FELIZ NAVIDAD A TODXS

FELIZ NAVIDAD A TODXS
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miércoles, 26 de agosto de 2009

Consejos y reflexiones para una vida sana

1. Ten en cuenta que el gran amor y los grandes logros requieren grandes riesgos.
2. Cuando pierdes, no pierdes la lección.
3. Sigue las tres R: respeto a ti mismo, respeto para los otros y responsabilidad sobre todas tus acciones.
4. Recuerda que no conseguir lo que quieres a veces significa un maravilloso golpe de suerte.
5. Aprende las reglas, así sabrás cómo romperlas apropiadamente!!!!
6. No permitas que una pequeña disputa destroce una gran amistad.
7. Cuando creas que has cometido un error, haz algo inmediatamente para corregirlo.
8. Ocupa algo de tiempo cada día en estar solo.
9. Abre tus brazos al cambio, pero no te olvides de tus valores.
10. Recuerda que a veces el silencio es la mejor respuesta.
11. Vive una buena y honorable vida, así cuando seas mayor y mires atrás podrás disfrutarla por segunda vez.
12. Una atmósfera amorosa en tu casa es el cimiento para tu vida.
13. En discusiones con alguien querido, ocúpate sólo de la situación actual, no saques a relucir el pasado.
14. Comparte tu conocimiento, es la mejor manera de conseguir la inmortalidad.
15. Sé considerado con la Tierra.
16. Una vez al año ve a algún lugar en el que nunca hayas estado antes.
17. Recuerda que la mejor relación es aquella en la que el amor por cada uno excede la necesidad por el otro.
18. Juzga tu éxito según lo que hayas sacrificado para conseguirlo.
19. Acércate al amor y a la cocina con osada entrega.
Esto me lo pasó una amiga muy querida y ahora he querido compartirlo con todos vosotros.
Gracias x seguirme cada día.

lunes, 27 de julio de 2009

Lo que dure la eternidad. Nieves Hidalgo


El año: 2004.

El lugar: el castillo de Killmarnock, una imponente joya medieval que se levanta en las suaves y verdes colinas de Irlanda.

Los protagonistas: Cristina Ríos, una joven experta española contratada para valorar las obras de arte que contiene. Y Dargo Killmar, el más antiguo habitante del castillo, que sin embargo sigue siendo un hombre joven, fuerte y endiabladamente atractivo… claro, porque es un fantasma, que vaga desde hace cuatrocientos años por las enormes estancias en busca de una reliquia que lo liberará de la maldición que pesa sobre él. Un fantasma que para Cristina es sólo una leyenda, hasta que…

Pero os invitamos a leer y disfrutar de la historia: una historia colmada de aventuras, pasión, ternura y humor. Nieves Hidalgo ha logrado imprimir en su primera novela un estilo sumamente ágil y fresco que sorprenderá a las lectoras, que cerrarán el libro con una sonrisa y ansiarán leer el siguiente de esta autora española, ella misma ávida lectora de novelas románticas.
Hacía muchos años que no leía novelas románticas. De la mano de Arlette y su web empecé a contactar con autoras de este género. Hoy, después de seis meses, sólo puedo decir: Gracias. Y lo digo aquí y no en otro post cualquiera, porque ésta es, de todas las novelas románticas que he leído hasta hoy, (más de cien, creo...) la más hermosa y tierna de todas. Un verdadero descubrimiento que por poco no me pierdo. Os cuento: hace un par o tres de meses estaba en la Casa del Libro ojeando novelas, y vi esta, pero pasé un detalle por alto. O no lei bien, o no reparé en una palabra: Irlanda. Si hay un lugar al que le tenga casi tanto cariño como a Inglaterra, es Irlanda. Lo dicho, no lo vi, no lo leí, o estaba tan espesa que no le hice caso. Resultado: cuando volví a buscarlo, ya no estaba. Me ocurre a menudo.
Había leído ya "Orgullo sajón", otra de las deliciosas novelas de Nieves, y estaba esperando a que saliera "Amaneceres Cautivos"... Y yo sin encontrar "Lo que dure la eternidad". Así que cuando acabé mi lío de exámenes fui a buscarla de nuevo. Como no la vi, decidí encargarla; me la pidieron y a las dos semanas la tenía en mis manos. La agarré y en dos noches, sí, de nuevo 2 noches, me la devoré. Ñam, ñam... Ni corta ni larga. Con un ritmo muy fácil de seguir, y una protagonista adorable, ¡¡¡esta vez, niña mía, sí que la has bordado!!! Y con un nombre que tiene un polvo... Oooooh... Qué pena que sólo exista en el libro, ¡y encima sea un fantasma!
Lo mejor de las novelas románticas son los hombres... Definitivamente; la pena, que cuando cierras el libro, el hombre se queda ahí, y es inasequible. Por eso yo, de tanto en tanto, vuelvo a releer mis novelas preferidas, para volver a encontrarme con esos "monumentos", ¿no os pasa a vosotras también?
El principio es casi más emocionante que el final. No te perdono, Nieves, que me hagas llorar antes de llegar a la mitad del libro, de hecho, antes de llegar al primer capítulo. Echo a faltar a la amiga "del alma", yo le hubiera dado más protagonismo, me la "hubiera llevado" a Irlanda y que montara la gorda... Hubiera sido muy divertido, jajaja. Se veía un personaje atractivo y merecía tener más papel. El malo es muy malo, ¡¡me encanta!!; yo lo descubrí cuando habló de Hibernia... Ahí supe que el tipo no era lo que parecía...
Y el final es precioso, te deja un regusto delicioso en la boca: a bombón praliné. Mmmm...
La recomiendo a todo el mundo, sin excepción. ¡¡Yo también quiero un fantasma para mí!!

Nadie como tú. Anna Casanovas



Ágata Martí tiene veintiséis años, un trabajo mal pagado y vive sola en un apartamento en Barcelona. Una mañana de invierno, poco después de Navidad, decide que ha llegado el momento de replantearse su vida… Y la idea que ha tenido Guillermo, su hermano mayor, de que vaya a trabajar a Londres no es del todo descabellada.

Gabriel Trevelyan, hoy reputado periodista en Londres, solía refugiarse en casa de Guillermo Martí en los momentos difíciles de su infancia. Por eso, cuando su amigo le llama pidiéndole un favor muy especial es incapaz de decirle que no.

Ágata y Gabriel vuelven a encontrarse después de trece años y ambos se dan cuenta de que las cosas no han cambiado entre ellos. Para ella nunca ha habido nadie como Gabriel, el chico que la besó por primera vez. Para él nunca ha habido nadie como Ágata, la única chica capaz de llegarle al alma… No obstante, Gabriel no confía en el amor y Ágata no está dispuesta a conformarse con menos.

En la línea de Marian Keyes y Cecelia Ahern, Anna nos presenta una deliciosa novela que cuenta con los ingredientes necesarios para hacerse indispensable en la biblioteca de cualquier lectora romántica.

Es actual, vibrante, tierna y llena de humor y de sentimiento. Ambientada a caballo entre Barcelona y Londres, cuando la vi pensé: ¡Dios, parece que esté pensada para mí! La empatía con los personajes, con todos y cada uno de ellos, desde los protagonistas a los "extras" es instantánea; conectas en seguida con sus inquietudes y sus problemas porque son los tuyos.

Anna ha conseguido con esta, su primera novela, situarse en un lugar de honor de la novela contemporánea hecha en España... de la que apenas había representantes hasta su aparición. Para colmo, y para no dejar en ascuas a su legión de fans, nos ha escrito la continuación: A fuego lento, que también podéis encontrar en vuestra librería habitual o en los grandes almacenes. También sé que está preparando otra novela en la misma línea y con personajes conocidos por los lectores de estas dos "joyas" románticas.

¡Enhorabuena, Anna!

London. Edward Rutherfurd






London es una invitación a recorrer 2000 años de historia de la emblemática ciudad de Londres. En una tarea similar a la del arqueólogo, Rutherfurd observa las capas de tiempo que se han ido sedimentando en las tierras de Londres, abre una ventana al pasado y nos desvela los acontecimientos que han definido la historia de la ciudad.
Julius, joven acuñador de monedas romano; Dame Barnikel, al frente de una taberna frecuentada por Chaucer; Edmund Meredith, actor del shakesperiano Globe Theatre; o Lucy, mujer que parece salida de la pluma de Dickens, forman parte del rico entramado de personajes que crea Rutherfurd.
De su mano, nos adentramos en el corazón de una ciudad en permanente desarrollo y se nos transmite el movimiento y color de cada periodo… Una evolución constante que se refleja en el fluir eterno del río Támesis, símbolo del paso inexorable del tiempo.


Edward Rutherfurd. London
Edward Rutherfurd. London. Traducción de Camila Batlles. Ediciones B. Barcelona, 1998. 1.135 páginas. 3.500 pesetas.


Londres o las ciudades inventadas


Londres ha sido escenario de invenciones literarias desde que en el siglo XIV Geoffrey Chaucer decidió que un grupo de peregrinos parlanchines iniciara allí su viaje hacia la tumba de Thomas Becket en Los cuentos de Canterbury. Pero fue en el XIX cuando Dickens concibió Londres como la perfecta metáfora urbana de un mundo en efervescente transformación. Siendo Dickens el autor más popular de su siglo, no es de extrañar que la ciudad se erigiera en un universo simbólico, en un personaje literario de primer orden, con una combinación espectacular de caos y orden, de dinero y pobreza, de luz y sordidez. Ese cúmulo de contrastes sirvió a Stevenson para acentuar la dualidad del alma humana en Dr Jeckyll y Mr Hyde; su creación ayudó a establecer la atractiva esquizofrenia de una ciudad única: extremadamente educada y respetable de día pero peligrosa, casi siniestra de noche. Cada vez que un autor metía Londres en su obra, le quitaba un trozo de realidad para añadirselo de ficción, hasta el punto de que ahora quizá sea una capital totalmente inventada. ¿Es Bloomsbury el barrio que vemos alrededor del Museo Británico o es el plano de ese sueño de modernidad y tolerancia leído en Virginia Woolf, Edward Morgan Foster o D. H. Lawrence? Pero sí Bloomsbury quedó "inventado" para siempre por un grupo de escritores entonces de vanguardia, hay otros barrios que evolucionan al mismo ritmo que las novelas que los describen. El Soho fue barato y sombrío para las aventuras del padre Brown, el cura-detective de Chesterton, y las mismas calles que fueron recorridas por la encarnación del mal que representó el doctor Fu Manchú, de Sax Rohmer, se pusieron al día en la reciente y espléndida novela de Timothy Mo, Agridulce, en la que una familia china trata de integrarse en la vida inglesa bajo la sombra amenazante de las triadas o mafias; pero el Soho no quiere ser decorado criminal y se vuelve alegre y promiscuo en los noventa con los avatares sentimentales de cuatro chicos de mucho gimnasio y rayos uva en la última obra de Allan Hollinghurst, The spell (El hechizo). Este autor ya había paseado por el señorial barrio de Chelsea en La biblioteca de la piscina, al igual que los elegantes y solitarios personajes de clase alta que aparecen en las novelas de Anita Brookner, esa discípula de Henry James. Pero ha sido Hanif Kureishi quien se ha atrevido con el Londres multiracial y socialmente agitado de la periferia en El buda de los suburbios o Mi hermosa lavandería. Es otro Londres, que está siendo escrito ahora en Camdem, Bromley o Brixton, allí donde llega la última parada del metro, barrios que también exigen verse reinventados en páginas de novelista. Ahora, Edward Rutherfurd publica en España un libro de más de mil páginas al que llama London: no hay engaño, pues, ya que aquí Londres no está al servicio de la narración sino que la domina como protagonista absoluto. Todo el armazón narrativo y toda la carga ficticia han sido diseñados y desarrollados por el autor para mayor gloria de la ciudad de ciudades, a la que ve como un ser vivo en sus fases de gestación y crecimiento, en la decadencia y en la plenitud. Varias familias conducen, de forma continua o esporádica, la evolución de la ciudad desde que sólo era un poblado celta hasta los bombardeos de la segunda guerra mundial; en veinte capítulos el autor trata de conducir al lector por el Londres romano, por el vital y tabernario que vivió William Shakespeare, por el de la república de Cromwell, por el afectado y pecaminoso de la Restauración o por el puritano e industrioso de la reina Victoria. Ahora bien, este viaje tiene más de guía histórica que de novela, aunque el autor haya pretendido lo contrario; los personajes y las distintas tramas sustentan un trabajo de investigación que se sobrepone a los intentos de crear una obra de ficción. Dicho de otra manera, los abundantes datos sobre la política, los modos sociales o la vestimenta de cada periodo vienen primero y las emociones, después, lo que produce, sobre todo, una lectura totalmente recomendable para los amantes de la historia.


Juan Marín. Publicado en El País / Babelia p. 13 19/09/1998
jmheraldo@hotmail.com El País Imprimir


Os presento a mi libro de cabecera: mi biblia particular. Lo he leído 3 veces desde que lo compré en septiembre de 2000. Y como veréis, repetir de un plato tan "suculento" dos veces denota una gula digna de excomunión, ¡por lo menos!


¿Qué decir después de todo lo que se ha escrito ya? Es hermosa. Apasionante. Adictiva. Pero es, sin dudarlo un minuto, la gran novela para los anglófilos y los amantes de Londres muy en particular; es la mejor guía turística que puedas tener a mano, la que te cuenta lo que ningún guía te va a contar... Si todavía no la tienes, te recuerdo que la editorial Roca la ha reeditado en tapa dura hace poco. Es cara, sí; pero merece la pena.

Waterfallcastle. La promesa del Highlander. Arlette Geneve


Kerien McFalcon es un poderoso y valiente Laird de Las Tierras Altas que guarda un oscuro y vergonzoso secreto en su pasado. Se siente torturado por la traición y abrumado por los remordimientos. Ha sido repudiado por su padre y denigrado en sus sentimientos masculinos por la actuación de una mujer. Kerien sufre una maldición difícil de sobrellevar.

Tras la traición de la que ha sido objeto años atrás, se jura a sí mismo que jamás volverá a confiar en una mujer ni en sus pérfidas maquinaciones. Ni puede, ni desea volver a amarlas.

Cuando el rey de Escocia, Guillermo McAtholl, lo envía a él y a tres de sus hombres al reino de Castilla en busca de su hija, Kerien trata de rehuir la orden de todas las formas posibles, pero Guillermo se muestra férreo en su empeño de que traiga a su lado a su hija sana y salva en todos los sentidos. Kerien, finalmente, acepta la orden de su rey.

Su llegada a Castilla lo sumerge en una vorágine de intrigas pues el príncipe Juan desea a la castellana muerta, y ya ha mandado a sus secuaces de Toledo. Kerien descubrirá en ese viaje el poder persuasorio del amor y su incapacidad de controlar los sentimientos que le despierta la hechicera de ojos misteriosos. La batalla de sentimientos encontrados ha comenzado.
Siempre es un placer leer un libro de Arlette; si me conquistó con sus "Espinas", éste maravilloso relato ambientado en Escocia ha hecho mis delicias durante dos tardes. Y digo sólo 2 tardes porque me enganché de tal modo que no podía soltarlo, y así, hasta las 0.00h del día siguiente. Es un poquito peligroso este tipo de libros que te atrapan en una espiral de intriga: quiero más, quiero más, quiero más.
Como siempre, felicitaciones a la autora por la rigurosísima y preciosista ambientación histórica, que no tiene parangón en ninguna otra novela que haya leído hasta entonces. Gracias por haber hecho aparecer a la gran Leonor de Aquitania, uno de mis personajes femeninos históricos favoritos (después de María Tudor); por esa trama tan compleja y tan bien llevada que revela un esfuerzo que merece ser premiado y recompensado con creces.
Los personajes: deliciosos; siempre me gustan más los personajes masculinos que los femeninos en este tipo de historias. No sabría decir por qué.
Y sé que debería criticar algo... pero es que aquí, y lo siento mucho, no tengo nada negativo que criticar. Todo es sencillamente genial. Sólo me queda recomendárosla a los pocos despistadillos que aún no la tenéis.

Beatriz y los cuerpos celestes. Lucía Etxebarria


Tres mujeres: Cat, lesbiana convencida; Mónica, devorahombres compulsiva, y Beatriz, que considera que el amor no tiene género. Tres momentos de la vida de una mujer: su infancia encerrada en un hogar claustrofóbico y escorado entre las presiones familiares; su adolescencia, una permanente huida hacia adelante, y su juventud como exiliada sentimental, teñida de la nostalgia por su ciudad natal. Y dos ciudades: Edimburgo, sombría y vertical, y Madrid, horizontal y luminosa, para una novela única sobre el amor a los amigos, a la familia y a los amantes.
Y voy de premio en premio, aunque éste ya tiene más de diez años; sin embargo, la historia sigue hoy tan viva como entonces. Esta novela tiene un significado especial para mí, por el título, por la protagonista, por quién me lo recomendó en su día... Siempre lo he atesorado con mucho cariño por todo lo que decía y lo que sugería entre líneas. Es una historia que supuso una revelación para mí y me abrió "la puerta del armario". Habla mucho, y bien, de la homosexualidad y la bisexualidad. Y he de decir que me despejó muchos interrogantes, que ha servido de base para mi novela actual, y que es, sin duda, uno de mis libros de referencia, escrito por una de mis autoras favoritas. Lo recomiendo a todos, y especialmente a la gente sin complejos, sin tabúes y sin prejuicios.

Pasiones romanas. María de la Pau Janer


En lugar de subir al avión que debe llevarlo de vuelta a su hogar, un hombre decide en el último momento desafiar al destino y emprender una travesía muy diferente. ¿Podrá recuperar en Roma a la mujer que dejó escapar años atrás? Ignacio no puede saber cuánto queda en Dana de la pasión que los arrebató y se truncó tan injustamente, pero prefiere el vértigo de esta decisión irreflexiva a la atonía en la que ha entrado su vida. Con esta inolvidable historia sobre la fascinación y el infortunio del amor, sobre los golpes ocultos del destino, María de la Pau Janer nos brinda una novela llena de sensualidad, de emociones y de personajes que tocan nuestra fibra más íntima.
En su día, años ha, se dijo mucho (y malo) de esta novela; los "entendido" pusieron a parir a la autora tanto como a la obra. Y una se quedó con el gusanillo de ver a qué venía tanta polémica por este controvertido dictamen del jurado del Planeta. Pero como una tiene una lista de espera de lectura de mucho cuidado, no fue hasta agosto de 2007 que tuve la novela en mis manos. Yo no sé muy bien qué se entiende por "buena literatura", pero sí sé cuándo un libro me atrapa, me envuelve y me transporta más allá del mundanal ruido. Y estas "Pasiones Romanas" consiguieron algo que jamás ha conseguido El Quijote: deleitarme. Es una historia de amor preciosa, de esas que todos quisiéramos vivir algún día... Se enmarca en una ciudad tan mítica como es Roma; y está toda ella, novela y ciudad, llena de encantos. La recomiendo especialmente a todos los amantes, a los amantes que hoy están enamorados, a aquéllos que perdieron un amor y no saben si podrán recuperarlo, a los que aman Roma por encima de todas las cosas. Y finalmente, la recomiendo a quien quiera pasar un buen rato este verano. Es una buena apuesta, digan lo que digan algunos literatos.

Ya no sufro por amor. Lucía Etxebarria


¿Llevas años encadenando una sucesión de tsunamis emocionales que te han dejado la autoestima dos puntos por debajo de la de Kafka? ¿O, por el contrario, has tenido una sola relación, pero tan plagada de altibajos, de broncas y reconciliaciones sucesivas que has hecho tuya aquella frase de Catulo que decía «no puedo vivir ni contigo ni sin ti»? Quizá sea porque estás confundiendo amor con posesión, sexo con dependencia, chantaje con atención e intrusión con cariño. No es tu culpa. Si tomamos lo que te enseñaron tus papás, le agregamos unas gotitas del estereotipo femenino de la tolerancia, la pasividad y la sumisión, complementario al masculino de la actividad, la independencia y el dominio, le añadimos a la mezcla un pellizco de la imagen cultural del amor romántico y lo batimos todo en la termomix, comprenderemos mejor por qué la gente sufre tanto ¡y tan innecesariamente! por amor.

Compré este libro en la primavera de 2007, en uno de esos momentos en que una necesita que le suban la moral y sentirse acompañada de 0tros "desafortunados" en el amor. Es un libro muy ameno, escrito con muchísimo humor, y al mismo tiempo con muchísimo rigor documental. Es un libro personalísimo de Lucía; si eres fan suyo/a, disfrutarás mucho con él... de lo contrario, no te lo recomiendo especialmente, porque contiene demasiadas opiniones personales, que no forzosamente sigue todo el mundo. Es uno de esos ensayos con los que pasar un buen rato, dirigido a todos los públicos y escrito en el lenguaje coloquial al que nos tiene acostumbrados la autora.

viernes, 17 de julio de 2009

Entrevista

Hola, guapos...
Para todos aquellos que queráis conocerme mejor, deciros que podéis encontrar una entrevista mía en
Estoy registrada como Julia Siles Ortega (juyjo); en la sección: Escribir.
Besos y hasta pronto

miércoles, 8 de julio de 2009

Agencias

Hola, blogueros... Andaba esperando a poder daros alguna noticia, mejor si era buena. Y hoy puedo deciros que finalmente los de la Agencia Sandra Bruna han dado el visto bueno a lo que les mandé y quieren leer el manuscrito completo en cuanto lo acabe. No hay nada definitivo, pero de entrada se abre una lucecita de esperanza; que a nadie le amarga un dulce, y por algo hay que empezar. Es una buena motivación para mejorar lo mejorable y ponerme las pilas para acabarla a tiempo. No quisiera que se olvidaran de mí, jajaja.
Decir que son gente muy agradable y profesional, y que estoy muy contenta de haber contactado con ellos. Si alguien quiere contactar con ellos, puedo pasarle su dirección.
Besos a todos

sábado, 27 de junio de 2009

Soledades

Inicio hoy, y casi por sorpresa, mi nuevo apartado de relatos. Este es el primero... ¡Disfrutadlo!

© Julia Siles Ortega. 2009. Todos los derechos reservados
© All Rights reserved


Miraba sin ver a los transeúntes que caminaban a paso rápido por la atestada avenida; sus ojos estaban más allá de cualquier objeto o ser humano. La mente ocupada en rememorar ese mismo día, cinco años atrás, cuando a punto estuvo de ser atropellada en plena calle. Ella solita se había lanzado por iniciativa propia al imparable tráfico buscando una muerte que sabía segura. Pero no había calculado bien; no contó con el hombre que la observaba desde una esquina, preguntándose si finalmente tendría el valor de acabar con todo. Era rápido de reflejos; se hallaba a más de cien metros de ella, y cuando vio que había decidido que aquél y no otro era su momento, corrió como una centella a tiempo para cogerla por la cintura con los dos brazos y cancelar así su viaje sin retorno.

Luego se sentaron a saborear una taza de té; no podía apartar los ojos de ella. «¿Por qué una mujer que puede tener lo que desee y hacer con su vida y con los hombres lo que se le antoje, decide matarse?».

Ella lo consideró un ingenuo, un producto barato de la sociedad de consumo que cree que el dinero todo lo compra. ¿De dónde había salido y quién le había dado permiso para interponerse entre ella y su inexorable destino? La muerte la había escogido a ella, a Penélope Santibáñez, y ese estúpido engreído con complejo de héroe de TBO lo había estropeado todo. Tenía ganas de matarlo, tanto como de explicarse y que entendiera por qué deseaba morir, y por qué no puede ir uno entrometiéndose en las vidas ajenas sin ton ni son.

El seguía con los ojos fijos en ella, eran unos ojos grandes, algo separados, y de un verde intenso; cuando les daba la luz, semejaban amarillos: un color a todas luces imposible, pensó ella. Ojos de serpiente. Le dio por sonreír. Incluso por soltar una carcajada imprevista. ¿De qué reía?, ¿de él? No importaba; estaba preciosa cuando reía, y si algo la había movido a risa, no debía de ser tan grande su desesperación. ¡Qué poco sabía de las mujeres! La risa es el disfraz de lo irremediable. El antídoto contra el dolor, tan grande que no cabe en el pecho y por algún lado tiene que buscar la salida.

Su rostro se volvió serio de repente; no quería que la malinterpretara, que pensara que su intento de suicidio había sido una comedia o peor aún: una trampa para atraparle. Aunque esto último era absurdo porque ella ni había reparado en su existencia, y cuando la agarró, no sabía siquiera si era hombre o mujer; no le había visto la cara. Ahora podía contemplarlo a placer; removía el azúcar del té con parsimonia, acomodado en su silla, con un brazo acodado en la mesa, y el otro colgando laxo a un lado del cuerpo. Constató que era zurdo, de esos a los que han obligado a palos a renegar de esa «mala costumbre». Su mirada se detuvo en la boca: labios de mujer, rojos, bien dibujados: una clara invitación a besarlos, aunque ella no lo haría. ¡Menudo atrevimiento! A ver si creía que le debía algo; ella no le había pedido que la salvara, al contrario. Estaba desvariando, ¿a qué venía fijarse en él de ese modo, como si quisiera conocerlo mejor?

Le leyó el pensamiento. Podía quedarse tranquila, pensó, no quería nada con ella; la había invitado a tomar algo caliente para que se le pasara el susto. Y el frío. Noviembre era un mes especialmente desagradable; por otro lado, la época ideal para suicidarse. Nadie esperaba que pasara nada bueno en noviembre, al menos no él. ¡Qué gracioso!, sin querer había dicho su nombre: Noel. «La culpa es tuya por haber nacido el día de Navidad», bromeaba su madre cuando se sentaban él y sus seis hermanos, todos varones, a la mesa para dar cuenta de las viandas navideñas que cada año, sin faltar uno, preparaba su progenitora con mimo y esmero, como si esperara al mismísimo Presidente a cenar.

Odiaba Nueva York en noviembre; odiaba Acción de Gracias y el maldito pavo que le servía como símbolo. Odiaba las tradiciones. Todas. No sólo las americanas; las españolas no eran mucho mejores. En realidad lo que no le gustaba eran las fiestas, las aglomeraciones, los rebaños de ovejitas con un único pensamiento que seguían ciegamente a un líder. Los líderes le recordaban a Sam: su marido durante veintisiete días y dieciocho horas. El liderazgo, político ¡cómo no!, sólo le había servido para ser el blanco de cuatro disparos una noche turbia en un callejón sin salida. Ella estaba en tierra extranjera y no conocía a nadie, aparte de Sam. Oh, sí, le habían presentado a cientos de personas durante el tiempo que habían estado juntos; pero a decir verdad, no recordaba ni uno solo de esos nombres. No podía pedir justicia, no sabía a quién pedírsela. Y lo peor de todo: no estaba segura de que Sam la mereciera.

¿En qué estaría pensando para que los ojos negros estuvieran perdidos en la nada más absoluta? Lo miraba pero no lo veía; era la misma mirada ausente que tenía hacía una hora cuando se disponía a tirarse a la calzada. ¡Lo que daría por que esos ojos estuvieran pendientes de él! Debía de estar loco, ¿no había quedado en que no quería nada con ella? ¿Por qué entonces se la imaginaba sin ropa y en su cama? Pero si ni siquiera se habían presentado como Dios manda… ¡Estaba de atar!

Ahora caía en que ni siquiera sabía su nombre. ¿Importan tanto los nombres? ¡Que más daba cómo se llamara! Lo mismo le podía dar un nombre falso y rimbombante, sacado de una novela rosa de las que le gustaban a su hermana menor. Si Rosa pudiera ver a ese hombre se moriría de la emoción; suspiraba por hombres así: fuertes, varoniles, misteriosos. Y con complejo de héroe de TBO. Ella quería algo más sencillo; sólo pedía un hombre en quien poder confiar, al que podérselo contar todo.

—Me llamo Noel.

—Pensé que nunca lo diría. Penélope —se presentó ella, estrechándole la mano.

—Bonito nombre. ¿Vive aquí?

—No me queda más remedio. Trabajo aquí. En Macy’s. No le preguntaré si lo conoce. Todo el mundo conoce Macy’s.

—¿Y qué me dice si le digo que yo nunca he estado allá? Y soy neoyorquino hasta la médula.

—Que es un tipo inteligente. Más de lo que pensé en un principio —le guiñó el ojo.

—¿Por qué no he pisado Macy’s? Vaya, un criterio harto curioso para medir la inteligencia.

—Porque no es un comprador compulsivo —le aclaró ella mostrándole una amplia sonrisa—; hay gente que entra a las nueve y media de la mañana, cuando se abren las puertas, y sale a las seis, cuando las cerramos. Se pasan todo el día metidos allí. A veces compran, otras sólo miran. Y la mayoría intenta robar algo de valor.

—¿Y le molesta?

—No mucho. A fin de cuentas, sólo soy dependienta. De la seguridad se ocupan otros. No pienso hacer doble trabajo cuando sólo cobro un suelo. Y mísero, además.

—¿Lleva mucho tiempo?

—Un par de años. Llegué como turista, pero… me enamoré de la ciudad.

—No es eso lo que iba a decir.

—¿Cómo demonios lo sabe?

—Soy psicólogo. Parte de mi trabajo consiste en escuchar lo que la gente calla.

—Bonita contradicción.

—Los secretos siempre son atractivos. Y usted tiene uno muy grande y muy doloroso. —Cambió de tema—: Tiene gracia, al principio la tomé por una ricachona.

—Eso es un fallo de percepción muy grave. Me decepciona. ¿Qué le hizo pensar eso?

—Su porte. Es elegante, tiene clase. Seguro que fue interna a un colegio de señoritas donde le enseñaron a ser una buena anfitriona y a lucir en sociedad.

—Para nada —rio ella—. Crecí en una barriada obrera, donde los chicos robaban motos y coches para desguazarlos y vender las piezas en los mercadillos. Fue un milagro que no llegara a mi casa con una barriga de dudoso origen.

Le resultaba increíble; la imaginaba mejor con un uniforme bien planchado, calcetines hasta las rodillas y el cabello, negro como ala de cuervo, recogido en largas trenzas. La imaginaba con un vestido blanco, vaporoso, largo hasta los pies; mortalmente aburrida en una fiesta de postín donde las mujeres eran cotorras, y los hombres simplemente imbéciles, anotando con expresión ausente en su carnet de baile las docenas de peticiones que le habían hecho hasta el momento, suspirando por un plan infinitamente mejor. Uno que incluyera a un hombre decente, para variar.

A ella le divertía su aire reconcentrado, ¿en qué debía estar pensando? Resultaba muy atractivo cuando estaba ensimismado. Resultaba muy atractivo en cualquier caso. Demasiado, concluyó. No quería cerrar los ojos y dejarse llevar por la imaginación, pero ¿cómo sería desnudo? ¿A qué sabrían sus besos? ¡Ah, había perdido el juicio! Lo último era salir de Guatemala para caer en Guatepeor. Si ni siquiera sabía por qué estaba allí; debería estar muerta, en un depósito de cadáveres. Era eso lo que quería. Psicólogo tenía que ser, ¡vaya mala suerte la suya! De todos los hombres que hay en el mundo, y tenía que rescatarla un loquero. Y guapo para más inri.

Parecía muy enfadada consigo misma; como si estuviera librando una lucha interna. Quizá no había sido tan buena idea salvarla. A veces la gente no quiere ser salvada. «¿Cuándo aprenderás, Noel, cuándo aprenderás a no meter las narices donde no te llaman? Nunca. No podía dejar que cayera bajo las ruedas de un coche; era una aberración permitir que una mujer así muriera. Lo que deseaba era besarla mientras sus dedos se perdían en las guedejas negras que le caían en completo desorden hasta la cintura. De repente, y con estudiado disimulo, fijó la mirada en sus pechos. Le parecieron bonitos bajo la blusa. Llevaban ya media hora en el salón de té, y la temperatura era cada vez más alta. El abrigo de ella estaba colgado en una percha, a la entrada. Él lo vigilaba de vez en cuando; no parecía muy caro, pero había demasiados rateros pululando por Nueva York, a la caza de cualquier cosa que pudiera venderse. Ella se estiró la falda, como si adivinase sus intenciones de mirar y evaluarle las piernas.

«Pero ¿qué demonios está haciendo? Quiere mirarme las piernas, le he sorprendido hace un momento con los ojos fijos en el escote. Cualquiera diría que va pidiendo guerra. Y en otro momento no le diría que no; pero hoy no tengo el cuerpo para abandonarme de ese modo en brazos de nadie.»

—¿Has acabado el té? Tengo las piernas entumecidas; quizá nos vendría bien un paseo.

«¿Nos vendría?» ¡Había hablado en plural, había dado por sentado que iban a pasear juntos!

—Tiene razón —le respondió—. Es hora de marcharse. Le agradezco lo que ha hecho; pero la próxima vez deje que la vida siga su curso. Es mucho más fácil para todos.

—No puedo darle la razón. Para mí no hubiera sido fácil verla morir atropellada y sin poder hacer nada por evitarlo.

—No era un accidente. Era un suicidio. Y ya soy mayorcita para decidir cuándo quiero que acabe mi vida.

Penélope se puso en pie y fue a buscar su abrigo. Los ojos de Noel se fijaron ahora en la estrecha espalda y en aquel trasero prieto y redondo. Antes de que pudiera reaccionar, ella se dio la vuelta y lo pilló mirándola embobado. Se rio. De nada servía enfurecerse o indignarse. Salieron juntos y empezaron a caminar por la avenida Lexington; iban muy separados, y la gente los miraba con curiosidad. ¿Eran o no una pareja? ¿Si lo eran, por qué mantenían tanta distancia, por qué no se agarraban de la mano, por qué no se sonreían…? Se dieron cuenta de que despertaban el interés de los demás caminantes, y Noel le tendió la mano. Ella la cogió sin pensárselo dos veces. El contacto, el primero que tenían de un modo consciente, la hizo estremecer. Mal asunto. Si cogerle la mano la ponía así… ¿qué seguiría? ¿Dónde acabarían?

Él no parecía tener prisa por dejarla, al contrario: sus piernas, que por lo normal, eran de zancada larga, ahora se movían muy juntas y muy despacio, demorando el paso, aplazando el momento de dejarla dondequiera que viviese; esperaba que fuera en un lugar muy apartado de allí, aunque no tanto como para suponer un peligro para su seguridad.

—¿Dónde vives?

—¿Por qué quieres saberlo, pretendes acompañarme hasta mi casa?

No sabía si estaba escandalizada o sólo sorprendida. ¿Y por qué la preocupaba tanto que supiera dónde vivía? No iba a hacer nada que ella no quisiera. No era un violador ni un psicópata. Y poca gracia tenía que la hubiera rescatado de las garras de la muerte para matarla. No es que no tuviera gracia, es que no tenía sentido. Ninguno.

—Perdona —se disculpó, viendo la cara de él, que reflejaba claramente todos sus pensamientos—. No quería ser impertinente. Pero ya te he dicho que no soy una señorita, ni estoy acostumbrada a que los caballeros me acompañen a la puerta de mi casa. Pero puedes hacerlo si te vas a sentir mejor.

—Gracias.

—Pero no te voy a dejar subir —le guiñó un ojo—, si eso es lo que estás pensando.

—Todavía no te he pedido nada.

Ella se quedó parada, desconcertada, incluso un pelín avergonzada. Pues sí que era verdad: había dado por sentado cosas que no eran —se ruborizó.

—Aunque podría sentirme tentado de pedírtelo cuando lleguemos —le devolvió el guiño.

—Y yo podría caer en la tentación de dejarte subir.

—Mmm… Eso suena muy bien.

Siguieron caminando en silencio. Ella no quería hablar. Él no osaba hacerlo por miedo a romper el hechizo. Penélope era una mujer misteriosa, su pasado era cosa suya o al menos así lo quería. De todos modos, lo dos estaban solos, y dos soledades pueden hacerse buena compañía, ni que sea por unas horas.

La noche estaba clara; el frío te calaba en los huesos, pero era un frío seco, ausente de lluvias. De repente se arrebujó contra él, apoyando la cabeza en su hombro; él no hizo nada por apartarla de sí; debía de sentirse muy a gusto. Era innegable que se gustaban. Si no hacía nada por evitarlo, iban a acabar desnudos en la cama. Y después ocurriría lo inevitable. Y supo con toda certeza que quería que sucediera. Se moría por verlo desnudo.

Era agradable estar así, caminar con ella pegada a él; sus rizos cosquilleaban su brazo, provocándole un inesperado placer; era tanto más hermosa cuanto más tierna se mostraba. Si no hacía nada por evitarlo, iban a acabar desnudos en la cama. Y después ocurriría lo inevitable. Y supo con toda certeza que quería que sucediera. Se moría por verla desnuda, por recorrer con sus labios cada pliegue de aquella piel suave. ¿Quién debió ser el último hombre que la abrazara cómo él deseaba hacerlo? ¿Estaría comprometida, casada, divorciada… acaso viuda? No, ¡qué tontería! Era demasiado joven y hermosa para ser viuda. Claro que… tenía un sentido. ¿Por qué, si no, iba a querer matarse? Pero le pareció que era una mujer demasiado práctica para morir «por amor».

¿La estaba psicoanalizando? Estaba tan callado. ¿En qué diantres estaría pensando? Casi sin darse cuenta habían llegado al bloque de pisos baratos donde ella vivía. A la muerte de Sam había tenido que largarse de la Quinta Avenida: era paraíso de ricos. Y ella, como Cenicienta a la medianoche, se había visto súbitamente despojada de todos sus privilegios de mujer casada. Hizo sus maletas y se mudó a la depauperada barriada que iba a constituir su mundo de ahí en adelante. Y podía sentirse privilegiada porque no había perdido su trabajo.

—¿Subes o no? Hazlo antes de que me arrepienta de esta locura.

Subieron juntos los diez tramos de escaleras ajadas que llevaban hasta el décimo piso. El piso, sin ser nada del otro mundo, era coqueto y se veía muy cuidado. Puede que fuera pobre, pero era limpia y esmerada; le gustaba el orden, que todo se viera inmaculado y en su lugar. También le gustaban los animales, pero era impensable que pudiera cuidar alguno si apenas le daba el sueldo para sobrevivir. Él paseó la mirada a su alrededor. Le gustó lo que vio. La decoración de un piso hablaba mucho de la persona que lo ocupaba. Y Penélope se desvivía, al parecer porque todo estuviera a la perfección dentro de sus escasas posibilidades económicas. ¡Qué no haría si tuviera los recursos suficientes, si tuviera dinero a espuertas para malgastar a su capricho!

Ella decía que no era una señorita, pero se equivocaba de medio a medio; tenía talento de sobras para lucir como quisiera donde quisiera. Se preguntó cómo luciría un anillo en su dedo; el que él pensaba regalarle si las cosas iban bien entre ellos a partir de ahora. ¿Y por qué no iban a ir bien? El modo en que ella se le había arrimado, buscando protección y seguridad hablaba de necesidades insatisfechas desde sólo Dios sabía cuándo…

—Dame cinco minutos, ¿sí? Hay cerveza y vino en el frigorífico. Coge lo que más te apetezca. Ahora salgo.

Se encerró en aquel pequeño cubículo y le dejó fuera. Pero su cordialidad era buena señal. Le hizo caso y se sirvió una cerveza fría, a ver si así se le bajaba la calentura; notó un leve tirón en los riñones, y supo que si ella no salía pronto y lo aliviaba, iba a tener un problema.

Cuando apareció ante él, supo que definitivamente «iba a tener un problema»; no necesitaba mirar abajo para saber que su miembro cobraba vida propia por momentos y no era capaz de obedecer a su cerebro que le ordenaba paz y paciencia. Ella lo miró a los ojos, una muda pregunta:

—¿Estoy deseable, apetecible… lujuriosa, tentadora?

Él bizqueó pero no abrió la boca, simplemente la besó.

Este relato ganó un Premio en la Revista RomanTica's donde fue publicado (noviembre de 2012)

http://www.romanticasmagazzine.es/index.php/ganadores-rosas-romanticas-2009.html

viernes, 26 de junio de 2009

El final de un mito

Se nos ha muerto Jacko. A los cincuenta años, y de un modo un tanto inesperado. Al menos he de decir que yo me he quedado de piedra. Para los que tenemos treinta y muchos, la muerte de Michael Jackson supone el fin de un mito, de un icono, de una generación, la de los 80, que todavía tararea las canciones de aquel famosísimo y vendidísimo Thriller. Nos hemos quedado huérfanos de padre. (Consolémonos, aún nos queda Madonna: la madre). Aunque la vida de Michael había estado jalonada de escándalos en la última década, parecía que el hijo pródigo había vuelto a casa y con ganas de seguir dando guerra. Lástima por esos miles de fans que ya no podrán verle en Londres en julio. Es triste ver cuán efímera es la vida; cada vez que muere alguien, tenga la edad que tenga, a mí me da por replantearme mi vida, por valorar las cosas y la gente que realmente importan. Por relativizar la fama y el dinero. Y por hacerme buenos propósitos y plantearme nuevos retos. Por supuesto, ahora sus discos se venderán lo que no se vendieron en vida, fíjense en Larsson sin ir más lejos... La muerte vende. Y mucho. Pero yo prefiero disfrutar la vida, gracias. Te echaremos de menos, Michael. Pero nos queda tu música en el corazón.

jueves, 18 de junio de 2009

Gracias

Hola blogueros, ya acabé la tortura de los exámenes. Y ya me tenéis con vosotros... más o menos hasta septiembre. Este post es para darle las gracias a una persona estupenda que me ha animado muchísimo y me ha abierto una puerta a la esperanza. No tengo que deciros a estas alturas cuán difícil es publicar para cualquier escritor. Lo que supone ir de editorial en editorial, con el alma en vilo, esperando poco y recibiendo la mayoría de las veces el clásico: "Lo lamento, pero...". Por ello, siempre es importante, en este mundillo, conocer a alguien que conozca a alguien, quien a su vez conoce a alguien... Y hoy quiero dar las gracias por haber conocido a Nieves; seguramente la conoceréis casi todos... Es una bellísima persona y ¡¡¡acaba de sacar novela nueva!!!; gracias a ella, he conocido a mucha gente estupenda... y he podido ponerme en contacto con alguien que, de estar interesado en mi trabajo, podría brindarme la entrada al mundo editorial por la PUERTA GRANDE. Pero eso no es todo, no... Eso es, realmente, lo menos importante de este post. Yo le doy las gracias, sobre todo, por ser una excelente persona y una GRAN AMIGA.

Gracias, Nieves.

viernes, 5 de junio de 2009

Portadas





























Hola, guapos.







Muy brevemente:














Lola, colaboradora (o más bien hacedora) habitual del blog de Nieves Hidalgo, me ha hecho unas portadas monísimas para la novela; las pongo todas... y vosotros elegís con vuestros comentarios... De momento hay 4... Pero quizá añada alguna más...

jueves, 4 de junio de 2009

Orgullo Sajón. Nieves Hidalgo


Todos los años, como buena escritora y devoradora compulsiva de libros —especialmente novelas—, por Sant Jordi hago la ruta por el centro de una Barcelona casi siempre atestada en este día a la búsqueda de la novela “perfecta”.

La mayoría de las veces es un tormento elegir entre muchísimas novelas la única que te puedes llevar a casa (sobre todo en estos tiempos de crisis). Pero este año, gracias a los dioses y las diosas del panteón olímpico, lo tenía mucho más claro. De hecho, estaba elegido desde una semana antes: Orgullo sajón; sí, parecía predestinado a caer en mis manos. Cuando escribo mis novelas, nunca pienso en un lector en particular, ¡¡sería una locura!! Sin embargo, y esto te lo digo a ti, Nieves, se diría que creaste esta joya pensando en mí. Y sólo en mí. ¡Y eso que ni me conocías entonces!

De positivo, recalcar que el contexto histórico está muy logrado; yo, a pesar de estudiar Historia, no me veo ni de lejos preparada para escribir algo un poco parecido. Así que mis más sinceras felicitaciones a la autora.

Los personajes, aunque demasiado planos para mi gusto, se hacen querer, sobre todo él. En cuanto a Jacqueline, a mí me gusta otro tipo de heroína, menos deslumbrante; da la sensación de que sólo las guapas tienen derecho a vivir Historias de Amor… Creo que todas tenemos derecho a vivir una Historia de Amor de novela, aunque no tengamos los ojos violetas, ni una despampanante figura. Pero nuevamente, esto cabe achacarlo al género literario y no al autor, que se limita a repetir unas pautas ya establecidas previamente.

A pesar de que la novela romántica es mi género favorito para leer, y como he dicho ya en otras ocasiones, creo, las disfruto como una enana, me veo incapaz de escribirlas; no porque no me gusten como lectora, sino porque no me gustan los recursos del género, yo busco algo más humano, más natural, más acorde con nuestro tiempo, que es (o debiera ser) un tiempo de tolerancia hacia lo diferente. El papel de la mujer es muy limitado, y los hombres, salvo excepciones, responden a unos patrones muy concretos; yo prefiero bucear en la psicología humana más a fondo; creo que el alma humana es poliédrica y explorarla supone todo un desafío. Sin embargo, repito, disfruto inmensamente con las historias románticas, sobre todo las que tienen un trasfondo histórico, más aún si es medieval, y más específicamente, si se sitúan en ámbitos anglosajones.

Sólo me queda esperar seis días a que salga “Amaneceres cautivos”, para disfrutar nuevamente la espléndida prosa de nuestra querida Nieves…. ¡¡¡Ay, qué nervios!!!

jueves, 30 de abril de 2009

Out

Hola blogueros
Por motivos de exámenes finales voy a estar dos meses sin pasarme por el blog. I'm sorry!!!!!!! Estaré con vosotros nuevamente en julio y seguiremos nuestro contacto habitual. Me duele abandonaros pero... Primero la obligación... Y luego la devoción. Gracias por vuestra comprensión y vuestras visitas hasta hoy. Mi blog es mi casa, y me encanta que venga gente "a verme". Cuidaros mucho durante este "breve" lapso de tiempo. Y no os queméis en la playa... Hasta pronto!!!

Turismo en Lérida



















De arriba abajo:
1. Vista de la ciudad desde el campanario de la Seu (Catedral)
2. Claustro de la Seu
3. La Seu. Vista de la torre
4. La Paería (Ayuntamiento o Casa Consistorial) de Lleida
5. Castillo templario de Gardeny
6. Alrededores del castillo