sábado, 11 de abril de 2009
lunes, 30 de marzo de 2009
Agencias literarias. La larga espera

Hola guapos y guapas.
Aaaaaaaaaaaaah, por fin, esta tarde he enviado por mail (qué maravilla esto de la @rrob@, ahorra un pastón... ¡¡¡cuando recuerdo lo que yo gastaba en los viejos tiempos!!!) un pequeño adelanto de "Las lealtades..." a la agencia Sandra Bruna; me la recomendaron hace meses en varios foros literarios. Y ahora viene lo peor... O lo mejor, según se mire. La espera desafía la paciencia del santo Job; contando con eso, he hecho algo que no había hecho anteriormente: vender la piel del oso antes de cazarlo. Traducido significa que he empezado a mover la novela antes de acabarla; lo cual supone un pequeño riesgo.
Pero la experiencia (mala) me ha enseñado a contar con laaaaaaaaaaargas esperas y con cartas tipo "lo lamento pero no estamos interesados en su libro y blablabla..."; tengo unas cuantas (bastantes, de hecho); en el mejor de los casos, como sé que las cosas de palacio van despacio, este año he obrado de este modo para ganar tiempo. Porque mientras leen, deciden, no deciden, piensan, no piensan, etc, etc., yo aprovecho para acabar la novela.
Lo malo es que a mí siempre, SIEMPRE me pilla la Ley de Murphy. Justo cuando pienso que tengo mucho tiempo para acabarla... lo mismo me salen la semana próxima con una buena/mala sorpresa. Crucemos los dedos. Porque aunque tengo un talento natural para meterme en líos, quiero creer que esta vez estoy haciendo lo correcto y las cosas van a salir mejor que en años anteriores. Os iré informando puntualmente de los nuevos avances y noticias.
jueves, 26 de marzo de 2009
viernes, 20 de marzo de 2009
Tardor d'estiu. Mònica Esbert
Hola... Como sabéis, a principios de este año conocí a una nueva autora: Mònica Esbert; como a los escritores nos gusta, de tanto en tanto, encontrarnos y hablar, el otro día tuve una charla con esta estupenda mujer, y me pasó dos libros. He empezado con este porque es más breve; más adelante leeré el siguiente.
Pero a lo que vamos, para los que no sepáis catalán, la traducción sería más o menos "Otoño de verano", aunque ésto debería consultarlo con ella, porque probablemente encontraría una traducción más idónea.
Sé que suena un tanto contradictorio; de entrada es el título de un cuadro de tintes oscuros y pesimistas. La protagonista de la historia es una licenciada en Bellas Artes con un pasado abrumador a sus espaldas y una natural inclinación a visitar exposiciones de arte. En una de ellas encontrará a un enigmático personaje con el que iniciará una sorprendente conversación en la que desnudará parte de su alma.
A pesar de la brevedad es una gran novela; todos sabemos que una gran extensión no es por fuerza sinónimo de calidad narrativa; a veces en las pequeñas historias se esconde un gran tesoro. En esta novela encontramos preguntas interesantes que a veces no tienen respuesta... y otras sí. También los eternos temas que angustian al hombre. Y un final... No, no; para saber el final, tenéis que leerla...
Como ocurrió con El silenci sota l'aigua, la autora sabe encontrar las palabras precisas para cautivar al lector sin caer en la pedantería de las palabras rimbombantes. Os lo recomiendo. Si os interesa la autora, os pasaré, cuando lo tenga, el enlace de su blog.
El Maestro de la Inocencia. Tracy Chevalier
He acabado esta mañana. No esperaba que finalmente me conmoviera tanto. Decir que al principio no prometía mucho, a pesar de estar ambientada en mi adorada Londres; los primeros capítulos pasan con una lentitud exasperante… No es la típica novela que te lees de una sentada, sino que vas saboreándola despacio, tranquilamente, sin prisa y sin ansia. Quizá no promete un final desgarrador ni un espectáculo pirotécnico —fuegos artificiales— de primera magnitud...
Pero la ambientación del Londres dieciochesco es exquisita; con la persona y la obra literaria y plástica de William Blake y la Revolución Francesa de fondo. La trama gira —en buena parte— alrededor del circo de Philip Astley (personaje que yo creía salido de la imaginación de la autora y justo ahora al acabar descubro que es real). La autora juega con los sueños y las ilusiones; representadas por los artistas del circo por una parte y los grabados y poesías de Blake por otra.
Pero la ambientación del Londres dieciochesco es exquisita; con la persona y la obra literaria y plástica de William Blake y la Revolución Francesa de fondo. La trama gira —en buena parte— alrededor del circo de Philip Astley (personaje que yo creía salido de la imaginación de la autora y justo ahora al acabar descubro que es real). La autora juega con los sueños y las ilusiones; representadas por los artistas del circo por una parte y los grabados y poesías de Blake por otra.
Una tragedia personal, un oscuro secreto, mentiras, abusos... Todo esto y mucho más podéis encontrar en la novela de Chevalier. Un regalo para los sentidos... si sabéis apreciarlo. Personalmente, lo recomiendo. Aunque advierto que las prolijas descripciones de la autora pueden aburrir un tanto al lector que pide más acción y menos recreaciones paisajísticas .
miércoles, 18 de marzo de 2009
martes, 17 de marzo de 2009
Una mañana en el Registro
Hola, amigos...
El otro día... y después de casi ¡ojito, 7 años! crucé las puertas del Registro de la Propiedad Intelectual... Mmm, qué gusto da poder llevar nuevamente "un trocito de ti", de tu esfuerzo y tu ilusión para constatar que es tuyo Y DE NADIE MÁS.
Después de tanto tiempo sin aparecer por allá, mis mayores miedos eran
1. Que lo hubieran cambiado de sitio (calle, plaza...); algo muy común en la burocracia de nuestro santo país (mandarte de un lado para otro... y que pierdas la mañana).
2. Que hubieran puesto la tasa por las nubes... Que como hay crisis, y la tradición es aprovecharse del ciudadano de a pie... Pues eso.
Aaaah, ¡qué maravilla! Mis temores resultaron infundados.
Para los que viven en Barcelona, decirles que sigue estando en la calle Muntaner 221 (no olvidéis llevar la fotocopia del DNI); y en segundo lugar, aunque por supuesto han subido la tasa, tampoco es prohibitiva, no llega a cinco euros, y no importa la extensión de la obra ni los volúmenes que tenga (si tiene más de 1).
Probablemente, todos los que me leeis ya sabéis de qué va el tema, pero si por ahí anda algún despistado, o alguien que está recién empezando esta tortuosa carrera, pues la información nunca viene mal. Yo tuve que indagar mucho al principio y dar más vueltas que un ventilador, por eso valoro mucho la información que recibo y puedo dar a otros colegas.
Deciros que voy viento en popa... Y que pronto podréis tenerla en vuestras manos... Dios mediante, antes de acabar el año... Besitos...
miércoles, 11 de marzo de 2009
¡¡¡Bravo!!!

Blogueros míos, hoy estoy especialmente satisfecha y entusiasmada... Mi nueva novela va viento en popa... Cuando creía que estaba estancada y en punto muerto y absolutamente desesperada por ello, el domingo acabé la primera parte y voy a velocidad de crucero con la segunda. Cruzo los dedos a ver si la acabo a mediados de mayo como me propuse. Y hablando de proposiciones, os paso la que "podría" ser la imagen de portada, a ver cómo la veis.
martes, 10 de marzo de 2009
Yes, we can
De nuevo, mil disculpas porque debí subir este pequeño artículo el domingo 8, Día Internacional de la Mujer; pero tuve problemas con la conexión y hasta hoy... Gracias por vuestra comprensión.
Hola, blogueras, con a, en este día no podía dejar de comentar lo importante que es para nosotras, con a, la lucha a favor de los derechos y la igualdad de la mujer. Todos los medios se han hecho eco hoy de la lucha que todavía hoy en el s. XXI mantienen las mujeres por encontrar su sitio en la sociedad. Yo no podía ser menos.
Sabemos que se ha hecho mucho, pero no somos menos conscientes de lo que aún nos queda por hacer. En el año Obama podemos hacer nuestro su lema, y decir en voz muy alta y muy clara: Sí, nosotras podemos. Hoy quiero felicitar a todas las mujeres que visitan mi blog; felicitarlas porque son mujeres, porque viven en libertad, porque pueden elegir qué camino tomar y cual dejar atrás, por lo que han conseguido y por todo lo que aún les queda por conseguir. Por esos hijos que tienen y por los que nunca tendrán; por los hombres que las valoran y por los que nunca las valoraron, porque fueron estos últimos los que las enseñaron lo que no querían ser.
Sí, queridas: somos fuertes y somos poderosas. Podemos hacer todo lo que queramos, donde queramos, cuando queramos, como queramos. La lucha no ha acabado, pero los logros que hemos obtenido son los que nos mueven a continuar y a ser mejores. Felicidades mujer por ser mujer.
Sabemos que se ha hecho mucho, pero no somos menos conscientes de lo que aún nos queda por hacer. En el año Obama podemos hacer nuestro su lema, y decir en voz muy alta y muy clara: Sí, nosotras podemos. Hoy quiero felicitar a todas las mujeres que visitan mi blog; felicitarlas porque son mujeres, porque viven en libertad, porque pueden elegir qué camino tomar y cual dejar atrás, por lo que han conseguido y por todo lo que aún les queda por conseguir. Por esos hijos que tienen y por los que nunca tendrán; por los hombres que las valoran y por los que nunca las valoraron, porque fueron estos últimos los que las enseñaron lo que no querían ser.
Sí, queridas: somos fuertes y somos poderosas. Podemos hacer todo lo que queramos, donde queramos, cuando queramos, como queramos. La lucha no ha acabado, pero los logros que hemos obtenido son los que nos mueven a continuar y a ser mejores. Felicidades mujer por ser mujer.
viernes, 6 de marzo de 2009
Mil disculpas
Hola guapos, os pido mil disculpas porque anteayer subí unas fotos de mi viaje a Roma, pero no os dije nada, y alguno se habrá quedado un pelín extrañado al verlas, sobre todo si no ha estado antes en la ciudad. Poco a poco las iré subiendo todas, para que las vayáis viendo. También aprovecho para comunicaros que estoy en Facebook, por si alguien quiere pasarse por allí también. Ahora mismo estoy leyendo El maestro de la inocencia de Tracy Chevalier (La joven de la perla); a ver si la semana próxima lo acabo y subo la reseña. UN BESO MUY FUERTE A TODOS. Y BUEN FIN DE SEMANA ; D
miércoles, 4 de marzo de 2009
Dudas existenciales, bloqueos y otras paranoias del escritor
Hoy, 4 de marzo, hace 13 años que empecé mi primera novela; me he despertado esta mañana con ese pensamiento, y recordando cuáles eran entonces mis expectativas y mis sueños, y cómo ha cambiado todo a mi alrededor en ese tiempo. La vida te zarandea a su antojo y a veces mancha (como decía una película) y a veces hiere. Si sobrevives a sus vaivenes, lo mejor es que puedes escribir sobre ello. No siempre es fácil; le comentaba a una amiga hace días que esta cuarta novela que escribo tiene la virtud de despertar a los demonios dormidos; cada vez que abro el archivo para retomar el hilo es como abrir la caja de Pandora, de donde salían, según la mitología griega, todos los males del universo. Pero hay cosas que por mucho que nos duelan hay que exteriorizarlas, porque mejor es esto que llevarlas dentro y que te vayan carcomiendo lentamente.
No siempre me encuentro lo bastante fuerte para continuar, no ya con la historia actual, sino con el mismo trabajo de escritor; a menudo dudo de mi misma y mi papel en el mundo (en general) o me bloqueo, o me estanco y no sé por dónde seguir; igual que si me hubiera perdido en el desierto y todos los caminos me resultaran desconcertantes. Me consuela, aunque no mucho, saber que mis compañeros de fatigas pasan por situaciones similares. Y cuanto más tiempo pasa y más años me echo encima, las dudas son muchas más y mucho mayores.
Quizá se perdió aquella ingenuidad de los veintipocos, donde creías que con tu sola juventud podías "comerte el mundo"; hoy tienes más experiencia, por supuesto, y ves que el mundo "se te ha indigestado". Que a tu alrededor sólo hay codicia, y que los valores en los que creías a los 18 se han perdido.
Pero sigues adelante porque es el único camino que hay y el único que conoces; revuelves en el baúl de los recuerdos y entre juguetes rotos y trapos viejos encuentras el optimismo y la fe de los primeros tiempos, los coges y te los llevas contigo porque sabes que sin ellos no puedes continuar la carrera que empezaste ya ni te acuerdas cuándo. Y con ellos construyes las historias y las vidas de otros para demostrar al mundo y a ti misma que queda mucho que vivir y compartir.
esta entrada enlaza con la anterior "Por qué escribo"; reconozco que el tono no es tan optimista, pero éste es un espacio para liberarnos a través de la escritura. Y nuestras emociones y estados de ánimo no siempre son lo que quisiéramos...
Carnavales 2009
El club de las malas madres. L. Etxebarria y G. Bustos
Hola, blogueros; hoy presento libro de ensayo, manual de uso y consulta para madres (y padres) desesperados y/o en problemas. Confieso que hacía tiempo que esperaba nuevo libro de Lucía. Como sé que algunos/as de los que me seguís sois padres u os habéis planteado serlo (yo me lo he planteado, de hecho), pienso que este libro puede responder a algunas preguntas, quitaros de encima la losa de la culpabilidad (esto va para tantas madres que concilian vida laboral y familiar: un trabajo titánico, si me permitís decirlo) y reiros un rato, porque está escrito desde el cariño, el respeto y el sentido del humor. Lucía como madre, y Goyo como docente de educación primaria, nos hablan de sus experiencias con los niños. Yo no soy madre, pero como escritora me he tenido que meter en ese papel más de una vez, y de veras que se agradece contar con un libro como este. Ahora, en mi nueva novela, vuelvo a hacer "de madre" y voy a tomarlo, entre muchos otros, como libro de referencia; sobre todo porque Lucía (casi) nunca me defrauda; y esta vez no ha sido distinto. He pasado muy buenos ratos en ese club, y sé que las que sois madres en la vida real lo vais a disfrutar muchísimo más.
sábado, 28 de febrero de 2009
Graceling. Los siete reinos I. Kristin Cashore
Hay gente en estas tierras que tiene poderes extraordinarios a los que llamamos gracias. Una gracia puede tener un valor infinito o puede ser totalmente inútil. Una gracia puede hacer que alguien sea veloz como el viento, o que sea capaz de predecir el tiempo, mientras que otras sólo harán que hables al revés o te subas a los árboles. Mi nombre es Katsa. Soy un instrumento que mi Rey utiliza para castigar a sus enemigos. Mi gracia es matar.
El libro fantástico más aclamado del último año en todo el mundo.
A la venta el 16 de marzo
Roca juvenil
www.rocajuvenil.com
www.rocalibros.com/graceling
Las espinas del amor. Arlette Geneve
Mmm, hacía tiempo que no me dejaba «seducir» por una novela romántica de las de siempre; no es mi género preferido, vaya por delante, aunque de tanto en tanto lo coja con gusto y lo disfrute con ganas. No debería, pero ocurre con frecuencia, que leemos antes algo que venga «con referencias» que la obra de alguien desconocido, por muy buena que luego resulte ser la última. Y con esta idea cogí yo, de entre decenas y decenas de novelas, ésta que comento ahora.
Aunque amante de la historia en general, el siglo XIX no se cuenta entre mis favoritos; cuando catalogamos algo de «decimonónico» no es precisamente un cumplido, y por algo es. Para mí es, por antonomasia, el siglo de la hipocresía, de las habladurías, de los convencionalismos; un retroceso en el pensamiento libre con respecto a siglos anteriores como el s. XVIII o incluso el s. XVI, siglo de grandes cambios y avances, amén de los grandes descubrimientos científicos y geográficos. La figura de Napoleón tampoco es de mis preferidas; pero sí coincido con la autora en la talla de Goya, uno de los grandes de la época en su arte.
Aunque amante de la historia en general, el siglo XIX no se cuenta entre mis favoritos; cuando catalogamos algo de «decimonónico» no es precisamente un cumplido, y por algo es. Para mí es, por antonomasia, el siglo de la hipocresía, de las habladurías, de los convencionalismos; un retroceso en el pensamiento libre con respecto a siglos anteriores como el s. XVIII o incluso el s. XVI, siglo de grandes cambios y avances, amén de los grandes descubrimientos científicos y geográficos. La figura de Napoleón tampoco es de mis preferidas; pero sí coincido con la autora en la talla de Goya, uno de los grandes de la época en su arte.
La ambientación está muy cuidada, teniendo en cuenta que no es propiamente una novela histórica, sino una romántica «de época», que ni es lo mismo ni es igual. Los personajes, en su gran mayoría, se adaptan perfectamente a las modas y usos del momento; la trama está bien construida, aunque quizá se eche de menos un pelín de originalidad: la historia de «heroína ilegítima», aunque (casi) siempre funciona, está muy vista, y los devoradores de libros lo notamos enseguida; considero sin embargo que este tipo de novela está indicada para los que empiezan a introducirse en la lectura y buscan entretenimiento antes que erudición. Ya llegará el tiempo de mostrarse exigentes y críticos con lo que leemos. Y a veces no llega; hay gente que no critica nunca, y su derecho es tan legítimo como el nuestro.
El desenlace es demasiado previsible, y vuelta a la cuestión «originalidad»; me gusta que el autor me sorprenda y me descoloque; es obvio que ha de haber un «final feliz» en este género de novelas, pero hay mil y una maneras de hacer un final feliz sin caer en los tópicos.
El desenlace es demasiado previsible, y vuelta a la cuestión «originalidad»; me gusta que el autor me sorprenda y me descoloque; es obvio que ha de haber un «final feliz» en este género de novelas, pero hay mil y una maneras de hacer un final feliz sin caer en los tópicos.
domingo, 22 de febrero de 2009
Por qué escribo
Una de las peores —y más repetidas— preguntas que le hacen a cualquier escritor es: ¿Y tú por qué escribes? A pesar de todo, es de las más contestadas, a menudo con una larga perorata que más parece una biografía que otra cosa.
Tranquilos, no os voy a contar mi vida; eso ya llegará en unos meses. Pero como éste es un blog literario, me siento en parte obligada a contestar a esta pregunta, y en el fondo lo deseo. El autor es un ser ególatra y pocas situaciones le reportan más placer que aquéllas en las cuales se le presenta la oportunidad de hacer una declaración de principios sobre cualquier tema.
Lo mío no fue vocación infantil; nunca fui una niña repipi que presumiera de leer a los Grandes Clásicos en su etapa escolar, ¡nada más lejos de la realidad! Os confieso que yo, de niña, quería ser actriz; en el peor de los casos, casarme con un hombre riquísimo y guapísimo que me mantuviera a cuerpo de reina y me permitiera hacer lo que quisiera, y lo que más me gustaba entonces y me sigue gustando hoy: leer.
Ya de adolescente, empecé a mantener correspondencia con chicas de mi edad, generalmente de fuera de mi ciudad natal, por aquello de conocer «algo diferente»; el gusanillo de las cartas se me metió en el cuerpo y ahí, entre epístola y epístola, empecé a hacer «mis pinitos» como escritora, sin saberlo, porque yo no me veía como escritora en aquellos días. Sí me apasionaban los libros, sobre todo las novelas, y mucho más la narrativa del momento; los clásicos no me atraían en absoluto, salvo honrosas excepciones (siempre inglesas).
Tuve, como la mayoría de los niños, una «vena fantasiosa» muy marcada, y de tanto en tanto imaginaba historias truculentas, pero en ningún momento me planteé plasmarlas en un papel, y mucho menos hacer de ello una profesión ni nada parecido. En 1995 empecé algo que podía ser una historia, pero no pasé de unas pocas páginas; no lo veía claro, no me veía capaz.
En 1996 conocí a una de las personas más importantes y queridas de mi vida; al contrario que yo, ella llevaba años llenando cientos de páginas con sus historias, pensamientos y emociones varias. Usaba el papel y la tinta como terapia porque su mundo no era lo que ella deseaba; escribía para poder conjurarlo y cambiarlo a su gusto. Su entusiasmo por la escritura se me contagió un tanto, lo admito, pero el verdadero impulso me lo dio mi padre. Y pillé al vuelo el desafío como el perrito juguetón pilla el fresco y sabroso hueso que le lanza su amo. Y ahí empecé mi primera novela. Siempre que he escrito algo, me he propuesto compartirlo con los demás, y a ser posible ganar dinero con ello; como a todos, me gustan las cosas buenas, bonitas… Y caras.
Con todo, el dinero no es lo que marca mi vida; es sólo un medio para conseguir un fin. Confieso que la popularidad es más deseable para mí que el dinero; por eso mi narrativa, con todos sus fallos, es sencilla y va dirigida al gran público. Mi único propósito ha sido y es entretener al lector; no pretendo enseñarle nada, aunque siempre, como un poso del té, queda en mis historias una moraleja. Pero sólo es eso: mi pequeña y particular seña de identidad.
Tranquilos, no os voy a contar mi vida; eso ya llegará en unos meses. Pero como éste es un blog literario, me siento en parte obligada a contestar a esta pregunta, y en el fondo lo deseo. El autor es un ser ególatra y pocas situaciones le reportan más placer que aquéllas en las cuales se le presenta la oportunidad de hacer una declaración de principios sobre cualquier tema.
Lo mío no fue vocación infantil; nunca fui una niña repipi que presumiera de leer a los Grandes Clásicos en su etapa escolar, ¡nada más lejos de la realidad! Os confieso que yo, de niña, quería ser actriz; en el peor de los casos, casarme con un hombre riquísimo y guapísimo que me mantuviera a cuerpo de reina y me permitiera hacer lo que quisiera, y lo que más me gustaba entonces y me sigue gustando hoy: leer.
Ya de adolescente, empecé a mantener correspondencia con chicas de mi edad, generalmente de fuera de mi ciudad natal, por aquello de conocer «algo diferente»; el gusanillo de las cartas se me metió en el cuerpo y ahí, entre epístola y epístola, empecé a hacer «mis pinitos» como escritora, sin saberlo, porque yo no me veía como escritora en aquellos días. Sí me apasionaban los libros, sobre todo las novelas, y mucho más la narrativa del momento; los clásicos no me atraían en absoluto, salvo honrosas excepciones (siempre inglesas).
Tuve, como la mayoría de los niños, una «vena fantasiosa» muy marcada, y de tanto en tanto imaginaba historias truculentas, pero en ningún momento me planteé plasmarlas en un papel, y mucho menos hacer de ello una profesión ni nada parecido. En 1995 empecé algo que podía ser una historia, pero no pasé de unas pocas páginas; no lo veía claro, no me veía capaz.
En 1996 conocí a una de las personas más importantes y queridas de mi vida; al contrario que yo, ella llevaba años llenando cientos de páginas con sus historias, pensamientos y emociones varias. Usaba el papel y la tinta como terapia porque su mundo no era lo que ella deseaba; escribía para poder conjurarlo y cambiarlo a su gusto. Su entusiasmo por la escritura se me contagió un tanto, lo admito, pero el verdadero impulso me lo dio mi padre. Y pillé al vuelo el desafío como el perrito juguetón pilla el fresco y sabroso hueso que le lanza su amo. Y ahí empecé mi primera novela. Siempre que he escrito algo, me he propuesto compartirlo con los demás, y a ser posible ganar dinero con ello; como a todos, me gustan las cosas buenas, bonitas… Y caras.
Con todo, el dinero no es lo que marca mi vida; es sólo un medio para conseguir un fin. Confieso que la popularidad es más deseable para mí que el dinero; por eso mi narrativa, con todos sus fallos, es sencilla y va dirigida al gran público. Mi único propósito ha sido y es entretener al lector; no pretendo enseñarle nada, aunque siempre, como un poso del té, queda en mis historias una moraleja. Pero sólo es eso: mi pequeña y particular seña de identidad.
jueves, 19 de febrero de 2009
Siiiií, I'VE GOT THE POWER...

... el poder de asistir al concierto de Madonna en Barcelona el 21 de julio. Tengo la entrada... Crucemos los dedos, toquemos madera; hagamos conjuros, hechizos, magia blanca, negra, y del color que sea menester, ¡¡¡todo por el privilegio único de estar en ese concierto!!! Después de años y años de "no puedo por esto y lo otro y lo de más allá", por fin SÍ puedo. Sé que esto que os comento ahora no es muy "literario" que digamos; pero si leisteis "Musica y letra", mi entrada de enero, sabéis que para mí la musica está unida a la literatura como uña y carne, y sabéis también que Madonna es 1 de mis favoritas: lleva 25 años en el Top Ten. Tiene su lógica, pues. Si alguno va a ir, que me avise....
BESOS A TODOS.
I'M VERY VERY VERY VERY VERY HAPPY!!!!!!!!!!!!!!!!!!
miércoles, 18 de febrero de 2009
Peligros de la co-edición
Después de consultarlo con la almohada y leer muchos comentarios relativos al tema, he decidido hoy aportar mi granito de arena en este peliagudo asunto de la co-edición; varias personas han compartido sus experiencias en blogs y foros. Casi todas son desalentadoras. Están en estos últimos tiempos proliferando estas «editoriales», sobre todo en EEUU, tal y como dio a entender una de mis colegas escritoras; quizá allí exista un control más riguroso de estas «empresas», o quizá la legislación en el campo editorial sea como debe ser, y la gente actúe en consecuencia. No he estado nunca en EEUU, y no lo sé. Pero sé cómo es España, sé que es el país de «la picaresca» y de «la estafa»; todos los días un nuevo caso viene a darme la razón, y ya me gustaría equivocarme, ya. Aquí, en cuanto te descuidas un poco y te relajas, dando por sentado que la gente es tan honrada y profesional como tú, ¡te despluman!
Todos los escritores hemos soñado alguna vez con publicar. Vale, casi todos; habrá alguna excepción perdida por ahí; alguien que escriba como terapia, algún purista que trabaje «por amor al arte» y sin ningún ánimo de lucro (¿?)(¡!). Pero la mayoría de los mortales que una vez nos pusimos delante del papel (monitor) soñamos con ver nuestra obra en los escaparates. Esta ilusión natural y humana la utilizan estos «editores», en el mejor de los casos, para embolsarse una friolera de euros por libro editado a cambio de una edición muy reducida de la obra que apenas da para repartirla entre los amigos. Mejor no os digo lo que pasa en el peor de los casos…
Mi consejo, como el de muchos escritores, es que agotéis las vías tradicionales de agentes literarios y editoriales grandes y pequeñas; que siempre que os sea posible participéis en concursos, no importa la cuantía del premio (esto es algo simbólico en la mayoría de los casos); y que si aún así no obtenéis nada positivo pero pensáis que vuestro trabajo merece la pena, lo promocionéis en Internet a través de vuestros blogs y webs. No ganaréis dinero, pero tampoco lo perderéis; llegaréis a mucha más gente por muy poco o ningún coste.
Mi última recomendación es que no os dejéis llevar por las prisas; la precipitación es muy mala consejera. Aseguraos de presentar un texto «inmejorable», haced una buena carta de presentación y un currículum donde destaquéis vuestros mejores logros y algún que otro fracaso para hacerlo más creíble. Que somos humanos.
Y no paguéis; a la larga no merece la pena.
Todos los escritores hemos soñado alguna vez con publicar. Vale, casi todos; habrá alguna excepción perdida por ahí; alguien que escriba como terapia, algún purista que trabaje «por amor al arte» y sin ningún ánimo de lucro (¿?)(¡!). Pero la mayoría de los mortales que una vez nos pusimos delante del papel (monitor) soñamos con ver nuestra obra en los escaparates. Esta ilusión natural y humana la utilizan estos «editores», en el mejor de los casos, para embolsarse una friolera de euros por libro editado a cambio de una edición muy reducida de la obra que apenas da para repartirla entre los amigos. Mejor no os digo lo que pasa en el peor de los casos…
Mi consejo, como el de muchos escritores, es que agotéis las vías tradicionales de agentes literarios y editoriales grandes y pequeñas; que siempre que os sea posible participéis en concursos, no importa la cuantía del premio (esto es algo simbólico en la mayoría de los casos); y que si aún así no obtenéis nada positivo pero pensáis que vuestro trabajo merece la pena, lo promocionéis en Internet a través de vuestros blogs y webs. No ganaréis dinero, pero tampoco lo perderéis; llegaréis a mucha más gente por muy poco o ningún coste.
Mi última recomendación es que no os dejéis llevar por las prisas; la precipitación es muy mala consejera. Aseguraos de presentar un texto «inmejorable», haced una buena carta de presentación y un currículum donde destaquéis vuestros mejores logros y algún que otro fracaso para hacerlo más creíble. Que somos humanos.
Y no paguéis; a la larga no merece la pena.
miércoles, 11 de febrero de 2009
El silenci sota l'aigua. Mònica Esbert
El viernes, 16 de enero, tuve el placer de asistir a la presentación de un libro; y no cualquiera, sino uno galardonado con un premio. (Y con esto no pretendo menospreciar a todas aquellas maravillosas novelas que por cualquier razón no han sido nunca premiadas). Desde aquí quiero darle las gracias a Mònica por la oportunidad que me brindó. No acostumbro a acudir a presentaciones de libros, cosa que me reprocho constantemente porque sé que forma parte de mi profesión asistir a este tipo de actos, igual que a tertulias y/o conferencias sobre literatura y temas afines. Pero hasta hace poco tiempo trabajaba por las tardes y no podía hacer acto de presencia. El libro en cuestión es una novela; también se presentaron dos libros de poesía, pero como no es mi género, por el momento no entraré en el tema. El título de la novela de Mònica es El silenci sota l’aigua (El silencio bajo el agua).
Leo poco en catalán, lo admito; casi todo lo que leo, ya sea comprado o prestado (amigos, biblioteca…), es en castellano. Sin embargo, éste me atrajo desde el primer momento. Quizá porque la foto de portada es un cuadro de G. Klimt o quizá porque es sencillo y a la vez tiene el poder de atraparte incluso antes de haberlo abierto… Soy intuitiva a la hora de escoger libros; mi margen de error es muy pequeño, sólo ha habido un par de libros, sí, un par, o sea 2 libros que no me han gustado a lo largo de mi vida. Y desde luego, el que comento hoy no es uno de ellos.
Leo poco en catalán, lo admito; casi todo lo que leo, ya sea comprado o prestado (amigos, biblioteca…), es en castellano. Sin embargo, éste me atrajo desde el primer momento. Quizá porque la foto de portada es un cuadro de G. Klimt o quizá porque es sencillo y a la vez tiene el poder de atraparte incluso antes de haberlo abierto… Soy intuitiva a la hora de escoger libros; mi margen de error es muy pequeño, sólo ha habido un par de libros, sí, un par, o sea 2 libros que no me han gustado a lo largo de mi vida. Y desde luego, el que comento hoy no es uno de ellos.
Empecé a leerlo con un pelín de reserva por lo que os decía antes, de que apenas sí leo narrativa catalana —y en catalán—, pero me enganchó desde la primera página, desde el mismo título del primer capítulo… Y no paré hasta el final; hay libros que se te enganchan a la piel y no puedes desprenderte de ellos, a veces incluso mucho más allá del final.
Me encandilé con una prosa sencilla y ágil, con las palabras justas: sin carencias y sin excesos; unos personajes llenos de humanidad, como ese vecino tuyo de la puerta de al lado. Unas situaciones comunes dentro de lo extraordinario, y un fiel reflejo de la naturaleza humana, tema que desde chiquita me apasiona. Un final sencillo, sin melodrama barato, una relación en su punto justo de romanticismo, la de Liurna/Elisenda y Joan al final; ni un pelo de ñoñería, un equilibrio perfecto entre lo dicho y lo no dicho, lo que se intuye, lo que se lee entre líneas, lo que el lector imagina a su libre albedrío. Diálogos sencillos, directos, como si estuviéramos frente a una secuencia fílmica. Doy mil gracias a Mónica especialmente por esto, por enseñarme lo que sí se puede hacer en literatura; a veces una, como escritora, va un poquito perdida y siempre es bueno ver una señalización en el lugar adecuado.
Como no soy filóloga sino historiadora, no me extenderé más en aspectos lingüísticos; sólo un par de sugerencias a la autora. La primera, a ver si lo traduces al castellano para que llegue a más gente; es una gran historia y merece tener más público…, y a otros idiomas, claro. Y por favor, ¡¡¡¡escribe otra PRONTO!!!!
jueves, 29 de enero de 2009
Un mundo sin fin. Ken Follet

Hola a todos... Ayyy, por fin la acabé anoche. Y es que no es fácil acabar en poco tiempo (1 semana) una novela de casi 1.200 páginas... sobre todo si tienes otras muchas cosas que hacer, y además escribes tu propia novela que también se lleva su tiempo, os lo digo yo. Pero a lo que vamos... De veras que no me esperaba este folletín, que por momentos me recordaba las telenovelas del mediodía... Leí Los pilares de la tierra en otoño de 2003, y reconozco que o me olvidé de casi todo... o esto que acabo de leer tiene muy poco que ver. La ciudad se mantiene, el rigor histórico también; los personajes presumiblemente son descendientes de los que se vieron en la anterior novela del autor. Pero el tono, el estilo, y sobre todo la caracterización de los personajes es, o me parece ahora, mucho más fantasiosa. La protagonista es una heroína típica de folletín, de las que pasa por tropecientas mil adversidades y aventuras varias antes de conseguir lo que quiere. Y a quien quiere. Personajes los hay para todos los gustos; el período histórico es convulso políticamente (la Inglaterra de Eduardo III, aderazada con la Guerra de los Cien años y la Peste de 1348), y la sociedad, la Iglesia y el feudalismo son los típicos de la época. He observado mucha pasión y mucha fuerza narrativa; y un estilo con mucho vigor. Aunque se echa de menos que el autor "se moje" más en algunos temas que deja irresolutos, aunque con gran naturalidad, de modo que sólo los que escribimos vemos que podría haber sido mejor de lo que es. Aunque sobre gustos no hay nada escrito; y siempre hay lectores más exigentes que otros. Recomendarla a aquellos que les guste la Edad Media, aunque ahí hay demasiado recurso a los tópicos; a los que les gusten las historias de amor, se diría que aquí Follet se nos ha puesto muy romántico y pasional... bastante más que en Los pilares... Y desde luego, no se la sugiero a la gente que no tenga tiempo o se asuste con un libro de más de cien páginas. Que los hay, os lo aseguro. Y no digo más porque os revelaría la historia. Que no es plan...
jueves, 22 de enero de 2009
miércoles, 21 de enero de 2009
Escapada facultativa
Mis queridos visitantes, recordaros que desde el día 2 de febrero y hasta el día 7, estoy en Roma con los colegas de la uni; si queréis dejar comentarios, libremente, como siempre, aunque yo no podré contestarlos hasta mi regreso. Colgaré fotos, colgaré fotos... Y engordaré otros diez kilos!!!! Mamma mia... Adoro la cocina italiana!!
lunes, 19 de enero de 2009
Información
Hola a todos; os informo de la nueva dirección de correo electrónico a donde podéis enviar comentarios personales que por cualquier razón no queréis dejar en el blog a la vista de otros. Ya sean relativos a mí o a mi trabajo como escritora. UN BESO
jsilesortega@yahoo.es
jsilesortega@yahoo.es
El juego del ángel. C.R.Zafón
Hola, entro en el blog para dejar mis primeras impresiones sobre la última novela de Ruiz Zafón; decir que tardé aproximadamente 6 días en leerla; teniendo en cuenta que no empleaba en dicho placer las 24 horas del día, puede decirse que fui relativamente veloz. ¿Por qué? Porque una vez empezada, no podía parar. El ritmo es más trepidante que el de La sombra del viento; la prosa tiene mucho en común, pero aquí se desencadenan los acontecimientos de modo casi vertiginoso a partir del último acto (la novela está estructurada en 3 actos). Recomiendo el libro especialmente a todos los llamados a realizar alguna labor literaria y/o editorial a lo largo de su vida. Como escritor de éxito que conoce bien el panorama, nos describe con acierto e ironía los tejemanejes, algunos más turbios que otros, del mundillo (apasionante) de los libros. También habla de vanidad, de mediocridad, del alma y del diablo... Hay amor, odio y sentimientos encontrados, igual que en su novela anterior. En algunos puntos la supera... Y en otros no acaba de llegar a su exquisitez. El personaje de Daniel Sampere y el de su padre vuelven a aparecer... como una continuación; la Barcelona de primeros del siglo XX está, como ya es habitual en Zafón, descrita con un preciosismo que yo encuentro más femenino que masculino. Es una prosa bonita, quizá demasiado para una novela que sólo pretende ser comercial. Las imágenes tan bellas que nos ofrece no casan muy bien con la idea que el público general tiene de un súperventas. De todos modos, os lo recomiendo. Yo lo he disfrutado.
viernes, 9 de enero de 2009
Novela sobre el mundo editorial
Hola, justo cuando cerré el ordenador después de subiros el comentario sobre el Nadal, recuerdo que tenía que comentaros un libro, novela de humor más bien, cuya trama gira alrededor de escritores, editoriales y ¡cómo no! agentes literarios. No es nuevo, es de 2005 la edición de bolsillo; la autora es una joven irlandesa que ya tiene mucho éxito tanto en su país como aquí en España. El libro se titula: ¿Quién te lo ha contado? y la autora es Marian Keyes. No sólo nos habla de un tema que ella, como escritora de éxito, conoce muy bien, sino que lo hace en clave de comedia romántica para que más allá de los sinsabores de la profesión, veamos cómo vive un escritor/a de éxito su día a día. Os lo recomiendo porque, cuanto menos, os hará pasar un buen rato.
El Nadal: un círculo infernal
El miércoles me desperté con una noticia agridulce: la entrega de los premios Nadal en su 65ª edición. Agridulce porque siempre estoy interesada en saber quién es quién en el mundillo literario, qué sale y qué no, y en definitiva estar al tanto de las novedades; por otro lado me llevé la enésima decepción al enterarme de quién es la ganadora del presente año: Maruja Torres. Vaya por delante que no tengo nada, ni a favor ni en contra de esta señora... Lo que me provoca pesar y frustración es observar, un año más, que el premio se mueve entre una reducida y elitista rueda de famosos que, en un círculo infernal, van rotando de año en año por los diferentes premios literarios; en consecuencia, y con honrosas y muy selectas excepciones, siempre ganan los mismos. Para el ingenuo escritor novel que en algún momento ha pensado presentarse a concursos de de tal envergadura, una noticia así resulta cuanto menos desmoralizante. ¿Hay que pertenecer a algún tipo de "hermandad" literaria para entrar en este círculo, participar en secretos ritos de iniciación para ser uno de los elegidos? No me trago el cuento de que sólo cuenta una buena historia. ¿Es realmente un tongo, está realmente amañado, comprado de antemano? Sé que más de uno que visita este blog o los foros habituales sobre el tema literario, ha pensado en alguna ocasión presentarse a algún tipo de certamen literario (yo me presenté al susodicho Nadal en 2000 con No somos dioses) y habéis fantaseado con obtener el dinero de tan preciado galardón, y encontraréis el artículo interesante para el debate. Quisiera conocer vuestra opinión de primera mano.
martes, 6 de enero de 2009
Música y letra
Tanto si te gusta Zafón como si no, es innegable que toda novela tiene una banda sonora que actúa de telón de fondo. Él ha sido de los pocos, por no decir el único, que se animó a componer su propia banda sonora para La sombra del viento; yo, que nunca he sido aficionada al solfeo ni hábil con las notas musicales, me veo limitada a “utilizar” el talento ajeno. Por ello, siempre que empiezo una nueva novela busco entre toda mi discografía lo más ideal y que más se adecue tanto a la historia como a los personajes que en ella intervienen. Cada canción es en esencia una pequeña historia, y cada historia tiene una canción (o muchas) que la acompaña. El cine en sí mismo no es sino una historia con música e imágenes en movimiento. Si quitamos las imágenes, nos quedan las famosas radionovelas que aquí hicieron furor en los años cincuenta. El escritor necesita muy a menudo rodearse de todo aquello que le ayude y le alivie el peso de su tarea, las más de las ocasiones solitaria (ver también en este blog La soledad del escritor). Y la música bien puede ser no sólo una excusa para “recargar las pilas”, sino fuente de inspiración para una o incontables “escenas”. Dijo alguien que la inspiración no existe, sólo hay trabajo, y trabajo duro. Sin querer quitarle mérito al trabajo duro (y técnico) de la escritura, discrepo y afirmo que la inspiración es importante. Por supuesto, no lo es todo. La inspiración, ni siquiera la que nos ofrece la mejor música, no sirve por sí sola para llevar a buen puerto las ideas que nos rondan por la cabeza. Pero ¡Jesús, lo que ayuda! A mí me ayuda, e imagino que a muchos que leéis este artículo del blog, y que como yo escribís más o menos profesionalmente, también os echa un cable, ni que sea aportando esa pequeña inyección de energía que a veces, por mil motivos distintos, nos falla en los momentos cruciales. Un compositor es a menudo un poeta; un letrista lo es de hecho. Y pueden enseñarnos tanto o más que nuestros colegas escritores. No desestimemos el poder terapéutico de la música, ¡es inmenso! Si lo aplicamos al trabajo cotidiano, podemos no sólo sentirnos bien física y anímicamente, sino de paso hallar ese cabo del cual tirar para desenrollar y desarrollar nuestra labor.
La soledad del escritor
Algunos de los más renombrados escritores y escritoras en todo el planeta recomiendan al escritor novel, o no tanto, reservarse un tiempo para desconectar de la sociedad y sus múltiples vicios y tentaciones, y de la civilización urbanita de nuestros días; recogerse en una pequeña y escondida casa en un remoto pueblo de la geografía española (o mundial, dependiendo del presupuesto de cada cual), y ocuparse exclusivamente en dar rienda suelta a su talento, o lo que sea que necesite o tenga a mano para escribir. Eso, digo yo, es tan maravilloso como imposible para el común de los mortales; un privilegio de pocos. Se necesita dinero. Mucho. Y tiempo. Mucho más. Y esto último no sólo es bien muy escaso, sino que además no se genera ni fluye cíclicamente como el primero. El tiempo que se va, que desperdiciamos tantas veces en tonterías, que se nos escurre entre los dedos como finísimos hilos de agua, no vuelve. Sería maravilloso, sí, poder aislarse de todo aunque fuera, no por unos días, siquiera por unas horas o unos breves minutos que se hacen nanosegundos cuando nos concentramos en algo tan absorbente como la literatura, ya sea propia o ajena. Yo reconozco con humildad que nunca hasta ahora he podido darme semejante lujo. A lo máximo que puedo aspirar es a la soledad de mi dormitorio-despacho-biblioteca. Allí intento, muchas veces en vano, desconectar de lo que me rodea. Trasladarme a otra dimensión, transportarme a otros mundos que son sólo míos hasta el momento en que decido compartirlos con los lectores, y creer y crear… Creer que mis creaciones pueden llegar a ti y a tantos otros que me esperan. Hay un tiempo para empaparse de todo y todos los que nos rodean, y un tiempo de soledad para construir nuestro propio mundo a partir de todo lo que nos han dado, lo que han compartido con nosotros, lo que nos han prestado… o lo que, con alevosía o no, le hemos robado al mundo. Y no hablo de plagio ni de piratería, sino de sensaciones, sonidos, colores, olores, palabras pronunciadas en la calle, durante el trayecto en tren o en autobús, en los probadores de unos grandes almacenes o en el ascensor de tu edificio… Sí, debe de ser maravilloso perderse en una isla desierta sin más compañía que tu sombra, y que nada ni nadie influya en tus pensamientos o en tus sensaciones más íntimas. Y es que a veces el comentario mejor intencionado puede ser muy perjudicial para la creatividad o el impulso del escritor.
sábado, 27 de diciembre de 2008
Año Nuevo
Hola, blogueros; ya se nos acaba 2008; para mí ha sido un año de muchos y muy diversos cambios; con mucho de positivo y otro tanto de negativo. Pero en conjunto tengo mucho por lo que alegrarme. Este año he conocido a gente fantástica, con inquietudes y objetivos muy similares a los míos. Me he metido en los foros literarios y he descubierto que somos multitud los que escribimos; ¡¡¡eso es genial!!! Algunos además han visto publicada su obra este año, ¡enhorabuena a todos ellos! Y otros hemos encontrado la inspiración, las fuerzas, los ánimos, el estímulo para empezar o continuar la historia que nos rondaba por la cabeza. A todos y todas, ¡Feliz Año 2009! Es mi deseo y mi esperanza que cada vez seamos más, y cada vez seamos mejores comunicadores. Y a todos los que habéis visitado mi blog a lo largo de este mes, MUCHÍSIMAS GRACIAS. Es vuestro, ya lo sabéis...
viernes, 26 de diciembre de 2008
No somos dioses. Capítulo 1
© Julia Siles Ortega. 2005. Todos los derechos reservados
© All Rights reserved
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Un par de gaviotas sobrevuelan la playa en un cielo gris de finales de septiembre. Las olas mueren en la arena, bañando mis pies, dejando en mi piel sabor a sal. Nada volverá a ser lo mismo, ni yo ni los míos. La vida me había llevado hasta una carretera que se bifurcaba: cielo e infierno; vida y muerte; calor y frío; Roberto y mi padre. Y a un secreto: el de mi madre.
El mar siempre ha sido mi aliado, y andar por la orilla me proporciona una paz inigualable e inexplicable. Se ha cerrado un pasado a mis espaldas, y se abre un futuro ante mí. Llegó la hora de reordenar el mobiliario de mi cabeza: desterrar viejos hábitos y recuerdos para dejar paso a los grandes cambios que se están produciendo en mi vida y a mi alrededor.
Me recojo el vestido; otra vez se ha mojado. Me pasa a menudo. No es muy largo, apenas me llega a las rodillas; pero en días como hoy el mar se embravece a estas horas, cuando declina el sol, y si no tienes cuidado en apartarte, acabas empapado de agua. Y para mí esa sensación es agradable, muy agradable. Casi todos los vestidos que tengo, salvo los de noche, me los pongo para pasear por la playa. Resultan muy femeninos, y el cuadro aparece muy romántico bajo este cielo de matices rosados. Todos los vestidos son de gasa, hilo o viscosa, y los colores son blanco, azul o negro.
Desde la playa veo los dos montes; a la izquierda: el monte Igeldo; a la derecha: el monte Urgull. Siempre me ha gustado esa figura paisajística donde los dos montes delimitan y casi protegen las playas. Y cuando uno cree que ahí, en el monte Urgull, acaba todo... Oh, ¡sorpresa! ¡Otra playa! Sí, la playa de Gros.
Sobre los riscos se eleva, construida en mármol y granito, nuestra casa. Para aquél que nunca haya estado en San Sebastián, señalaré que nosotros vivimos en el Paseo del Faro, en las faldas del monte Igeldo.
Si uno se asoma a cualquiera de nuestras terrazas y miradores puede ver, abajo, la playa de Ondarreta: recogida e íntima, apenas mayor que una cala. Mirando más hacia el este, ve el Paseo de La Concha, la playa y la bahía. Puedo enorgullecerme de ser hija de La Perla del Cantábrico, tal y como es reconocida con merecida justicia esta ciudad mía.
Desde mi habitación, más allá de la playa, se divisa la isla de Santa Clara. Apenas parece de juguete en ese mar profundo y frío.
Si alguien compra algún día nuestra casa, pagará por las vistas. No hay otras iguales en toda la ciudad.
De todo lo que me ha rodeado siempre, lo que más he querido y admirado ha sido la biblioteca de mamá. Cientos de libros, algunos escritos de su puño y letra; últimas novedades editoriales como Pequeñas infamias y Nosotras que no somos como las demás se mezclan con los clásicos como Don Quijote, El Lazarillo de Tormes, Los Episodios Nacionales... O Marinero en Tierra y Poeta en Nueva York; y con novelas que estuvieron de moda hace dos o tres décadas... El factor humano, Últimas tardes con Teresa, o Réquiem por un campesino español. Allí me he sentado infinidad de veces, en los sillones de cuero verde. Y me he quedado dormida más de una noche con el libro abierto sobre mi pecho. Ese es ---y será--- mi rincón, mi pequeño refugio casi secreto. Pero no el único.
Quizá debería hablar de los jardines japoneses y del huerto murciano, o de los rosales y malvarrosas que amorosamente cuida el señor Izagirre, nuestro simpático y diligente jardinero. O quizá de la piscina: un estanque natural donde en otro tiempo nadaron pececillos de colorines, y ahora nadamos nosotros.
Pero hablaré de mí y contaré mi historia...
Nunca me ha parecido tan bonita la casa, el mar ni San Sebastián como hoy. Tal vez sea porque he tomado la decisión final respecto a un asunto que me atormenta desde los doce años, y también porque he conseguido arrancarle a papá la promesa de que iremos a París en Navidad.
No es una gran promesa y tampoco necesito su permiso para pasar unos días en la sempiterna capital del amor. He vivido con un pie en San Sebastián y otro en Madrid desde que puedo acordarme. Sé exactamente cuánto dura el vuelo; y el paisaje que se divisa desde la ventanilla lo tengo aburrido. Más aburrida aún es mi vida en los platós de televisión. He crecido allá.
Toda historia tiene un principio y un final.
El final lo escribiré esta noche junto a mi hombre. El principio venía de muy atrás.
Cuando el treinta de abril de 1984, a las tres y media de la tarde, salí del vientre de mi madre y vi la luz del sol, después de nueve meses de oscuridad, lo primero que dijo ella nada más verme fue: “La semana que viene la llevaré a un casting”. Mamá quería que hiciera carrera en la televisión; para ser más exactos: con los anuncios de televisión. Todos pensaban que bromeaba; reconozco que ya entonces no estaba nada mal, y no he hecho más que mejorar con los años.
¿Soy una creída?
Sí. Si no te lo crees a los quince, ¡Dios, ¿cuándo vas a creértelo?! A lo que iba, nadie la tomó en serio, y eso que todos veían lo mismo que ella: un bebé de carita graciosa, rubia, con los ojos grises; ni muy gordita ni muy canija, con unas manitas y unos pies monísimos, y una sonrisa angelical. Ésa era yo.
Mamá es escritora; yo me llamo Leire en recuerdo de su primera y más querida heroína del papel. Todos me admiraron en la clínica, y horas después alguien le preguntó a mamá si realmente hablaba en serio cuando dijo lo del casting. Mamá movió enérgicamente la cabeza en señal de asentimiento. Y le dieron la razón.
Papá sonreía condescendiente; adoraba a mamá, y todo lo que ella decía iba a Misa. Podía haber dado su opinión si hubiera tenido una a mano, pero la noticia le pilló totalmente desprevenido; yo era la viva imagen de papá, y mamá estaba loca de contento por ello.
Como ya tenía a su niña guapa, no se mostró demasiado desilusionada cuando nació mi hermana Idoia y vio sus ojos castaños, su cara de monito y sus rizos negros. Por aquel entonces yo ya había anunciado casi todo lo que un bebé puede anunciar en la tele. El nacimiento de mi hermana lo viví como un sueño, dicen que no me separaba de ella y que la quería con locura; igual que hoy. Y fuimos creciendo; yo delante de las cámaras; ella tranquilamente en casa, jugando y viéndome a mí en la tele. “¡Lele, Lele! ---dicen que gritaba cuando me veía---. Lele, tele; Lele, tele”.
¡Qué suerte ser normalita!
No es que a mí me haya ido mal, pero ¡la de partidas de Monopoly y Trivial que me he perdido por andar siempre de un lado a otro! Claro que Idoia no ha jugado mucho al Monopoly tampoco. Al Trivial sí.
Más o menos cuando aprendió a leer y a escribir, se le metió en la testera que quería ser médico. Y aún está en ello. Va a empezar el cuarto curso de la E.S.O. Yo también estudio; estoy en último curso, pero a trancas y barrancas porque estudiar no es lo mío.
Idoia es una empollona de tomo y lomo. La nota más baja que ha sacado en su vida de estudiante ha sido un notable alto. Y fue en gimnasia, así que ya se lo puede uno imaginar.
Yo lo he intentado, lo juro; durante todos estos años he intentado sacar algo más que un suficiente en los exámenes de junio. Pero no ha habido nada que hacer; la inteligencia es patrimonio exclusivo de Idoia. Cuando estaba en cuarto de primaria, mamá me puso tres profesores particulares durante el verano. Había cateado seis, ¡seis! ¡Qué desastre! Hasta me amenazó con no dejarme hacer más anuncios. Pero lo cierto es que ella era la primera a quien se le caía la baba de puro gusto y orgullo cuando me veía anunciando los Kellogg’s y las galletas María. No creo que hubiera resistido el shock emocional de no verme entre escena y escena de culebrón televisivo. Y es que yo nací para hacer carrera delante de las cámaras.
Después de quince años empezaba a hartarme de tanta televisión; antes del verano, en plena fiesta de aniversario en la Playa de La Concha, Elena (mi vecina y mejor amiga desde siempre) me dijo lo que ella haría en mi lugar y con mi cuerpo serrano: meterme en una agencia de modelos. Reí; ni se me había pasado por la cabeza. Los anuncios de la tele fueron ideas de mamá. Pero Elena me miró, muy seria, y me dijo que era rematadamente tonta si me conformaba con anunciar compresas.
“¿No te gustaría anunciar perfumes caros?”, me preguntó. Y ¡joder, me entró el gusanillo! ¿A quién no le gustaría anunciar algo de Carolina Herrera, Ralph Lauren o Calvin Klein? La idea era seductora, como también lo eran las pasarelas.
Me miré de arriba abajo. Un metro setenta y siete. No estaba nada mal, pensé, en un momento en que ni las modelos de pasarela son como jirafas. Tenía que estudiarme a fondo, desnuda y delante del espejo. Esa noche haría un reconocimiento completo de mi persona a solas en mi habitación.
Cuando yo nací, mamá vistió una habitación de treinta metros de encajes, puntillas y tiras bordadas. Todo conjuntado, todo pasteloso. Menos mal que no lo recuerdo, y a nadie se le ocurrió nunca hacerle una foto a esa cursilada que era mi habitación.
Nació Idoia y mamá lo cambió todo; puso la habitación patas arriba y la redecoró en azul cielo y gris perla. Quedó bastante más decente. A mí me compró una cama de madera de cerezo, con dosel incluido, y a Idoia le preparó la cuna clásica. O sea, la mía, que era blanca.
Y el día que yo cumplí cuatro años, mamá decidió que cada una debía tener su propia intimidad. Era muy maniática con eso de la intimidad. Supongo que le venía de familia. Arregló una de las tres alcobas con vistas a la playa, y me instaló allí. Desde entonces me imbuí del olor y el color del mar.
Idoia se quedó en la habitación redecorada por segunda vez, ahora en verde manzana. Y ahí sigue. Durante todos estos años le ha ido muy bien; dice que la relaja mucho. Yo sigo pensando que no acaba de encajar con ella, y es que hay que verla. En verano... y durante el resto del año.
A ver, ¿cómo decirlo?
¿Recordáis Pulp Fiction?
¿A la chica de los piercing?
Ésa es mi hermana.
Es como un tenderete de bisutería con piernas. Y ahora que mamá le permite hacer top less, no perdió ocasión para enseñarnos los cuatro nuevos: dos en cada pezón. ¡Qué angustia! No sé cómo lo aguanta. Pero le gusta. En fin, supongo que es su cuerpo y que, como dice mamá, puede hacer con él lo que le dé la gana. Y yo también... ¿por supuesto?
Como no me van los tatuajes ni el piercing, no engordo, apenas puedo ser ya más alta, no tengo nada que quitarme ni nada que ponerme (de silicona), y acababa de renovar todo mi guardarropa con los regalitos de mi cumpleaños; lo único que cabía hacer para cambiar era cortar mi larga, sedosa y abundante melena, de un tono rubio dorado que todo el mundo envidiaba. Tampoco representaba ninguna novedad.
Todos los veranos, Idoia y yo llevamos el pelo corto; y cuando digo corto, quiero decir ---más o menos--- como los marines americanos. Es un ritual sagrado que, al igual que la vigilia de Semana Santa, no admite excusas. Como siempre ha sido así, nos hemos acostumbrado y ya está.
La idea era de papá, que se chiflaba por verme con el pelo corto. Decía que parecía un muchachito travieso, y cuando a los cuatro años me salieron algunas pecas... ay, entonces sí que se le caía la baba. A mamá también le gustaba muchísimo vernos así, y le resultaba muy cómodo. Yo me hice a la idea y ni me preocupé. Me divertía incluso.
Como mi pelo crecía muy deprisa, cada verano el peluquero me cortaba una generosa cabellera que rozaba mi cintura. Él disfrutaba muchísimo, lo reconocía, y yo me distraía comiendo las chucherías que me daba papá ---siempre nos ha acompañado a mí y a Idoia al peluquero--- y viendo cómo caían mis dorados mechones al suelo; algunos los apartaba cuando me molestaban. Sin miramientos ni pena.
La verdad, estoy muy guapa con el pelo corto; bueno, creo que papá me lo dijo tantas veces que acabé creyéndolo a pies juntillas. Él decía que si llevaba el pelo largo no se me veían los ojos (por esa misma razón, nunca en la vida había llevado flequillo), y que eran lo más hermoso que poseía. Así que Idoia y yo ya sabíamos lo que tocaba en junio. A Idoia también le queda muy bien el pelo corto, aunque tan rizado, parece una negrita porque, además, en verano se le pega el sol cantidad, y con tanto abalorio... No podíamos ser más diferentes. Nadie nos hubiera tomado por hermanas. ¡Ni loco!
Este año, empero, fuimos antes al peluquero; justamente el día de mi cumpleaños. Me hicieron una trenza gruesa y muy larga, de ésas que venden en las posticerías, y me la cortaron. Papá la exigió; la quería para guardarla en su despacho, probablemente bajo llave, como un recuerdo. El peluquero se la entregó. Jamás nadie ha podido negarle nada.
¡Dios, cuánto me arrepentí de no haberme rebelado contra papá, de haber permitido que me cortaran el pelo, mi precioso pelo, y tan corto! Sobre todo después de la proposición de Elena; cuando aquella noche me miré al espejo me entró un poco de vergüenza; la vergüenza dio paso a la rabia, y mis ojos se llenaron de lágrimas de desesperación por primera vez. Me habían puesto la miel en los labios para luego arrebatármela. No podía ser modelo si ni siquiera podía elegir cómo llevar el pelo, mi pelo. No quería ni pensar en ello. No me veía en absoluto femenina como las modelos que paseaban descaradamente sus cuerpos con movimientos cimbreantes que aún debería aprender.
Pero pese a mi desesperación, vi un rayito de luz: lo consultaría con mamá.
Quizás ella me comprendería, me consolaría y me animaría; y me diría que era guapa a pesar de todo. Idoia vivía en otro mundo. Y ya sabía que a papá no le haría mucha gracia. Papá quería tenerme para él en exclusiva. No toleraba la idea de compartirme con nadie.
Mamá se mostró entusiasmada con la idea.
“Qué pena que tu padre todavía esté emperrado en que lleves el pelo corto”, comentó con profunda tristeza. “Pero no es el fin del mundo ---continuó---; ahora está de moda casi todo, y tú eres guapísima”, me dijo, dándome un beso. Añadió: “Iremos a Barcelona. Hay un par de buenas agencias allá” “Ya estoy un poco harta de Madrid, y creo que tú también” “¿Conoces a algún buen fotógrafo? Yo sé cómo funciona este mundillo; recuerda el libro que escribí hace un par de años; no creo que las cosas hayan cambiado mucho desde entonces” “Necesitas tu propio book, y a tu propio booker o representante; y un composit o catálogo con tus características. Pero empezaremos por el book; una impecable colección de tus mejores fotos.”
Y comenzó nuestra aventura.
A mediados de mayo me admitieron en la Francina New Modeling School, en Barcelona, para asistir a un cursillo de verano que empezaría a primeros de julio, donde debería probar hasta dónde podía llegar, y si tenía la constancia, la voluntad de hierro y la capacidad de sacrificio que la profesión requiere. De entrada, les encantó mi fotogenia y conocer todos mis trabajos en televisión. Ya me dijo mamá que eso me ayudaría.
Papá protestó mucho y le gustó muy poco nuestra aventura en Francina.
Una noche de finales de mayo me dijo que seguía siendo una menor y que seguía estando bajo sus órdenes. Yo jamás lo había visto desde ese punto de vista. Pero caí en la cuenta de que, en realidad, siempre se había hecho todo lo que él quería. Y aquella noche se le metió en la cabeza que “iba a vigilar que el pelo no me creciera más de lo conveniente”. Y ya se sabe que su idea de lo conveniente es muy poco femenina.
Pero cuando le besé cambié su humor.
¿He dicho que papá adoraba a mamá?
Es cierto... o lo fue en su día. Sin embargo, ya no. Papá está enamorado de mí. Y así ha sido desde que nací. No es que no quiera a Idoia o a mamá; es un cariño distinto. A mí me ama como a una mujer, y me lo ha demostrado como se lo demuestra un hombre a una mujer.
Al principio tenía remordimientos, pero mamá es una mujer de mucho mundo y lo descubrió antes que él mismo. Solamente le rogó que no me forzara. Yo tenía doce años, y acababa de hacer el cambio. Los pechos me habían crecido mucho, y de la noche a la mañana; mi cuerpo estaba hecho de curvas, y al mirarme más allá del ombligo vi que, apenas sin enterarme, había aparecido el vello púbico: una suave pero abundante pelusilla dorada que cubría mi particular Monte de Venus. Ya no era su muchachito. De golpe, me había convertido en una mujer. Criaturas ingobernables y caprichosas, como las llamaba él.
Nuestra primera noche fue mágica; hubo luna, estrellas, fuegos artificiales... y mucho, mucho amor.
No era casualidad que me hubiera cortado el pelo esa mañana, que eso le volviera loco de pasión, y que a mí también acabara por excitarme. Mientras besaba mi nuca desnuda y despeinaba mi cortísimo pelo, repetía que aquello era una locura, nuestra locura, nuestro secreto. Nadie lo entendería, y era mejor guardarlo bajo llave. No necesitaba decírmelo. A los doce años ya sabía que aquello no era... políticamente correcto. No obstante, me importaba un comino mientras pudiera estar con él.
Perdí la cuenta de sus caricias y de sus besos; perdí la cuenta de las veces que me dijo “Te amo con locura, como jamás he amado a tu madre, y que Dios me perdone por esta blasfemia”. Creo que enloquecí con él. Pero, ¡qué locura más delirante de puro placentera! Cuando la mayoría de mis amigas buscaban con desespero la palabra orgasmo en el diccionario, yo ya lo había sentido. Él fue mi maestro.
Me enseñó Pasión. Y Paciencia. Me aseguró que sólo él podía darme auténtico placer. “La mayoría de los chavales de tu edad ya eyaculan si te ven desnuda”; y creo que tenía razón. Pero yo todavía era una adolescente, y no sabía a dónde podía llevarme todo aquel caudal de pasión. Tardó hora y media en penetrarme y desvirgarme aquella primera noche.
Acabamos jadeando, los cuerpos ardiendo...
Me dijo:
_Ahora entiendes por qué estás más a gusto con el pelo corto, ¿verdad?
_Me acostumbré, y lo sabes. Nunca pensé en el sexo mientras me cortaban el pelo. Simplemente sabía que eso te daba gusto. No quería contrariarte ---le dije cariñosamente.
_Yo sí pensaba en amarte cuando te veía en el sillón esta mañana. Me resultaba excitante, incluso erótico, ver cómo tus mechones rubios caían rápida y continuamente, con gracia, dejando tu espalda desnuda, y tus sienes, y tu nuca. Te hubiera amado ahí mismo. Era el strip-tease más sensual que cabe imaginar. Te habría desnudado y te habría hecho el amor en ese sillón. Si no fuera por los dichosos anuncios de televisión, llevarías el pelo corto los doce meses del año. No podía dejar de mirarte con todo mi amor, ni de pensar en lo guapa que eras y en lo guapa que ibas a quedar. Eras mi muchachito, y aún lo eres.
_ ¿No es muy contradictorio?
_Quería tenerlo todo. Y lo tuve. Tuve a mi muchachito cuando eras pequeña. Y ahora tengo a mi mujercita. Jamás te haré daño; sólo quiero amarte.
_ ¿Por qué no le dijiste a mamá que querías un varón? ---susurré mientras daba la vuelta en la cama y me sentaba encima de su vientre.
_Tu madre no quería más hijos. A su modo, es la persona más egoísta que conozco. Quería dos niñas y ya está. Sólo contaba lo que ella quería.
_ ¿Y esto es una especie de venganza? ---quise saber.
_No, en absoluto. Simplemente hago lo que me apetece. Y me apetece hacerte el amor, aunque seas mi hija. A veces me olvido de que lo eres, y el remordimiento se mitiga un poco.
_ ¿Por qué lo acepta mamá? Es denigrante.
_Porque me lo debe. Y lo sabe.
_ ¿También te acostarás con Idoia cuando sea mayor?
_ ¿Me has tomado por un pederasta, hijita? ¿Acaso todavía no sabes que lo nuestro es distinto? Yo estoy aquí porque te amo, no porque quiera abusar de mis hijas como si no tuviera más diversión.
Papá se ofendió mucho. Y yo comprendí cuán impertinente había sido. Y lo que escondía, en el fondo, mi impertinencia: celos. Había oído historias de ese tipo. Primero la hermana mayor, luego la otra, y la otra... hasta que no hubiera más. Todavía no entendía que lo nuestro era “un caso aparte”. Me disculpé y volvimos a hacer el amor.
Lo hacíamos cada noche. Él siempre me acompañaba cuando iba a Madrid a rodar los anuncios. Ya no iba a los castings; tenía mi propio currículum, y papá era mi representante.
Desde que empecé a hacer anuncios, mamá tenía su propio criterio para elegir cuáles debía hacer y cuáles no. Por principios. Decía que no pudiendo yo elegir ni tener aún mi propio criterio, debía hacer anuncios que no perjudicaran la imagen de la familia. No se trataba de cuestiones de moralidad. Mamá decía que la televisión quema mucho, y más tratándose de publicidad; si hacía un anuncio que ofreciera una imagen equivocada de mi carácter o mi forma de ser, siempre llevaría ese lastre a mis espaldas.
“Los ven millones de personas cada día, Leire”, me dijo cuando ya era más mayorcita y podía entender de qué iba aquel mundillo. “Si das un paso en falso, te lo restregarán por la cara toda la vida. Es peor que perder el Festival de Eurovisión”.
De modo que, desde los ocho años, ya empecé a descartar ofertas; cualquiera habría dicho que iba de “diva”, o que era una repipi. Pero las palabras de mamá se me grabaron a fuego. Y con los años he tenido que darle la razón.
Este verano, en Francina, ha sido el de mi revelación. Seguíamos un programa, como en cualquier otra academia: comenzábamos a las once de la mañana; pasarela, maquillaje, peluquería, expresión corporal, fotografía, ritmo, dietética, estilismo, técnicas de casting... eran el pan nuestro de cada día. Cinco días a la semana. Y aprendí casi todo lo que cabía aprender, porque demostré ser más disciplinada y aplicada de lo que había sido en el instituto. Hice, además, algún que otro descubrimiento. Por ejemplo, no salgo igual en las fotos que en la televisión. Creí que sería fácil, y me equivoqué. Cuando me hice el book lo pasé un poco mal precisamente por eso, porque me descubrí torpe delante de aquel objetivo, nada natural. Poco a poco, el fotógrafo (quien, por cierto, estaba encantado con mi pelo) me fue haciendo su cómplice, y minuto a minuto, clic a clic, fui adueñándome de su cámara hasta conseguir de ella lo que quería: lo mejor.
Ya me muevo con más soltura. Y también con tacones, aunque me molestan mucho, sobre todo los de aguja, que tampoco están de moda. Prefiero las plataformas porque te dan un aire más divertido y juvenil. Soy la única en la familia que lleva tacones; mamá no los soporta, e Idoia siempre va con las Nike a todas partes. Este verano las llevó incluso a la boda de unos amigos de papá.
Hubo una auténtica batalla campal a propósito de eso; papá quería que fuese bien vestida, bien calzada, y sin más pendientes que uno en cada oreja. Pero Idoia, por si no lo había dicho antes, tiene mucho carácter y muy mal genio, de modo que dijo que o hacía lo que le salía de las narices... o no iba. Sin embargo, fue. No cedió en absoluto, se mantuvo en sus trece, y fue como a ella le dio la gana. Papá estuvo de morros durante toda la fiesta, y apenas si se acercó a ella; debió de pensar que si tenía suerte de que no los relacionaran, no iba él a estropearlo. Por la noche me tocó consolarle con más mimos y zalamerías de lo habitual. Menos mal que me tenía a mí. Porque la única virtud de mi hermanita es su libro de calificaciones escolares.
Durante este verano, el tema habitual de discusión en desayunos, comidas y cenas los fines de semana ---el resto de la semana lo pasaba en Barcelona--- ha sido la moto de Idoia. Cumple catorce años pasado mañana; sus notas de fin de curso fueron las que todos esperábamos. Ella lo sabía; se cruzó de brazos, nos miró uno a uno, desafiante, y exigió “su” moto. La sabía ganada porque mamá, para mi cumpleaños, se gastó ciento cincuenta mil pesetas en un vestido de Calvin Klein para mí. Y además fuimos a comprarlo a París. Y ella sólo quería una Scooter para ir a clase y salir por ahí con los amigos (todos motorizados) los fines de semana. Se había encaprichado de una Derbi Atlantis gris metalizada; última novedad del Salón del Automóvil, recién salida de fábrica; nada de segunda mano mientras yo tuviera el último modelito de temporada de Calvin Klein, ¡faltaría más!
En casa siempre ha habido igualdad entre hombre y mujeres, y entre nosotras. Así que a ella, como a mí, le correspondían ciento cincuenta mil pesetas. Que la moto sólo valía cien mil... Bueno, había que comprar un buen casco, a juego con la moto, y los guantes, y unas botas adecuadas porque el invierno es muy frío en San Sebastián. Y hasta ahí llegaba el presupuesto.
Mamá no quería la moto porque siempre la han dado mucho miedo; papá decía que mejor la moto que cualquier otra cosa; y yo la secundaba por solidaridad femenina y fraternal, y porque cuando una tiene lo que quiere en la vida se vuelve increíblemente generosa con sus semejantes. Claro que nunca he entendido por qué Idoia empieza la casa por el tejado, porque primero tiene que sacarse el carnet de moto, y eso ya cuesta otras tantas mil...
A finales de julio llegó mi gran oferta. Esa que cualquier modelo, sea principiante o no, anhela; en mi caso con más razón, porque todavía me oía de vez en cuando, en mi interior, la vocecita de Elena preguntando: “¿No te gustaría anunciar perfumes caros?”
Aquel book que me habían hecho para Francina había recorrido más mundo del que yo creía. Y había llegado (no sé aún cómo) a Estados Unidos, y a las manos de mi idolatrado Calvin Klein; parecía un sueño, y yo nunca he tenido tiempo para esa clase de sueños que solamente se sueñan estando despierta y mirando a las musarañas. Quizá a los que son como yo, esos sueños se nos hagan realidad sin ni siquiera darnos cuenta.
Calvin Klein estaba iniciando una campaña para el perfume del nuevo milenio: twentyone for woman. Y buscaba un rostro nuevo con temperamento latino, y un cuerpo joven, casi púber, para mostrar desnudo. Porque la mujer del próximo milenio es minimalista, ama la naturaleza, y se siente en el jardín del Edén. Es una mujer orgullosa de su feminidad, de su cuerpo, de su condición de hembra. No tiene vergüenza, ni siente rubor al mostrarse tal cual es. Ésa era la imagen que querían lanzar, y yo había sido la elegida de diez mil candidatas escogidas de entre las mejores de las agencias de modelos de Francia, Inglaterra, Italia, España, Estados Unidos, Alemania, Holanda y la Unión Soviética, que en los últimos años ha exportado un sinfín de modelos a Europa occidental y América.
Cuando Gabriella Verino, mi agente en Francina, avisó a papá se lió una buena en casa. Él no podía ocultar la oferta, pues más tarde o más temprano me hubiera enterado y no se lo hubiera perdonado.
Intentó disuadirme aquella noche, entre sábanas, diciéndome que no era gran cosa, que apenas si iban a pagarme (yo estaba más que dispuesta a hacerlo gratis), y que habría mejores oportunidades; pero ni tan siquiera él podía creer sus propias palabras. Yo negaba con la cabeza a todos sus inconvenientes, hasta que no le quedaron más. Supo que no lograría convencerme por las buenas, y lo intentó por las malas.
_No vas a hacerlo. Olvídate. Mi hija no va a desnudarse delante de nadie. Necesitas mi consentimiento y yo no te lo doy.
_ ¿Durante cuánto tiempo? ---le reté, indignada---. ¿Un año, dos, tres años más? Puedes negármelo ahora, pero cumpliré los dieciocho y nada podrás hacer. Y me habrás perdido para siempre... como hija..., y como amante. Estás avisado.
Me dio una bofetada.
Gritó:
_ ¿Cómo te atreves a avisarme? No eres más que una putita creída. Y la culpa es de tu madre. Harás lo que yo te diga. Ahora y siempre. Tú sólo vas a desnudarte delante mío. Ya estás avisada ---sonrió con sarcasmo mientras imitaba burlonamente mi advertencia.
Salté de la cama, furiosa; abrí la puerta de mi habitación y le eché fuera. Él se rió, pero no se movió de donde estaba. Yo no hacía más que gesticular con los brazos, pidiéndole que se marchara de allí, pero ni me escuchó ni hizo movimiento alguno. Estaba muy a gusto acostado en mi cama, esperándome. Era muy paciente, y consciente de su enorme poder. Un poder que yo no podía alcanzar a mesurar en su verdadero valor. No podía vencerle, pero necesité dos horas para darme cuenta de ello. Y al final, derrotada, volví a la cama y a sus brazos, incapaz de escapar de ellos.
Mamá necesitó una semana para convencerle de que me diera el permiso para aceptar la oferta, y le engatusó diciéndole que el dinero que yo cobrara sería todo suyo. Papá era codicioso, y yo iba camino de convertirme en su gallina de los huevos de oro. Mamá pensaba que la fama que me daría el anuncio ---revistas, vallas publicitarias, televisión, cine...--- era más que suficiente para auparme muy arriba y muy lejos. Y de todos modos, yo tenía mis ahorros y no eran ninguna bagatela.
Papá accedió a regañadientes, pero a partir de ese día se convirtió en un auténtico déspota en mi cama; resentido por haber cedido, se le antojó castigarme demostrando un comportamiento harto violento en nuestras relaciones sexuales. Me forzaba a los pocos minutos de tirarme en la cama, sin darme tiempo siquiera a desnudarme o a echar de menos viejas caricias y besos.
Empecé a temerle y asustarme, algo que nunca antes me había ocurrido. Y a desear otras relaciones, conocer a otros chicos de mi edad; no me importaba si eyaculaban antes de hora. Quería una relación como la que mantenían Lucía y Aitor, o Iñaki y Elena. Quería una relación de igual a igual. Quería un novio corriente que me viniera a buscar a casa y me llevara a la discoteca, al parque de atracciones, a la playa o a la piscina. Quería oír el ring ring del teléfono y suspirar por que fuera para mí.
En la escuela había muchos chiquillos que me observaban continuamente, pero luego ya nadie quiso tratar conmigo. Yo era la rubia-tonta-repipi que salía a todas horas en la televisión, y de la cual la gente ya estaba bastante harta.
jueves, 25 de diciembre de 2008
Estirpe salvaje. Montse de Paz
Hola a todos mis colegas del blog, y mil perdones por el retraso de ¡¡4 días...!! La resaca, ya se sabe. Hoy vengo a hablaros de uno de los mejores libros que he leído este año. Un auténtico descubrimiento para alguien como yo: no demasiado proclive a las fabulaciones ni a la novela fantástica. Pero siempre hay una primera vez para todo; un rito de iniciación a los libros de fantasía. Y como quien me conoce bien, sabe, yo sólo escojo de lo bueno lo mejor. Y así califico la novela de Montse de Paz: Estirpe Salvaje. Una de esas historias que pertenecen por derecho propio a la mejor tradición oral de los siglos X al XIII; de esas fábulas maravillosas que los padres cuentan a sus hijos, y que pasan de generación en generación, pasando a formar parte del imaginario colectivo de un pueblo. Una historia de lucha y de supervivencia; de valentía y de amor; una de esas historias de invierno al abrigo de un buen fuego. Una historia ideal para leer en estas fechas. No quiero desvelar mucho del argumento, por si algún despistado aún no la ha leído... Sólo estoy aquí para recomendarla. Por su prosa rica en descripciones y matices; por esa capacidad de transportar al lector a un reino imaginario en el que todos desearíamos estar al menos unos cuantos días... o semanas, para olvidarnos de los problemas actuales y para recuperar los viejos valores morales que un día aprendimos de nuestros padres y abuelos y que se perdieron en algún rincón del camino. Ya estáis tardando... ¡id a comprarla antes de que se agote!
viernes, 19 de diciembre de 2008
Un libro curioso
El miércoles fui a comprar un regalo para una amiga; como ella es también una ávida lectora, no había mejor opción que encaminar mis pasos a una librería. Entre los cientos de libros que vi en la sección de novedades, uno me llamó poderosamente la atención. No era una novela, sino un libro de ensayo: El arte de rechazar una novela se titula; el autor es Camilien Roy, y la editorial es Bruguera (P.V.P 16€); es una recopilación de diversas cartas (99) de rechazo. A todos aquellos que, como yo, os habéis aventurado en la búsqueda del editor ideal no tengo que hablaros a estas alturas de lo que implica para la moral y el ego del escritor novel una de esas cartas. El libro está escrito con mucho humor negro y, dejando el amor propio de lado, me pareció de lo más interesante. Hay muchas maneras de decir "no"; y este autor ha reunido 99 con los más dispares estilos... Para aquellos que están hartos de la carta prototipo, más fría que un iceberg, y que no compromete el buen nombre de la editorial y deja, sin embargo, al autor del manuscrito con cierto complejo de niño de 6 años a quien no se le puede decir aún que los Reyes Magos no existen... Por supuesto está dedicado a aquellos escritores con sentido del humor que no se toman a sí mismos demasiado en serio. Abstenerse los muy sensibles y susceptibles y los que reaccionan mal a críticas negativas. Para todos los demás es una excelente oportunidad de echar unas risas.
martes, 16 de diciembre de 2008
Concurso literario: buenas noticias
Hola, como ya sabéis, me he animado a participar en el certamen literario del que os hablé el sábado día 13 (el de los 6.000€); y tengo buenas noticias porque no tenía tema, y ahora me ha surgido un repentino (o no tanto) viaje a Roma, con lo cual diría que tengo una enoooooorme fuente de inspiración; voy como medievalista en ciernes con el grupo de mi facultad, pero seguro que con tanta maravilla se me ocurre una idea fantástica; he pensado hacer un diario de todo lo que vaya viendo, oyendo, sintiendo... y a partir de ahí veré qué se me ocurre. También adelantaros que buena parte de mis experiencias en Roma, tanto positivas como negativas, aparecerán en mi nueva novela... Si no habéis estado todavía en la Ciudad Eterna, os dejo mi recomendación para que la visitéis; me han dicho que es un museo al aire libre... Y fuente inagotable de inspiración para muchos escritores...
sábado, 13 de diciembre de 2008
Un regalo anticipado
Como todos los que habéis visitado el blog sabéis, yo cumplo años en unos días; ayer tuve la oportunidad de conocer a una de las escritoras más leídas y a la vez una de las más criticadas de la sociedad actual: Lucía Etxebarria. Para mí fue como un regalo antes de hora. De entrada, diré que es como tú y como yo: sencilla y accesible. Confiesa lo que confesamos todos los escritores: soy tímida y odio las entrevistas. Esto es así hasta que toca hablar de un tema que sabe y le apasiona: su libro: En brazos de la mujer fetiche (destino 2002). La charla estaba organizada por la editorial Planeta (booket) y la Facultad de Filosofía de la UB. El tema era la mujer como fetiche en nuestra sociedad actual. Para los que hayáis leído el libro, es el descubrimiento de una literatura y unos literatos, los del siglo XIX, con un marcado fetichismo (personalizar los objetos; cosificar a las personas). En una sociedad, la nuestra del siglo XXI, la mujer se presenta en el 90% de los anuncios como un objeto (de deseo sexual... y de consumo en última instancia). La charla era más filósofica que literaria, pero el tema me resultó lo suficientemente interesante como para asistir... ¡y desde primera fila! Me resultó curioso que a pesar de ser una de las escritoras más famosas (o populares) de España, la sala estuviera medio vacía... Pero imagino que obedece a que se trataba de la Facultad de Filosofía, Geografía e Historia. Y no son muchos los que pretenden dedicarse a la literatura después de acabar la carrera; y aparte, sobre gustos no hay nada escrito. Y con Lucía ocurre como con mucha gente extraordinaria: no acepta medias tintas. O la adoras o la detestas. Difícilmente puede resultarte indiferente. Yo, repito, he tenido el enorme placer de poder conocerla y hablar con ella de tú a tú, aunque el tema no tuviera que ver necesariamente con nuestra profesión de escritoras. Con la excusa de la charla, había en el vestíbulo un stand de Booket y regalaban libros. Me regalaron uno muy interesante con las bases de un concurso de relato corto. Os paso la dirección de la web: http://www.booket.com/. Aquí podréis encontrar (en el icono situado en la parte izquierda inferior de la página principal: Jóvenes Talentos) las bases del VI Certamen Universitario de Relato Corto (6.000€ están en juego). Aparte podréis descargaros un librito muy útil para escritores noveles. ¡Animaros a participar!
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