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miércoles, 18 de agosto de 2010

El medallón de los Lancaster. Claudia Velasco


Elizabeth Butler siempre soñó con castillos, princesas y caballeros, con la antigua Inglaterra y con amores de leyenda; por eso se hizo historiadora, encaminándose sin darse cuenta hacia un destino que sus ancestros ya habían marcado para ella en el siglo XVI.
Elizabeth no conoce su verdadero pasado ni el valor extraordinario de un medallón que heredó a los quince años y que la convertirá en la obsesión de un poderoso lord del siglo XVI, William Forterque-Hamilton, enviado al futuro por su mayor enemiga, Marian de Lancaster, la dueña original del medallón.
William y Ellie se conocerán gracias a las fuerzas del destino y a la magia del Medallón de los Lancaster, y el amor los unirá, transformando a la moderna muchacha neoyorquina en la señora del castillo, y al poderoso y frío caballero inglés, al guerrero temido y admirado, en un marido enamorado. Todo a pesar de los peligros que los acechan, de la guerra feroz que Marian de Lancaster desplegará sin tregua contra ellos, y de todas las fuerzas oscuras que se empeñarán en separarlos.
Los que me conocen saben de sobras cuánto me apasiona la historia de Inglaterra, y más concretamente el período Tudor. Al igual que Elizabeth, la protagonista, yo también soñaba de niña con amores de leyenda (aunque no fue ése el motivo por el que me hice historiadora…). Os presento hoy esta reseña aprovechando, ¡qué oportuna!, el (relativo) éxito de la serie Los Tudor que se emite actualmente en TV1.
Por supuesto, la novela de Claudia no es la primera ni la última que se escribirá en el contexto del turbulento reinado de Enrique VIII —yo misma estoy documentándome a fondo desde hace años para escribir (próximamente) «mi particular versión y visión» de esta controvertida dinastía inglesa—, pero tiene unas particularidades que la hacen poderosamente atractiva.
En primer lugar, el hecho de situar un personaje «actual» (año 2004) como es la historiadora norteamericana Ellie Butler en una época que no le corresponde, y en la cual ni la reina ni la cortesana más influyente tenían peso alguno en una Inglaterra (y en una Europa) dominada exclusivamente por hombres (cualquier otra cosa es ese feminismo anacrónico que está tan de moda).
Esto aporta, creo yo, una nota de humor que atrapa al lector desde la primera página y lo acerca a los personajes, permitiendo una mejor identificación con ellos. La recreación de los ambientes y del momento histórico también está muy cuidada, aunque aquí debo apuntar que echo en falta muchos detalles; una novela histórica no puede (o no debe) tener menos de 300 páginas, y no porque yo sea una amante de libros «tocho», que lo soy y lo reconozco sin pudor, sino porque la novela histórica, aunque tenga tintes románticos, requiere un meticuloso y riguroso trabajo de ambientación que ocupa prácticamente la mitad, sino dos tercios de la novela. Y no lo digo por decir, lo digo por lo que ven estos dos ojos que tengo en la cara, lo que ven cuando se pasean por las librerías y por las mesas de «los más vendidos».
Por supuesto que alguien, incluida la autora, me puede venir a decir que esta novela está catalogada como Romántica y no como Histórica, pero cualquier historia que transcurra en un siglo anterior al XX, puede considerarse «Histórica» con todas las de la ley.
También es cierto que soy muy conocedora del período, como ya os he dicho, que he leído más de una docena de libros, ¡y los que me quedan por leer!, y que quizás por eso me muestro más crítica con una novela de este periodo que por ejemplo con una historia sobre la civilización sumeria o sobre el Japón medieval, de los que no tengo tanto conocimiento.
Como novela romántica, no se le puede reprochar nada; se atiene a los patrones clásicos del género, sin apartarse de ellos ni un milímetro, lo cual quizás, precisamente, sea para mí lo único reprochable. Pero como digo siempre, no es culpa tanto de la autora como del género en sí mismo, que no permite «volar» con auténtica libertad. Esa rigidez al seguir las pautas establecidas para alcanzar el éxito es lo que la hace tan impersonal. La novela es buena, sí, pero no veo a la autora por ninguna parte; no veo un signo claro que la distinga de las tropecientas mil escritoras que actualmente escriben novela romántica, nada que me indique que esa novela la ha escrito Claudia Velasco y no Pepita Pérez… o una servidora, sin ir más lejos. También es verdad que no conozco a fondo a la autora y quizás no he sabido ver esos guiños personalísimos que, teóricamente, distinguen a unas novelas de otras.
En resumidas cuentas: una historia deliciosa, sí, con un tema apasionante, también, que se lee rápido y cautiva al lector… pero que no deja huella en él porque le falta personalidad; es como un maniquí de unos grandes almacenes: perfecto, tan perfecto que echas terriblemente de menos esos pequeños vicios/defectos que, en definitiva, y al igual que ocurre con los seres humanos, hacen a una novela única e irrepetible.
EL MEDALLÓN DE LOS LANCASTER
CLAUDIA VELASCO. 2010
RBA EDITORES/SATÉN
238 PÁGINAS
ISBN: 978-84-9295-504-6

1 comentario:

  1. Una muy buena reseña, Julia. No lo digo porque hayas detectado arrugas en la novela, sino porque has sabido transmitir lo que has sentido al leerla y porque has sido honesta.
    Me llama la atención tu comentario sobre el volumen de páginas de las novelas históricas; no te quito razón, pero estarás conmigo que autores noveles que recién se han estrenado en el género, lo hacen con ese volumen (por ejemplo Hijos de Heracles, Teo Palacios, de 320 pág.).
    Y sí, te doy la razón: la ambientación es fundamental en una novela histórica, desde luego.
    Lo dicho, estupenda entrada.
    Besos, amiga!

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