Este agosto

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viernes, 4 de abril de 2014

Confianza

Después de un mes largo apartada del blog y de vosotros, vuelvo cargada de optimismo y luz, muy propios de la primavera, pero también reflexiva, concienzuda, determinada a avanzar a todo trapo, pese a quien pese y caiga quien caiga.

En estos últimos días me he visto obligada a ver y oír cosas ALUCINANTES, así, con mayúsculas; gente desnortada, desinformada, perdida entre tanta información contradictoria, llena de prejuicios, de ideas preconcebidas sacadas de vete tú a saber dónde; gente que no ha visto un libro de historia desde que acabó la E.G.B; gente que ya no sabe qué pensar ni qué decir. Me he visto obligada, también, y esto me ha resultado mucho más doloroso, a morderme la lengua, a callar, a guardarme bajo siete llaves mi opinión sobre determinados asuntos, y no por falta de razón o criterio, sino para no entrar en polémicas absurdas ni discusiones bizantinas con gente que no sabe de la misa la media.

Oommmmmmm. Oommmmmmmm...

Suspiro, sonrío, me cargo de energía positiva, olvido las estupideces de los estúpidos y sigo mi camino.
Este año vengo rebosante de confianza; ya os dije a finales de 2013 que en 2014 no habría quien me frenara. Y así ha sido. Estoy sembrando cositas; de momento la cosecha es discreta, sin estridencias, sin ovaciones multitudinarias; sin demasiados elogios ni parabienes, pero mis fieles siguen a mi lado un año más y eso me arranca una sonrisa todas las mañanas al despertar.

Porque día a día, y aunque sea en monodosis diaria, voy acumulando nuevos seguidores, gente que se interesa por lo que pienso, por lo que siento, por lo que escribo. No es poco; siempre lo digo: muchos granitos hacen la montaña de mi felicidad. Porque la verdadera dicha está en las pequeñas cosas, en los detalles, en un comentario, un voto, una sonrisa, un toque de FBK. Porque sé que no me olvidáis aunque pase días sin asomarme al blog o a las redes sociales.

Este año me he familiarizado con Twitter y le he pillado el gustillo a Goodreads y LinkedIn. Va a entrarme complejo de Dios porque cada vez más estoy en todas partes. Por si fuera poco, me incluyen en un montón de grupos, pero sólo visito unos cuantos, muy pocos en realidad.

¿Por qué?
Hay dos motivos principales:

1. La falta de tiempo material para llegar a todo y no morir en el intento.
2. La actitud de patio de colegio (que odio) que tienen algunos administradores de grupos.

No guardo buenos recuerdos del colegio (si leíste LE sabes por qué); cuando me encuentro en mi vida adulta con actitudes adolescentes en personas que hace mucho que dejaron atrás la adolescencia me pongo de uñas, me pongo violenta; mi instinto asesino despierta de su siesta y quiero gruñir, morder, patalear y cargarme a alguien, en serio. En estos últimos meses esto viene ocurriendo demasiado a menudo. 
Pero, ¿recuerdas mi receta mágica? 

Oommmmmmm. Oommmmmmmm...

Suspiro, sonrío, me cargo de energía positiva, olvido las estupideces de los estúpidos y sigo mi camino.

También os dije, a los que me seguís en FBK, hace un tiempo, que echo de menos esa etapa de mi vida, con 20 añitos y ningún propósito de escribir/publicar/vender libros, que podía decir lo que quisiera cuando quisiera. Que podía poner a un libro (y a su autor/a) a parir si consideraba que se trataba de algo infumable (y hubo unos cuantos, no creáis) y quedarme más ancha que Castilla.

¡Qué tiempos!
¡Qué tranquilidad!
¡Bendita inocencia!
Cuando podías decir lo que pensabas porque no tenías nada que perder.

De jovencita, allá por el Pleistoceno, tenía más confianza en los demás que en mí misma.
Me miraba en cualquier espejo, todos me parecían buenos; cualquier ejemplo me parecía perfectamente imitable. 
Hoy, con 42 años cumplidos, se ha volteado la tortilla.
Confío en mí misma mucho más que en el resto de la gente.
Eso no quiere decir que sea una desconfiada, ¡para nada!
De hecho, y a pesar de los muchos palos recibidos, mi fe en la gente sigue siendo inquebrantable.
Pero siempre hay gente en la que, por más que duela, ya no puedes confiar.
Gente con la que ya no puedes recorrer tu camino vital.
Momentos en los que te paras, miras los caminos, y decides cuál tomar.
Quiero que llegue noviembre.
Quiero poder decir adiós a los errores cometidos, a la gente que no cumplió su promesa; no quiero lastres ni ataduras, ni a gente que no sabe hacer su trabajo.
Me caí, sí; tropecé con una mala piedra en el camino y me pegué una leche.
Pero, no lo olvides, yo siempre me levanto, siempre lucho.
Como me dijo ayer alguien: rendirse no es una opción.

Tengo confianza en mí y en el futuro.
Tengo confianza en mis historias y en mis personajes.
A veces me atasco, a veces me desespero, a veces me bloqueo y no sé por dónde debo continuar el camino, pero luego abro el archivo, vuelvo a leer lo escrito, le doy mil vueltas, me peleo con mis niños, me río con ellos, disfruto cada palabra y cada línea y recupero la fe en mí.

Me gusta escribir aquello que sé que me gustará leer.
No me gustan los encargos; no me llevo bien con ellos.
Algunos regalos, como la manzana de Blancanieves, están envenenados.
Me gusta ir a mi aire.
Y los resultados tampoco son tan malos cuando escribo lo que siento.
Pronto os hablaré de mi experiencia como autora (y también como lectora) en Amazon.
Pediré disculpas a quien corresponda por mi falta de fe.
Asumiré que me asusta lo desconocido, y por raro que parezca, incluso a mí misma, me asusta apartarme de lo convencional.
Yo soy de la escuela de ensayo y error.
Si no me meto en un proyecto, no sé cómo carajo voy a salir.
No me sirven de mucho las recomendaciones ajenas, por muy bien intencionadas que sean.
Tengo que meterme en el túnel y llegar hasta el fin para poder decir: "Sí, valió la pena." o "No, fue un desastre".

He tenido que volver a caer en el error de las "editoriales" para escarmentar definitivamente.
No me arrepiento, aunque me gustaría que las cosas hubieran ido de otro modo.
Este año no estaré en Sant Jordi.
Después del desastre de 2013, muchas ganas tampoco tengo.
Pero sigo confiando.
¿Sigues confiando tú en mí?

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