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sábado, 20 de febrero de 2010

La formación del escritor

He reflexionado mucho a la hora de escribir este post porque sé que no va a gustar a algunos, del mismo modo que a mí, cuando empezaba a escribir, rebosante de ganas e ingenuidad, no me gustaban las recomendaciones, muy positivas a la larga, que me hacían algunos libros especializados en literatura y lingüística», y que me obligaban, prácticamente, a reescribirlo todo desde el comienzo.

Al final, y después de sucesivos rechazos por parte de las editoriales, tuve que pararme y sentarme a reflexionar, y darle un nuevo rumbo a mi vida, y de paso a mi narrativa. Y esto me lleva al tema de este post.

¿Qué formación debe tener alguien que quiere o pretende hacer «carrera» en el mundo literario?

Una formación humanística. Una carrera de LETRAS. Dentro de este bloque, son muy recomendables las carreras de Humanidades (lo que antiguamente se llamaba Filosofía y Letras) y Filología (cualquiera, desde la hispánica hasta la eslava). También podéis escoger posteriormente Historia del Arte o Historia (esta carrera ahora es independiente, pero antiguamente iba vinculada a la de Geografía), o cualquier otra, dependiendo del tipo de escritura que queráis hacer. Digo «recomendables», no «imprescindibles»; en este mundo, y en este país en particular, nada es imprescindible salvo el dinero.

Si uno escoge cualquiera de estas dos primeras carreras puedo asegurarle, desde mi propia experiencia de estos últimos 4 años, que su narrativa lo agradecerá muchísimo. Y se hará notar. No pasará desapercibido el esfuerzo ni los conocimientos adquiridos en cualquier aula de estas facultades.

Las herramientas necesarias para manejar con soltura el lenguaje, para ser malabaristas con las palabras, se adquieren en la facultad; lamento desengañar a gente que cree que basta con leer (es importantísimo, pero siempre será complementario; nunca bastará por sí solo) y desaconsejo las escuelas de «escritura creativa» en general, porque aunque ponen voluntad (y mucho afán de lucro en la mayoría de los casos, a juzgar por sus astronómicas tarifas), no enseñan las bases; no ponen los cimientos necesarios para que el aspirante a escritor se enfrente a la labor literaria con garantías de éxito.

En palabras de una famosa escritora: «Intentar enseñar los secretos del monólogo interior a alguien que no domina las herramientas básicas del lenguaje y que ni siquiera sabe subordinar, es como tratar de construir una casa empezando por el tejado.» *

Por ello, y aunque os digan que en estos talleres os «enseñarán a ser escritores», tomároslo con las debidas reservas. Y cuánto más alta sea la cuota de inscripción, mayor debe ser vuestra desconfianza. Estas herramientas básicas deberían haberse aprendido a lo largo de la primaria y la E.S.O, pero como este país va como va, no es extraño encontrar gente licenciada y doctorada que no sabe redactar. Y si uno no sabe redactar —cualquier cosa, desde una carta de presentación para una empresa a la lista de la compra del fin de semana—, no sabrá escribir. Redactar es (o debe ser) básico para cualquier ciudadano con un mínimo de cultura; escribir literatura es un paso más allá. Por ello no podemos saltarnos «escalones» si pretendemos llegar a lo más alto, y (lo más difícil todavía) mantenernos ahí.

Como no todos (y me incluyo) somos niños prodigio que aprendimos a leer y a escribir antes que a andar, y algunos descubrimos un poco tarde (yo a los 24 años) que queríamos dedicarnos a jugar con las palabras hasta hacer de ese juego un noble arte, puede resultar que equivocáramos la carrera y nos encontremos, por ejemplo a los treintaytantos, con que somos estupendos arquitectos o abogados o inversionistas o diseñadores de interiores, pero… nos falta esa formación humanística tan deseable. ¿Y qué hacemos entonces, debemos volver a las aulas como si volviéramos a tener 18 años?

Si podemos, sí. Si nuestra vida laboral o familiar no nos lo permite, la única opción es aprender a manejar esas herramientas por nuestra cuenta; nunca será igual de enriquecedor, debo decíroslo ya, pero se puede hacer. Hay libros especializados en redacción y lingüística y otras materias relacionadas con la literatura que os pueden resultar muy útiles a los auto-didactas. Y leer. Ya sabéis que ese es el requisito sine qua non de cualquier escritor.

Nunca debemos renunciar a aprender… el verdadero sabio es el que aprende algo nuevo cada día, el que está abierto a nuevas enseñanzas y experiencias. A veces da pereza (os confieso que hay días que a mí no me apetece levantarme a las 6h para ir a clase de Prehistoria…), pero a la postre lo agradecemos. Y nuestros lectores también.

* Lucía Etxebarria. La Eva futura. La letra futura. Destino, 2000.

6 comentarios:

  1. Estoy completamente de acuerdo, no solo es importante tener algo que contar, sino cómo contarlo (y para eso como no sepas subordinar... ;-).

    Kaguya-Hime

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  2. Interesante tu entrada.

    Yo creo Julia que de la misma forma que nacen pintores tocados por la mano de un ángel, en literatura ocurre algo similar.
    Una formación lingüística es imprescindible, ayuda, pero el genio interior es lo que dota de especial a esos autores que nos enamoran. Que consiguen atraparnos entre las líneas de su pluma de una forma que no tiene explicación lógica ni matemática.
    ¿Te has encontrado alguno así?
    Besos.

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  3. Elizabeth,

    Desde mi punto de vista, lo más importate sí es leer. Eso no sigifica que aprendamos a escribir, pero es la piedra sobre la cual podremos apoyarnos.

    En cuanto a carreras, no creo qe haya ninguna imprescindible (¿cuántos buenos escritores no tuvieron necesidad de ellas?), pero, claro, todo ayuda. Me parece que lo más importante es tener los ojos abiertos y estar dipuestos, como vos misma decías, a aprender algo nuevo cada día.

    Y no conformarse. Siempre podremos hacerlo un poquito mejor.

    Un saludo,
    Alejandro.

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  4. Leer, aprender, más leer, más practicar, y si además te das un toque de licenciado/a en lo humanístico, mejor que mejor, ayuda...y + leer + leer.
    Pero, ¿y la imaginación, ese motor que debe engrasarse cada día? ¿y la duda? ¿Y la curiosidad? ¿Y la tenacidad de revisar y revisar? Ayyyy, ¿y el GOZAR Y EL SUFRIR escribiendo? para eso sobran títulos, puesto que no otorgan esas facultades en las Facultades. La principal cualidad, la paciencia.
    Buen debate, devoradora insaciable. Petó, bsito.

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  5. Jajaja, yo parto de que el talento es básico, imprescindible, igual que la sensibilidad que mueve al artista a crear cualquier obra de la nada. La imaginación también es básica e indispensable. Cuando me refiero a formación, es estrictamente académica, y no porque el escritor lo quiera así, ¡qué más quisiéramos que bastara sólo con el talento natural para contar historias! sino porque es el editor y el público (exigente) el que lo pide.

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  6. Considero que para ser escritor lo más importante es tener algo que contar; la forma, aunque importante, no es lo primordial. Para escribir correctamente no hace falta estudiar una carrera de Letras sino simplemente practicar... y adquirir una cultura amplia. Una de mis decisiones vitales más acertadas fue la de ir a la Universidad, aunque no me gusta la división artificial entre carreras de Letras y carreras de Ciencias como si los de ciencias no tuvieran que redactar bien sus trabajos y los de letras no tuvieran que investigar. Coincido contigo que el leer mucho no significa escribir bien (creo que soy un claro ejemplo) pero sí que te permite distinguir un buen libro de uno mediocre.
    Saludos.

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