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martes, 9 de marzo de 2010

Hijos de Heracles. Teo Palacios


La muerte del rey Teleclo, durante un festival en honor de Ártemis, desencadenó en el 735 a.C. una oleada de guerras devastadoras entre Mesenia y Esparta, que se prolongaría durante casi ochenta años.
Esparta inició entonces una etapa de esplendor social y cultural que la llevó a ser una de las ciudades más respetadas y temidas de su tiempo. Sin embargo, durante los reinados de Teopompo y Anaxándridas, mientras entre los habitantes de la polis se suceden las rebeliones y la familia real se desmorona trágicamente, el pueblo espartano se transformará, pasando a estar dominado por la formación militar, la austeridad y la dureza, de tal modo que incluso en nuestros días sigue siendo un referente.

En una espectacular novela que equilibra con extraordinaria solidez el fresco histórico, el relato de intrigas palaciegas y la novela de ideas, Teo Palacios nos ofrece una obra estremecedora en la que narra de modo magistral desde las batallas más multitudinarias a las escenas más intimistas, desde las luchas encarnizadas hasta los refinados debates de ideas, y todo ello en una prosa que brilla por su poderosa capacidad evocadora.

Por fin, la novela definitiva sobre una cultura fascinante.
Confieso que tenía muchas dudas a la hora de comprar esta novela; me habían hablado muy bien de ella, es verdad, pero tenía mis propios recelos. Pero siempre he dicho que si quieres criticar algo, primero debes conocerlo... en este caso: leerlo.
Y a eso fui. Me llevé una grata sorpresa porque, como historiadora, he comprobado que la novela tiene rigor histórico. Habrá quien diga que por supuesto, que si la ha editado Edhasa, tiene que tenerlo. Demasiado ha visto una servidora para fiarse de las apariencias, demasiados bluffs literarios, demasiadas cosas que están y no deberían estar... y viceversa.
Es más, apuntaría que tiene "demasiado" rigor histórico; lo cual me lleva a aquel famoso dicho: "disculpa no pedida, acusación manifiesta". Para mí gusto, y a pesar de todos sus méritos, hay detrás de cada línea una insultante intención didáctica que un helenista que escribiera o hablara sobre la antigua Grecia no tendría nunca porque nada tiene que demostrarle a nadie.
Lo he dicho siempre: una novela tiene que ser una historia simple y sencilla que llegue al corazón de la gente, no puede ser un manual de nada, ni dar en ningún momento la sensación de que el autor está por encima del lector, de que es más inteligente que él. El autor está siempre al servicio del lector y nunca al revés. Las explicaciones de todo tipo que trufan la novela (y que no siempre están en boca de los personajes de la historia) son a mi gusto excesivas.
Parto de la idea de quien compra un libro sobre la antigua Grecia es porque le interesa el tema, y ya ha leído otros libros antes que este. Mi experiencia es esa. Yo he leído -por placer y por obligación- mucho sobre Esparta... ay, ¡y tanto que sí! No me ha dicho nada que no supiera ya; así que me ha tocado pasar por encima de todas las explicaciones "didácticas" y centrarme en la historia de los personajes como seres únicos e irrepetibles. Porque cuando se trata de novelas históricas donde quien más quien menos conocemos los hechos, lo que importa son los personajes en su aspecto más intimista, ése que no ofrecen los anales de la historia.
Dejando de lado ese aspecto, el autor ha tenido el acierto de presentar personajes entrañables a los que yo hubiera hecho hablar más, más diálogos, más narración en boca de Arquidamo y menos en boca del narrador que, a menos que tenga nombre y apellidos (y en algunas novelas los tienen), siempre se tiende a asociar al autor de la obra.
En conjunto, es una obra exquisita en cuanto a concepción, escritura y estilo... pero le falta alma y frescura; se esfuerza tanto por explicarnos la historia, vida y costumbres de Esparta que se olvida de divertirnos, de alegrarnos el corazón.

HIJOS DE HERACLES
TEO PALACIOS. 2010
EDHASA
319 PÁGINAS
I.S.B.N: 978-84-350-6208-4

10 comentarios:

  1. En los últimos días estoy descubriendo lo fascinante que es comprobar cómo cada lector obtiene una impresión distinta de todo texto. Claro, no podía ser diferente en tu caso. Hay quien ha dicho, por ejemplo, que la novela no se centra en mostrar conocimientos históricos, sino en contar la historia de los personajes. Algunos opinan que los personajes son estupendos, mientras que otros no lo creen así. Ya digo, fascinante.

    En tu caso, además, sorprendente. Todavía recuerdo cuando me “acusabas”, en mi blog y sin conocerme de nada, ni a mi ni a la obra, de no estar suficientemente preparado para escribir una novela histórica por no tener nada en mi curriculum relacionado con esta disciplina. Sin embargo, ahora te “quejas”, por decirlo de algún modo, de que hay demasiado rigor histórico. Mencionas que, como historiadora, aunque según me decías te queda mucho para terminar la carrera, la novela no te ha enseñado nada, si bien hay una “insultante” intención didáctica. Pero olvidas que no todo el mundo tiene tus conocimientos, que la mayoría de las personas desconocen el periodo narrado, entre otras cosas porque hasta la aparición de esta novela permanecía inédito, excepto en monografías específicas sobre el tema. Olvidas, por tanto, que toda esa gente, la mayoría, repito, necesita toda esa información para meterse en situación, para comprender por qué, y cómo, sucedieron los acontecimientos históricos.

    Hago hincapié en que has conseguido sorprenderme. Hace unos días, decías sobre la novela que estaba “Muy, muy bien... la verdad me ha impresionado, no puedo negarlo. (...) has salido muy airoso y con nota”.

    Lamento comprobar ahora que la novela no te ha divertido, aunque, como digo, todo lector obtiene una impresión distinta de cada texto. Habrá otros, seguro, que opinen de este mismo modo que tú indicas. Al menos, me quedo con el hecho de que rigor histórico, precisamente eso, que fue tu primera “acusación”, no es lo que le falta. ¡Es un consuelo!

    Saludos

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  2. Estupenda crítica, Julia, como todas las que nos regalas.
    El tema atrae, pero sí es verdad que si hay demasiada historia y no está en boca de los personajes, a alguno le puede parecer un manual.
    De todos modos, me interesa. los libros históricos me encanta y este tiene muy buena pinta.

    Un beso

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  3. Siempre me he preguntado cual es el porcentaje de veracidad que debe contener una novela para dejar de serlo y convertirse en un libro de texto.

    Y alguna vez me he preguntado que diferencia hay entre una novela histórica que contenga o no personajes, épocas y lugares reales, y si no los contiene o los falsea ¿deja de ser histórica para convertirse en ficción o fantasía?

    Un saludo.

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  4. He leído Hijos de Heracles, y mi percepción es un tanto diferente. A mí la información rigurosamente histórica me ha parecido necesaria, tal vez por ser una época de la que sé muy poco, me ayudó a centrarme en el lugar, a ver todo a través de la perspectiva histórica. No tuve la sensación de que el autor estuviese por encima del lector, en todo caso, es reconfortante saber que lo que se lee parte de una fuente fidedigna.

    Los personajes bien definidos, lo necesario para formarse una idea de sus caracteres, y como dices, en lo que estoy de acuerdo: entrañables. Es una novela que puede servir al mismo tiempo por su rigurosidad histórica como libro de consulta, sí, pero como novela, considero que está muy bien lograda.

    Besos, Julia!
    Blanca

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  5. Este libro tiene un enfoque sobre el tema muy interesante. cian por cien recomendable.

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  6. Hola!

    Te sigo porque me gusta el contenido del blog.

    Muchos saludos,
    Lina.

    www.conociendoamariankeyes.blogspot.com

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  7. Hola de nuevo!! Ayer mismo estuve aquí haciéndote una visita!! Qué alegría leerte y saber que te gusta el blog sobre Marian Keyes!

    Estamos cociendo una sorpresita, pero la cosa todavía no ha tomado forma, así que por ahora no puedo decir nada, jejeje.

    Un abrazo!!
    Lina.

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  8. Ok, Lina, te voy siguiendo. Como te digo, a mí me chifla lo irlandés, y Marian Kes es un As. Besos.

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