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martes, 6 de enero de 2009

Música y letra

Tanto si te gusta Zafón como si no, es innegable que toda novela tiene una banda sonora que actúa de telón de fondo. Él ha sido de los pocos, por no decir el único, que se animó a componer su propia banda sonora para La sombra del viento; yo, que nunca he sido aficionada al solfeo ni hábil con las notas musicales, me veo limitada a “utilizar” el talento ajeno. Por ello, siempre que empiezo una nueva novela busco entre toda mi discografía lo más ideal y que más se adecue tanto a la historia como a los personajes que en ella intervienen. Cada canción es en esencia una pequeña historia, y cada historia tiene una canción (o muchas) que la acompaña. El cine en sí mismo no es sino una historia con música e imágenes en movimiento. Si quitamos las imágenes, nos quedan las famosas radionovelas que aquí hicieron furor en los años cincuenta. El escritor necesita muy a menudo rodearse de todo aquello que le ayude y le alivie el peso de su tarea, las más de las ocasiones solitaria (ver también en este blog La soledad del escritor). Y la música bien puede ser no sólo una excusa para “recargar las pilas”, sino fuente de inspiración para una o incontables “escenas”. Dijo alguien que la inspiración no existe, sólo hay trabajo, y trabajo duro. Sin querer quitarle mérito al trabajo duro (y técnico) de la escritura, discrepo y afirmo que la inspiración es importante. Por supuesto, no lo es todo. La inspiración, ni siquiera la que nos ofrece la mejor música, no sirve por sí sola para llevar a buen puerto las ideas que nos rondan por la cabeza. Pero ¡Jesús, lo que ayuda! A mí me ayuda, e imagino que a muchos que leéis este artículo del blog, y que como yo escribís más o menos profesionalmente, también os echa un cable, ni que sea aportando esa pequeña inyección de energía que a veces, por mil motivos distintos, nos falla en los momentos cruciales. Un compositor es a menudo un poeta; un letrista lo es de hecho. Y pueden enseñarnos tanto o más que nuestros colegas escritores. No desestimemos el poder terapéutico de la música, ¡es inmenso! Si lo aplicamos al trabajo cotidiano, podemos no sólo sentirnos bien física y anímicamente, sino de paso hallar ese cabo del cual tirar para desenrollar y desarrollar nuestra labor.

1 comentario:

  1. Hola Julia, interesante entrada. Estoy de acuerdo contigo en que debemos rodearnos de objetos, momentos, olores, música y ambiente que nos ayude a inspirarnos, a que el momento de la creación literaria fluya y permanezca un buen rato, y en tu caso, escuchar música actúa como germen inspirador.
    A mí me encanta la música, me fascina, pero cuando escucho música sólo hago eso. No puedo dedicarme a nada más, igual sucede cuando escribo. Sólo soporto el ruino lejano de la ciudad, he trado de escribir con música pero me es imposible. Eso sí, me inspira, ¡claro que sí! pero soy incapaz de escribir una línea mientras la escucho.

    Felicitaciones por tu blog, espero visitarte más a menudo.

    Un abrazo,
    Blanca

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