profunda tristeza. “Pero no es el fin del mundo ---continuó---; ahora está de moda casi todo, y tú eres guapísima”, me dijo, dándome un beso. Añadió: “Iremos a Barcelona. Hay un par de buenas agencias allá” “Ya estoy un poco harta de Madrid, y creo que tú también” “¿Conoces a algún buen fotógrafo? Yo sé cómo funciona este mundillo; recuerda el libro que escribí hace un par de años; no creo que las cosas hayan cambiado mucho desde entonces” “Necesitas tu propio book, y a tu propio booker o representante; y un composit o catálogo con tus características. Pero empezaremos por el book; una impecable colección de tus mejores fotos.”
Y comenzó nuestra aventura.
A mediados de mayo me admitieron en la Francina New Modeling School, en Barcelona, para asistir a un cursillo de verano que empezaría a primeros de julio, donde debería probar hasta dónde podía llegar, y si tenía la constancia, la voluntad de hierro y la capacidad de sacrificio que la profesión requiere. De entrada, les encantó mi fotogenia y conocer todos mis trabajos en televisión. Ya me dijo mamá que eso me ayudaría.
Papá protestó mucho y le gustó muy poco nuestra aventura en Francina.
Una noche de finales de mayo me dijo que seguía siendo una menor y que seguía estando bajo sus órdenes. Yo jamás lo había visto desde ese punto de vista. Pero caí en la cuenta de que, en realidad, siempre se había hecho todo lo que él quería. Y aquella noche se le metió en la cabeza que “iba a vigilar que el pelo no me creciera más de lo conveniente”. Y ya se sabe que su idea de lo conveniente es muy poco femenina.
Pero cuando le besé cambié su humor.
¿He dicho que papá adoraba a mamá?
Es cierto... o lo fue en su día. Sin embargo, ya no. Papá está enamorado de mí. Y así ha sido desde que nací. No es que no quiera a Idoia o a mamá; es un cariño distinto. A mí me ama como a una mujer, y me lo ha demostrado como se lo demuestra un hombre a una mujer.
Al principio tenía remordimientos, pero mamá es una mujer de mucho mundo y lo descubrió antes que él mismo. Solamente le rogó que no me forzara. Yo tenía doce años, y acababa de hacer el cambio. Los pechos me habían crecido mucho, y de la noche a la mañana; mi cuerpo estaba hecho de curvas, y al mirarme más allá del ombligo vi que, apenas sin enterarme, había aparecido el vello púbico: una suave pero abundante pelusilla dorada que cubría mi particular Monte de Venus. Ya no era su muchachito. De golpe, me había convertido en una mujer. Criaturas ingobernables y caprichosas, como las llamaba él.
Nuestra primera noche fue mágica; hubo luna, estrellas, fuegos artificiales... y mucho, mucho amor.
No era casualidad que me hubiera cortado el pelo esa mañana, que eso le volviera loco de pasión, y que a mí también acabara por excitarme. Mientras besaba mi nuca desnuda y despeinaba mi cortísimo pelo, repetía que aquello era una locura, nuestra locura, nuestro secreto. Nadie lo entendería, y era mejor guardarlo bajo llave. No necesitaba decírmelo. A los doce años ya sabía que aquello no era... políticamente correcto. No obstante, me importaba un comino mientras pudiera estar con él.
Perdí la cuenta de sus caricias y de sus besos; perdí la cuenta de las veces que me dijo “Te amo con locura, como jamás he amado a tu madre, y que Dios me perdone por esta blasfemia”. Creo que enloquecí con él. Pero, ¡qué locura más delirante de puro placentera! Cuando la mayoría de mis amigas buscaban con desespero la palabra orgasmo en el diccionario, yo ya lo había sentido. Él fue mi maestro.
Me enseñó Pasión. Y Paciencia. Me aseguró que sólo él podía darme auténtico placer. “La mayoría de los chavales de tu edad ya eyaculan si te ven desnuda”; y creo que tenía razón. Pero yo todavía era una adolescente, y no sabía a dónde podía llevarme todo aquel caudal de pasión. Tardó hora y media en penetrarme y desvirgarme aquella primera noche.
Acabamos jadeando, los cuerpos ardiendo...
Me dijo:
_Ahora entiendes por qué estás más a gusto con el pelo corto, ¿verdad?
_Me acostumbré, y lo sabes. Nunca pensé en el sexo mientras me cortaban el pelo. Simplemente sabía que eso te daba gusto. No quería contrariarte ---le dije cariñosamente.
_Yo sí pensaba en amarte cuando te veía en el sillón esta mañana. Me resultaba excitante, incluso erótico, ver cómo tus mechones rubios caían rápida y continuamente, con gracia, dejando tu espalda desnuda, y tus sienes, y tu nuca. Te hubiera amado ahí mismo. Era el strip-tease más sensual que cabe imaginar. Te habría desnudado y te habría hecho el amor en ese sillón. Si no fuera por los dichosos anuncios de televisión, llevarías el pelo corto los doce meses del año. No podía dejar de mirarte con todo mi amor, ni de pensar en lo guapa que eras y en lo guapa que ibas a quedar. Eras mi muchachito, y aún lo eres.
_ ¿No es muy contradictorio?
_Quería tenerlo todo. Y lo tuve. Tuve a mi muchachito cuando eras pequeña. Y ahora tengo a mi mujercita. Jamás te haré daño; sólo quiero amarte.
_ ¿Por qué no le dijiste a mamá que querías un varón? ---susurré mientras daba la vuelta en la cama y me sentaba encima de su vientre.
_Tu madre no quería más hijos. A su modo, es la persona más egoísta que conozco. Quería dos niñas y ya está. Sólo contaba lo que ella quería.
_ ¿Y esto es una especie de venganza? ---quise saber.
_No, en absoluto. Simplemente hago lo que me apetece. Y me apetece hacerte el amor, aunque seas mi hija. A veces me olvido de que lo eres, y el remordimiento se mitiga un poco.
_ ¿Por qué lo acepta mamá? Es denigrante.
_Porque me lo debe. Y lo sabe.
_ ¿También te acostarás con Idoia cuando sea mayor?
_ ¿Me has tomado por un pederasta, hijita? ¿Acaso todavía no sabes que lo nuestro es distinto? Yo estoy aquí porque te amo, no porque quiera abusar de mis hijas como si no tuviera más diversión.
Papá se ofendió mucho. Y yo comprendí cuán impertinente había sido. Y lo que escondía, en el fondo, mi impertinencia: celos. Había oído historias de ese tipo. Primero la hermana mayor, luego la otra, y la otra... hasta que no hubiera más. Todavía no entendía que lo nuestro era “un caso aparte”. Me disculpé y volvimos a hacer el amor.
Lo hacíamos cada noche. Él siempre me acompañaba cuando iba a Madrid a rodar los anuncios. Ya no iba a los castings; tenía mi propio currículum, y papá era mi representante.
Desde que empecé a hacer anuncios, mamá tenía su propio criterio para elegir cuáles debía hacer y cuáles no. Por principios. Decía que no pudiendo yo elegir ni tener aún mi propio criterio, debía hacer anuncios que no perjudicaran la imagen de la familia. No se trataba de cuestiones de moralidad. Mamá decía que la televisión quema mucho, y más tratándose de publicidad; si hacía un anuncio que ofreciera una imagen equivocada de mi carácter o mi forma de ser, siempre llevaría ese lastre a mis espaldas.
“Los ven millones de personas cada día, Leire”, me dijo cuando ya era más mayorcita y podía entender de qué iba aquel mundillo. “Si das un paso en falso, te lo restregarán por la cara toda la vida. Es peor que perder el Festival de Eurovisión”.
De modo que, desde los ocho años, ya empecé a descartar ofertas; cualquiera habría dicho que iba de “diva”, o que era una repipi. Pero las palabras de mamá se me grabaron a fuego. Y con los años he tenido que darle la razón.
Este verano, en Francina, ha sido el de mi revelación. Seguíamos un programa, como en cualquier otra academia: comenzábamos a las once de la mañana; pasarela, maquillaje, peluquería, expresión corporal, fotografía, ritmo, dietética, estilismo, técnicas de casting... eran el pan nuestro de cada día. Cinco días a la semana. Y aprendí casi todo lo que cabía aprender, porque demostré ser más disciplinada y aplicada de lo que había sido en el instituto. Hice, además, algún que otro descubrimiento. Por ejemplo, no salgo igual en las fotos que en la televisión. Creí que sería fácil, y me equivoqué. Cuando me hice el book lo pasé un poco mal precisamente por eso, porque me descubrí torpe delante de aquel objetivo, nada natural. Poco a poco, el fotógrafo (quien, por cierto, estaba encantado con mi pelo) me fue haciendo su cómplice, y minuto a minuto, clic a clic, fui adueñándome de su cámara hasta conseguir de ella lo que quería: lo mejor.
Ya me muevo con más soltura. Y también con tacones, aunque me molestan mucho, sobre todo los de aguja, que tampoco están de moda. Prefiero las plataformas porque te dan un aire más divertido y juvenil. Soy la única en la familia que lleva tacones; mamá no los soporta, e Idoia siempre va con las Nike a todas partes. Este verano las llevó incluso a la boda de unos amigos de papá.
Hubo una auténtica batalla campal a propósito de eso; papá quería que fuese bien vestida, bien calzada, y sin más pendientes que uno en cada oreja. Pero Idoia, por si no lo había dicho antes, tiene mucho carácter y muy mal genio, de modo que dijo que o hacía lo que le salía de las narices... o no iba. Sin embargo, fue. No cedió en absoluto, se mantuvo en sus trece, y fue como a ella le dio la gana. Papá estuvo de morros durante toda la fiesta, y apenas si se acercó a ella; debió de pensar que si tenía suerte de que no los relacionaran, no iba él a estropearlo. Por la noche me tocó consolarle con más mimos y zalamerías de lo habitual. Menos mal que me tenía a mí. Porque la única virtud de mi hermanita es su libro de calificaciones escolares.
Durante este verano, el tema habitual de discusión en desayunos, comidas y cenas los fines de semana ---el resto de la semana lo pasaba en Barcelona--- ha sido la moto de Idoia. Cumple catorce años pasado mañana; sus notas de fin de curso fueron las que todos esperábamos. Ella lo sabía; se cruzó de brazos, nos miró uno a uno, desafiante, y exigió “su” moto. La sabía ganada porque mamá, para mi cumpleaños, se gastó ciento cincuenta mil pesetas en un vestido de Calvin Klein para mí. Y además fuimos a comprarlo a París. Y ella sólo quería una Scooter para ir a clase y salir por ahí con los amigos (todos motorizados) los fines de semana. Se había encaprichado de una Derbi Atlantis gris metalizada; última novedad del Salón del Automóvil, recién salida de fábrica; nada de segunda mano mientras yo tuviera el último modelito de temporada de Calvin Klein, ¡faltaría más!
En casa siempre ha habido igualdad entre hombre y mujeres, y entre nosotras. Así que a ella, como a mí, le correspondían ciento cincuenta mil pesetas. Que la moto sólo valía cien mil... Bueno, había que comprar un buen casco, a juego con la moto, y los guantes, y unas botas adecuadas porque el invierno es muy frío en San Sebastián. Y hasta ahí llegaba el presupuesto.
Mamá no quería la moto porque siempre la han dado mucho miedo; papá decía que mejor la moto que cualquier otra cosa; y yo la secundaba por solidaridad femenina y fraternal, y porque cuando una tiene lo que quiere en la vida se vuelve increíblemente generosa con sus semejantes. Claro que nunca he entendido por qué Idoia empieza la casa por el tejado, porque primero tiene que sacarse el carnet de moto, y eso ya cuesta otras tantas mil...
A finales de julio llegó mi gran oferta. Esa que cualquier modelo, sea principiante o no, anhela; en mi caso con más razón, porque todavía me oía de vez en cuando, en mi interior, la vocecita de Elena preguntando: “¿No te gustaría anunciar perfumes caros?”
Aquel book que me habían hecho para Francina había recorrido más mundo del que yo creía. Y había llegado (no sé aún cómo) a Estados Unidos, y a las manos de mi idolatrado Calvin Klein; parecía un sueño, y yo nunca he tenido tiempo para esa clase de sueños que solamente se sueñan estando despierta y mirando a las musarañas. Quizá a los que son como yo, esos sueños se nos hagan realidad sin ni siquiera darnos cuenta.
Calvin Klein estaba iniciando una campaña para el perfume del nuevo milenio: twentyone for woman. Y buscaba un rostro nuevo con temperamento latino, y un cuerpo joven, casi púber, para mostrar desnudo. Porque la mujer del próximo milenio es minimalista, ama la naturaleza, y se siente en el jardín del Edén. Es una mujer orgullosa de su feminidad, de su cuerpo, de su condición de hembra. No tiene vergüenza, ni siente rubor al mostrarse tal cual es. Ésa era la imagen que querían lanzar, y yo había sido la elegida de diez mil candidatas escogidas de entre las mejores de las agencias de modelos de Francia, Inglaterra, Italia, España, Estados Unidos, Alemania, Holanda y la Unión Soviética, que en los últimos años ha exportado un sinfín de modelos a Europa occidental y América.
Cuando Gabriella Verino, mi agente en Francina, avisó a papá se lió una buena en casa. Él no podía ocultar la oferta, pues más tarde o más temprano me hubiera enterado y no se lo hubiera perdonado.
Intentó disuadirme aquella noche, entre sábanas, diciéndome que no era gran cosa, que apenas si iban a pagarme (yo estaba más que dispuesta a hacerlo gratis), y que habría mejores oportunidades; pero ni tan siquiera él podía creer sus propias palabras. Yo negaba con la cabeza a todos sus inconvenientes, hasta que no le quedaron más. Supo que no lograría convencerme por las buenas, y lo intentó por las malas.
_No vas a hacerlo. Olvídate. Mi hija no va a desnudarse delante de nadie. Necesitas mi consentimiento y yo no te lo doy.
_ ¿Durante cuánto tiempo? ---le reté, indignada---. ¿Un año, dos, tres años más? Puedes negármelo ahora, pero cumpliré los dieciocho y nada podrás hacer. Y me habrás perdido para siempre... como hija..., y como amante. Estás avisado.
Me dio una bofetada.
Gritó:
_ ¿Cómo te atreves a avisarme? No eres más que una putita creída. Y la culpa es de tu madre. Harás lo que yo te diga. Ahora y siempre. Tú sólo vas a desnudarte delante mío. Ya estás avisada ---sonrió con sarcasmo mientras imitaba burlonamente mi advertencia.
Salté de la cama, furiosa; abrí la puerta de mi habitación y le eché fuera. Él se rió, pero no se movió de donde estaba. Yo no hacía más que gesticular con los brazos, pidiéndole que se marchara de allí, pero ni me escuchó ni hizo movimiento alguno. Estaba muy a gusto acostado en mi cama, esperándome. Era muy paciente, y consciente de su enorme poder. Un poder que yo no podía alcanzar a mesurar en su verdadero valor. No podía vencerle, pero necesité dos horas para darme cuenta de ello. Y al final, derrotada, volví a la cama y a sus brazos, incapaz de escapar de ellos.
Mamá necesitó una semana para convencerle de que me diera el permiso para aceptar la oferta, y le engatusó diciéndole que el dinero que yo cobrara sería todo suyo. Papá era codicioso, y yo iba camino de convertirme en su gallina de los huevos de oro. Mamá pensaba que la fama que me daría el anuncio ---revistas, vallas publicitarias, televisión, cine...--- era más que suficiente para auparme muy arriba y muy lejos. Y de todos modos, yo tenía mis ahorros y no eran ninguna bagatela.
Papá accedió a regañadientes, pero a partir de ese día se convirtió en un auténtico déspota en mi cama; resentido por haber cedido, se le antojó castigarme demostrando un comportamiento harto violento en nuestras relaciones sexuales. Me forzaba a los pocos minutos de tirarme en la cama, sin darme tiempo siquiera a desnudarme o a echar de menos viejas caricias y besos.
Empecé a temerle y asustarme, algo que nunca antes me había ocurrido. Y a desear otras relaciones, conocer a otros chicos de mi edad; no me importaba si eyaculaban antes de hora. Quería una relación como la que mantenían Lucía y Aitor, o Iñaki y Elena. Quería una relación de igual a igual. Quería un novio corriente que me viniera a buscar a casa y me llevara a la discoteca, al parque de atracciones, a la playa o a la piscina. Quería oír el ring ring del teléfono y suspirar por que fuera para mí.
En la escuela había muchos chiquillos que me observaban continuamente, pero luego ya nadie quiso tratar conmigo. Yo era la rubia-tonta-repipi que salía a todas horas en la televisión, y de la cual la gente ya estaba bastante harta.
jueves, 25 de diciembre de 2008
Estirpe salvaje. Montse de Paz
Hola a todos mis colegas del blog, y mil perdones por el retraso de ¡¡4 días...!! La resaca, ya se sabe. Hoy vengo a hablaros de uno de los mejores libros que he leído este año. Un auténtico descubrimiento para alguien como yo: no demasiado proclive a las fabulaciones ni a la novela fantástica. Pero siempre hay una primera vez para todo; un rito de iniciación a los libros de fantasía. Y como quien me conoce bien, sabe, yo sólo escojo de lo bueno lo mejor. Y así califico la novela de Montse de Paz: Estirpe Salvaje. Una de esas historias que pertenecen por derecho propio a la mejor tradición oral de los siglos X al XIII; de esas fábulas maravillosas que los padres cuentan a sus hijos, y que pasan de generación en generación, pasando a formar parte del imaginario colectivo de un pueblo. Una historia de lucha y de supervivencia; de valentía y de amor; una de esas historias de invierno al abrigo de un buen fuego. Una historia ideal para leer en estas fechas. No quiero desvelar mucho del argumento, por si algún despistado aún no la ha leído... Sólo estoy aquí para recomendarla. Por su prosa rica en descripciones y matices; por esa capacidad de transportar al lector a un reino imaginario en el que todos desearíamos estar al menos unos cuantos días... o semanas, para olvidarnos de los problemas actuales y para recuperar los viejos valores morales que un día aprendimos de nuestros padres y abuelos y que se perdieron en algún rincón del camino. Ya estáis tardando... ¡id a comprarla antes de que se agote!
viernes, 19 de diciembre de 2008
Un libro curioso
El miércoles fui a comprar un regalo para una amiga; como ella es también una ávida lectora, no había mejor opción que encaminar mis pasos a una librería. Entre los cientos de libros que vi en la sección de novedades, uno me llamó poderosamente la atención. No era una novela, sino un libro de ensayo: El arte de rechazar una novela se titula; el autor es Camilien Roy, y la editorial es Bruguera (P.V.P 16€); es una recopilación de diversas cartas (99) de rechazo. A todos aquellos que, como yo, os habéis aventurado en la búsqueda del editor ideal no tengo que hablaros a estas alturas de lo que implica para la moral y el ego del escritor novel una de esas cartas. El libro está escrito con mucho humor negro y, dejando el amor propio de lado, me pareció de lo más interesante. Hay muchas maneras de decir "no"; y este autor ha reunido 99 con los más dispares estilos... Para aquellos que están hartos de la carta prototipo, más fría que un iceberg, y que no compromete el buen nombre de la editorial y deja, sin embargo, al autor del manuscrito con cierto complejo de niño de 6 años a quien no se le puede decir aún que los Reyes Magos no existen... Por supuesto está dedicado a aquellos escritores con sentido del humor que no se toman a sí mismos demasiado en serio. Abstenerse los muy sensibles y susceptibles y los que reaccionan mal a críticas negativas. Para todos los demás es una excelente oportunidad de echar unas risas.
martes, 16 de diciembre de 2008
Concurso literario: buenas noticias
Hola, como ya sabéis, me he animado a participar en el certamen literario del que os hablé el sábado día 13 (el de los 6.000€); y tengo buenas noticias porque no tenía tema, y ahora me ha surgido un repentino (o no tanto) viaje a Roma, con lo cual diría que tengo una enoooooorme fuente de inspiración; voy como medievalista en ciernes con el grupo de mi facultad, pero seguro que con tanta maravilla se me ocurre una idea fantástica; he pensado hacer un diario de todo lo que vaya viendo, oyendo, sintiendo... y a partir de ahí veré qué se me ocurre. También adelantaros que buena parte de mis experiencias en Roma, tanto positivas como negativas, aparecerán en mi nueva novela... Si no habéis estado todavía en la Ciudad Eterna, os dejo mi recomendación para que la visitéis; me han dicho que es un museo al aire libre... Y fuente inagotable de inspiración para muchos escritores...
sábado, 13 de diciembre de 2008
Un regalo anticipado
Como todos los que habéis visitado el blog sabéis, yo cumplo años en unos días; ayer tuve la oportunidad de conocer a una de las escritoras más leídas y a la vez una de las más criticadas de la sociedad actual: Lucía Etxebarria. Para mí fue como un regalo antes de hora. De entrada, diré que es como tú y como yo: sencilla y accesible. Confiesa lo que confesamos todos los escritores: soy tímida y odio las entrevistas. Esto es así hasta que toca hablar de un tema que sabe y le apasiona: su libro: En brazos de la mujer fetiche (destino 2002). La charla estaba organizada por la editorial Planeta (booket) y la Facultad de Filosofía de la UB. El tema era la mujer como fetiche en nuestra sociedad actual. Para los que hayáis leído el libro, es el descubrimiento de una literatura y unos literatos, los del siglo XIX, con un marcado fetichismo (personalizar los objetos; cosificar a las personas). En una sociedad, la nuestra del siglo XXI, la mujer se presenta en el 90% de los anuncios como un objeto (de deseo sexual... y de consumo en última instancia). La charla era más filósofica que literaria, pero el tema me resultó lo suficientemente interesante como para asistir... ¡y desde primera fila! Me resultó curioso que a pesar de ser una de las escritoras más famosas (o populares) de España, la sala estuviera medio vacía... Pero imagino que obedece a que se trataba de la Facultad de Filosofía, Geografía e Historia. Y no son muchos los que pretenden dedicarse a la literatura después de acabar la carrera; y aparte, sobre gustos no hay nada escrito. Y con Lucía ocurre como con mucha gente extraordinaria: no acepta medias tintas. O la adoras o la detestas. Difícilmente puede resultarte indiferente. Yo, repito, he tenido el enorme placer de poder conocerla y hablar con ella de tú a tú, aunque el tema no tuviera que ver necesariamente con nuestra profesión de escritoras. Con la excusa de la charla, había en el vestíbulo un stand de Booket y regalaban libros. Me regalaron uno muy interesante con las bases de un concurso de relato corto. Os paso la dirección de la web: http://www.booket.com/. Aquí podréis encontrar (en el icono situado en la parte izquierda inferior de la página principal: Jóvenes Talentos) las bases del VI Certamen Universitario de Relato Corto (6.000€ están en juego). Aparte podréis descargaros un librito muy útil para escritores noveles. ¡Animaros a participar!
jueves, 11 de diciembre de 2008
Un artículo interesante
Metiéndome en uno de mis foros habituales descubro un artículo interesante, aunque bastante pesimista, terriblemente crítico, de esos que no dejan títere con cabeza. No sé quién lo habrá escrito, pero arremete con todo. Sin embargo, da qué pensar. El del escritor, lo he dicho siempre, aunque es la primera vez que lo expongo públicamente en el blog, es un trabajo duro como cualquier otro; es solitario, y lo peor no es cuando escribes, sino cuando esperas, ¡la larga espera! a que te publiquen. Claro que hay gente que escribe sin ánimo de lucro, o que ha descubierto Internet y estos blogs para dar a conocer su obra (siempre es mejor esto que ser un "negro") y la respuesta es más inmediata que las de las editoriales más veloces. Yo confieso, parafraseando a Vila-Matas, que escribo para que me lean, fundamentalmente. Y como a todo el mundo, me gustan las cosas bonitas y caras, así que si puedo ganar dinero, prefiero no perderlo. Por supuesto que he cometido errores, como muchos otros escritores; pero ahora voy por el buen camino y con las ideas más claras que cuando empecé hace doce años. El panorama editorial es pesimista; eres tú quien decide si quieres ver la botella medio llena o medio vacía. Nadie puede decidir por ti. Pero el único camino que hay es hacia delante, porque hacia atrás sólo van los cangrejos. No estoy en contra de la coedición, pero es una opción que no contemplo ahora; quizá porque ya sé lo que es y lo que conlleva, y porque hoy me siento mucho más segura con mi trabajo y sé que no tengo que recurrir a esto. Desde aquí quiero animar a todos los que visitáis el blog y escribís como yo a no desanimaros. La carrera aún no ha acabado.
lunes, 8 de diciembre de 2008
Los márgenes de la ficción
Hola a todos; me ocurre una cosa curiosa ahora que estoy de lleno metida en mi nueva novela; no es como las anteriores, sino más bien un experimento científico aplicado al ámbito literario, y la verdad: no sé muy bien cómo va a salir, pero si sale bien será algo increíble, os lo aseguro. La cuestión es que es ficción, pero como diría aquél, está "basada en hechos reales", o dicho de otro modo: una parte de lo expuesto sucedió realmente tal y como lo relato, y a veces me pregunto si no estaré extralimitándome; y entonces, como si de un mantra se tratase, me repito a diario: es sólo ficción. Los novelistas jugamos con ventaja, podemos exponer cosas inverosímiles, imposibles de hecho, pero que en el contexto de la historia aparecen como reales. Y quisiera saber si esto es normal, digo, exponer situaciones aparentemente imposibles, y cuánta credibilidad podemos transmitir al potencial lector. No es que no haya visto este fenómeno en otras novelas; podría decirse que literariamente lo he visto casi todo... Pero ¿hasta qué punto podemos jugar con el destino los escritores a la hora de inventar...?
domingo, 7 de diciembre de 2008
Un empujoncito para todos
DE TODAS MANERAS
La gente es irrazonable, ilógica y
egocéntrica. De todas maneras, me gusta.
Si haces el bien, la gente te acusará de
motivos ocultos interesados. De todas maneras,
haz el bien.
Si eres afortunado, ganarás falsos amigos y
verdaderos enemigos.
De todas maneras, prospera.
El bien que hagas hoy será olvidado mañana.
De todas maneras, haz el bien.
Honestidad y franqueza te hacen vulnerable.
De todas maneras, sé honesto y franco.
Lo que hayas construido durante años puede
que sea destruido en una noche. De todas maneras,
construye.
La gente necesita ayuda de verdad, pero te pueden
atacar si los ayudas. De todas maneras,
ayúdalos.
Ofrece al mundo lo mejor que tienes
y no te lo reconocerán.
Ofrece al mundo lo mejor que tienes.
DE TODAS MANERAS
La gente es irrazonable, ilógica y
egocéntrica. De todas maneras, me gusta.
Si haces el bien, la gente te acusará de
motivos ocultos interesados. De todas maneras,
haz el bien.
Si eres afortunado, ganarás falsos amigos y
verdaderos enemigos.
De todas maneras, prospera.
El bien que hagas hoy será olvidado mañana.
De todas maneras, haz el bien.
Honestidad y franqueza te hacen vulnerable.
De todas maneras, sé honesto y franco.
Lo que hayas construido durante años puede
que sea destruido en una noche. De todas maneras,
construye.
La gente necesita ayuda de verdad, pero te pueden
atacar si los ayudas. De todas maneras,
ayúdalos.
Ofrece al mundo lo mejor que tienes
y no te lo reconocerán.
Ofrece al mundo lo mejor que tienes.
DE TODAS MANERAS
jueves, 4 de diciembre de 2008
Crepúsculo
Hola a todos,
Lo confieso: no me van los vampiros... Pero habría que estar ciego para no ver el terrible éxito que la saga de Stephenie Meyer (supongo que es una mujer... con los americanos nunca se sabe...) está teniendo; siguiendo la estela de J.K. Rowling, ya han sacado la primera película basada en la primera novela. He dicho que no me van los vampiros, pero conozco gente a la que el tema le interesa. Y mucho. Hago este comentario para suscitar comentarios; debo hacer un regalo a alguien y había pensado en este libro. ¿Alguien lo ha leído y me puede aportar alguna opinión? Como ya sabéis, vuestras opiniones y sugerencias son todas bienvenidas. Ahora es tiempo de regalos, aunque la crisis no anima al consumo como en años anteriores. S.O.S, ¿qué podéis decirme de esta saga?
Lo confieso: no me van los vampiros... Pero habría que estar ciego para no ver el terrible éxito que la saga de Stephenie Meyer (supongo que es una mujer... con los americanos nunca se sabe...) está teniendo; siguiendo la estela de J.K. Rowling, ya han sacado la primera película basada en la primera novela. He dicho que no me van los vampiros, pero conozco gente a la que el tema le interesa. Y mucho. Hago este comentario para suscitar comentarios; debo hacer un regalo a alguien y había pensado en este libro. ¿Alguien lo ha leído y me puede aportar alguna opinión? Como ya sabéis, vuestras opiniones y sugerencias son todas bienvenidas. Ahora es tiempo de regalos, aunque la crisis no anima al consumo como en años anteriores. S.O.S, ¿qué podéis decirme de esta saga?
lunes, 1 de diciembre de 2008
Literatura para todos
Hola a todos, soy Julia y éste es mi nuevo blog; en él podéis compartir todo tipo de impresiones y comentarios relativos a la literatura, ya sea como escritores, ya como simples devora libros como yo. He escrito tres novelas, de las cuales he publicado dos: No somos dioses y Carnaval; ahora estoy en proceso de creación de la cuarta que concluiré probablemente en 2009. Como escritora novel siempre ando a la búsqueda de gente que se tome la literatura muy en serio; desde la tolerancia, el respeto y las ganas de aprender unos de otros, podemos hablar de cualquier tema relacionado con los libros. Sois bienvenidos, ¡¡¡adelante!!!
Suscribirse a:
Entradas (Atom)