
miércoles, 18 de marzo de 2009
martes, 17 de marzo de 2009
Una mañana en el Registro
Hola, amigos...
El otro día... y después de casi ¡ojito, 7 años! crucé las puertas del Registro de la Propiedad Intelectual... Mmm, qué gusto da poder llevar nuevamente "un trocito de ti", de tu esfuerzo y tu ilusión para constatar que es tuyo Y DE NADIE MÁS.
Después de tanto tiempo sin aparecer por allá, mis mayores miedos eran
1. Que lo hubieran cambiado de sitio (calle, plaza...); algo muy común en la burocracia de nuestro santo país (mandarte de un lado para otro... y que pierdas la mañana).
2. Que hubieran puesto la tasa por las nubes... Que como hay crisis, y la tradición es aprovecharse del ciudadano de a pie... Pues eso.
Aaaah, ¡qué maravilla! Mis temores resultaron infundados.
Para los que viven en Barcelona, decirles que sigue estando en la calle Muntaner 221 (no olvidéis llevar la fotocopia del DNI); y en segundo lugar, aunque por supuesto han subido la tasa, tampoco es prohibitiva, no llega a cinco euros, y no importa la extensión de la obra ni los volúmenes que tenga (si tiene más de 1).
Probablemente, todos los que me leeis ya sabéis de qué va el tema, pero si por ahí anda algún despistado, o alguien que está recién empezando esta tortuosa carrera, pues la información nunca viene mal. Yo tuve que indagar mucho al principio y dar más vueltas que un ventilador, por eso valoro mucho la información que recibo y puedo dar a otros colegas.
Deciros que voy viento en popa... Y que pronto podréis tenerla en vuestras manos... Dios mediante, antes de acabar el año... Besitos...
miércoles, 11 de marzo de 2009
¡¡¡Bravo!!!

Blogueros míos, hoy estoy especialmente satisfecha y entusiasmada... Mi nueva novela va viento en popa... Cuando creía que estaba estancada y en punto muerto y absolutamente desesperada por ello, el domingo acabé la primera parte y voy a velocidad de crucero con la segunda. Cruzo los dedos a ver si la acabo a mediados de mayo como me propuse. Y hablando de proposiciones, os paso la que "podría" ser la imagen de portada, a ver cómo la veis.
martes, 10 de marzo de 2009
Yes, we can
De nuevo, mil disculpas porque debí subir este pequeño artículo el domingo 8, Día Internacional de la Mujer; pero tuve problemas con la conexión y hasta hoy... Gracias por vuestra comprensión.
Hola, blogueras, con a, en este día no podía dejar de comentar lo importante que es para nosotras, con a, la lucha a favor de los derechos y la igualdad de la mujer. Todos los medios se han hecho eco hoy de la lucha que todavía hoy en el s. XXI mantienen las mujeres por encontrar su sitio en la sociedad. Yo no podía ser menos.
Sabemos que se ha hecho mucho, pero no somos menos conscientes de lo que aún nos queda por hacer. En el año Obama podemos hacer nuestro su lema, y decir en voz muy alta y muy clara: Sí, nosotras podemos. Hoy quiero felicitar a todas las mujeres que visitan mi blog; felicitarlas porque son mujeres, porque viven en libertad, porque pueden elegir qué camino tomar y cual dejar atrás, por lo que han conseguido y por todo lo que aún les queda por conseguir. Por esos hijos que tienen y por los que nunca tendrán; por los hombres que las valoran y por los que nunca las valoraron, porque fueron estos últimos los que las enseñaron lo que no querían ser.
Sí, queridas: somos fuertes y somos poderosas. Podemos hacer todo lo que queramos, donde queramos, cuando queramos, como queramos. La lucha no ha acabado, pero los logros que hemos obtenido son los que nos mueven a continuar y a ser mejores. Felicidades mujer por ser mujer.
Sabemos que se ha hecho mucho, pero no somos menos conscientes de lo que aún nos queda por hacer. En el año Obama podemos hacer nuestro su lema, y decir en voz muy alta y muy clara: Sí, nosotras podemos. Hoy quiero felicitar a todas las mujeres que visitan mi blog; felicitarlas porque son mujeres, porque viven en libertad, porque pueden elegir qué camino tomar y cual dejar atrás, por lo que han conseguido y por todo lo que aún les queda por conseguir. Por esos hijos que tienen y por los que nunca tendrán; por los hombres que las valoran y por los que nunca las valoraron, porque fueron estos últimos los que las enseñaron lo que no querían ser.
Sí, queridas: somos fuertes y somos poderosas. Podemos hacer todo lo que queramos, donde queramos, cuando queramos, como queramos. La lucha no ha acabado, pero los logros que hemos obtenido son los que nos mueven a continuar y a ser mejores. Felicidades mujer por ser mujer.
viernes, 6 de marzo de 2009
Mil disculpas
Hola guapos, os pido mil disculpas porque anteayer subí unas fotos de mi viaje a Roma, pero no os dije nada, y alguno se habrá quedado un pelín extrañado al verlas, sobre todo si no ha estado antes en la ciudad. Poco a poco las iré subiendo todas, para que las vayáis viendo. También aprovecho para comunicaros que estoy en Facebook, por si alguien quiere pasarse por allí también. Ahora mismo estoy leyendo El maestro de la inocencia de Tracy Chevalier (La joven de la perla); a ver si la semana próxima lo acabo y subo la reseña. UN BESO MUY FUERTE A TODOS. Y BUEN FIN DE SEMANA ; D
miércoles, 4 de marzo de 2009
Dudas existenciales, bloqueos y otras paranoias del escritor
Hoy, 4 de marzo, hace 13 años que empecé mi primera novela; me he despertado esta mañana con ese pensamiento, y recordando cuáles eran entonces mis expectativas y mis sueños, y cómo ha cambiado todo a mi alrededor en ese tiempo. La vida te zarandea a su antojo y a veces mancha (como decía una película) y a veces hiere. Si sobrevives a sus vaivenes, lo mejor es que puedes escribir sobre ello. No siempre es fácil; le comentaba a una amiga hace días que esta cuarta novela que escribo tiene la virtud de despertar a los demonios dormidos; cada vez que abro el archivo para retomar el hilo es como abrir la caja de Pandora, de donde salían, según la mitología griega, todos los males del universo. Pero hay cosas que por mucho que nos duelan hay que exteriorizarlas, porque mejor es esto que llevarlas dentro y que te vayan carcomiendo lentamente.
No siempre me encuentro lo bastante fuerte para continuar, no ya con la historia actual, sino con el mismo trabajo de escritor; a menudo dudo de mi misma y mi papel en el mundo (en general) o me bloqueo, o me estanco y no sé por dónde seguir; igual que si me hubiera perdido en el desierto y todos los caminos me resultaran desconcertantes. Me consuela, aunque no mucho, saber que mis compañeros de fatigas pasan por situaciones similares. Y cuanto más tiempo pasa y más años me echo encima, las dudas son muchas más y mucho mayores.
Quizá se perdió aquella ingenuidad de los veintipocos, donde creías que con tu sola juventud podías "comerte el mundo"; hoy tienes más experiencia, por supuesto, y ves que el mundo "se te ha indigestado". Que a tu alrededor sólo hay codicia, y que los valores en los que creías a los 18 se han perdido.
Pero sigues adelante porque es el único camino que hay y el único que conoces; revuelves en el baúl de los recuerdos y entre juguetes rotos y trapos viejos encuentras el optimismo y la fe de los primeros tiempos, los coges y te los llevas contigo porque sabes que sin ellos no puedes continuar la carrera que empezaste ya ni te acuerdas cuándo. Y con ellos construyes las historias y las vidas de otros para demostrar al mundo y a ti misma que queda mucho que vivir y compartir.
esta entrada enlaza con la anterior "Por qué escribo"; reconozco que el tono no es tan optimista, pero éste es un espacio para liberarnos a través de la escritura. Y nuestras emociones y estados de ánimo no siempre son lo que quisiéramos...
Carnavales 2009
El club de las malas madres. L. Etxebarria y G. Bustos
Hola, blogueros; hoy presento libro de ensayo, manual de uso y consulta para madres (y padres) desesperados y/o en problemas. Confieso que hacía tiempo que esperaba nuevo libro de Lucía. Como sé que algunos/as de los que me seguís sois padres u os habéis planteado serlo (yo me lo he planteado, de hecho), pienso que este libro puede responder a algunas preguntas, quitaros de encima la losa de la culpabilidad (esto va para tantas madres que concilian vida laboral y familiar: un trabajo titánico, si me permitís decirlo) y reiros un rato, porque está escrito desde el cariño, el respeto y el sentido del humor. Lucía como madre, y Goyo como docente de educación primaria, nos hablan de sus experiencias con los niños. Yo no soy madre, pero como escritora me he tenido que meter en ese papel más de una vez, y de veras que se agradece contar con un libro como este. Ahora, en mi nueva novela, vuelvo a hacer "de madre" y voy a tomarlo, entre muchos otros, como libro de referencia; sobre todo porque Lucía (casi) nunca me defrauda; y esta vez no ha sido distinto. He pasado muy buenos ratos en ese club, y sé que las que sois madres en la vida real lo vais a disfrutar muchísimo más.
sábado, 28 de febrero de 2009
Graceling. Los siete reinos I. Kristin Cashore
Hay gente en estas tierras que tiene poderes extraordinarios a los que llamamos gracias. Una gracia puede tener un valor infinito o puede ser totalmente inútil. Una gracia puede hacer que alguien sea veloz como el viento, o que sea capaz de predecir el tiempo, mientras que otras sólo harán que hables al revés o te subas a los árboles. Mi nombre es Katsa. Soy un instrumento que mi Rey utiliza para castigar a sus enemigos. Mi gracia es matar.
El libro fantástico más aclamado del último año en todo el mundo.
A la venta el 16 de marzo
Roca juvenil
www.rocajuvenil.com
www.rocalibros.com/graceling
Las espinas del amor. Arlette Geneve
Mmm, hacía tiempo que no me dejaba «seducir» por una novela romántica de las de siempre; no es mi género preferido, vaya por delante, aunque de tanto en tanto lo coja con gusto y lo disfrute con ganas. No debería, pero ocurre con frecuencia, que leemos antes algo que venga «con referencias» que la obra de alguien desconocido, por muy buena que luego resulte ser la última. Y con esta idea cogí yo, de entre decenas y decenas de novelas, ésta que comento ahora.
Aunque amante de la historia en general, el siglo XIX no se cuenta entre mis favoritos; cuando catalogamos algo de «decimonónico» no es precisamente un cumplido, y por algo es. Para mí es, por antonomasia, el siglo de la hipocresía, de las habladurías, de los convencionalismos; un retroceso en el pensamiento libre con respecto a siglos anteriores como el s. XVIII o incluso el s. XVI, siglo de grandes cambios y avances, amén de los grandes descubrimientos científicos y geográficos. La figura de Napoleón tampoco es de mis preferidas; pero sí coincido con la autora en la talla de Goya, uno de los grandes de la época en su arte.
Aunque amante de la historia en general, el siglo XIX no se cuenta entre mis favoritos; cuando catalogamos algo de «decimonónico» no es precisamente un cumplido, y por algo es. Para mí es, por antonomasia, el siglo de la hipocresía, de las habladurías, de los convencionalismos; un retroceso en el pensamiento libre con respecto a siglos anteriores como el s. XVIII o incluso el s. XVI, siglo de grandes cambios y avances, amén de los grandes descubrimientos científicos y geográficos. La figura de Napoleón tampoco es de mis preferidas; pero sí coincido con la autora en la talla de Goya, uno de los grandes de la época en su arte.
La ambientación está muy cuidada, teniendo en cuenta que no es propiamente una novela histórica, sino una romántica «de época», que ni es lo mismo ni es igual. Los personajes, en su gran mayoría, se adaptan perfectamente a las modas y usos del momento; la trama está bien construida, aunque quizá se eche de menos un pelín de originalidad: la historia de «heroína ilegítima», aunque (casi) siempre funciona, está muy vista, y los devoradores de libros lo notamos enseguida; considero sin embargo que este tipo de novela está indicada para los que empiezan a introducirse en la lectura y buscan entretenimiento antes que erudición. Ya llegará el tiempo de mostrarse exigentes y críticos con lo que leemos. Y a veces no llega; hay gente que no critica nunca, y su derecho es tan legítimo como el nuestro.
El desenlace es demasiado previsible, y vuelta a la cuestión «originalidad»; me gusta que el autor me sorprenda y me descoloque; es obvio que ha de haber un «final feliz» en este género de novelas, pero hay mil y una maneras de hacer un final feliz sin caer en los tópicos.
El desenlace es demasiado previsible, y vuelta a la cuestión «originalidad»; me gusta que el autor me sorprenda y me descoloque; es obvio que ha de haber un «final feliz» en este género de novelas, pero hay mil y una maneras de hacer un final feliz sin caer en los tópicos.
domingo, 22 de febrero de 2009
Por qué escribo
Una de las peores —y más repetidas— preguntas que le hacen a cualquier escritor es: ¿Y tú por qué escribes? A pesar de todo, es de las más contestadas, a menudo con una larga perorata que más parece una biografía que otra cosa.
Tranquilos, no os voy a contar mi vida; eso ya llegará en unos meses. Pero como éste es un blog literario, me siento en parte obligada a contestar a esta pregunta, y en el fondo lo deseo. El autor es un ser ególatra y pocas situaciones le reportan más placer que aquéllas en las cuales se le presenta la oportunidad de hacer una declaración de principios sobre cualquier tema.
Lo mío no fue vocación infantil; nunca fui una niña repipi que presumiera de leer a los Grandes Clásicos en su etapa escolar, ¡nada más lejos de la realidad! Os confieso que yo, de niña, quería ser actriz; en el peor de los casos, casarme con un hombre riquísimo y guapísimo que me mantuviera a cuerpo de reina y me permitiera hacer lo que quisiera, y lo que más me gustaba entonces y me sigue gustando hoy: leer.
Ya de adolescente, empecé a mantener correspondencia con chicas de mi edad, generalmente de fuera de mi ciudad natal, por aquello de conocer «algo diferente»; el gusanillo de las cartas se me metió en el cuerpo y ahí, entre epístola y epístola, empecé a hacer «mis pinitos» como escritora, sin saberlo, porque yo no me veía como escritora en aquellos días. Sí me apasionaban los libros, sobre todo las novelas, y mucho más la narrativa del momento; los clásicos no me atraían en absoluto, salvo honrosas excepciones (siempre inglesas).
Tuve, como la mayoría de los niños, una «vena fantasiosa» muy marcada, y de tanto en tanto imaginaba historias truculentas, pero en ningún momento me planteé plasmarlas en un papel, y mucho menos hacer de ello una profesión ni nada parecido. En 1995 empecé algo que podía ser una historia, pero no pasé de unas pocas páginas; no lo veía claro, no me veía capaz.
En 1996 conocí a una de las personas más importantes y queridas de mi vida; al contrario que yo, ella llevaba años llenando cientos de páginas con sus historias, pensamientos y emociones varias. Usaba el papel y la tinta como terapia porque su mundo no era lo que ella deseaba; escribía para poder conjurarlo y cambiarlo a su gusto. Su entusiasmo por la escritura se me contagió un tanto, lo admito, pero el verdadero impulso me lo dio mi padre. Y pillé al vuelo el desafío como el perrito juguetón pilla el fresco y sabroso hueso que le lanza su amo. Y ahí empecé mi primera novela. Siempre que he escrito algo, me he propuesto compartirlo con los demás, y a ser posible ganar dinero con ello; como a todos, me gustan las cosas buenas, bonitas… Y caras.
Con todo, el dinero no es lo que marca mi vida; es sólo un medio para conseguir un fin. Confieso que la popularidad es más deseable para mí que el dinero; por eso mi narrativa, con todos sus fallos, es sencilla y va dirigida al gran público. Mi único propósito ha sido y es entretener al lector; no pretendo enseñarle nada, aunque siempre, como un poso del té, queda en mis historias una moraleja. Pero sólo es eso: mi pequeña y particular seña de identidad.
Tranquilos, no os voy a contar mi vida; eso ya llegará en unos meses. Pero como éste es un blog literario, me siento en parte obligada a contestar a esta pregunta, y en el fondo lo deseo. El autor es un ser ególatra y pocas situaciones le reportan más placer que aquéllas en las cuales se le presenta la oportunidad de hacer una declaración de principios sobre cualquier tema.
Lo mío no fue vocación infantil; nunca fui una niña repipi que presumiera de leer a los Grandes Clásicos en su etapa escolar, ¡nada más lejos de la realidad! Os confieso que yo, de niña, quería ser actriz; en el peor de los casos, casarme con un hombre riquísimo y guapísimo que me mantuviera a cuerpo de reina y me permitiera hacer lo que quisiera, y lo que más me gustaba entonces y me sigue gustando hoy: leer.
Ya de adolescente, empecé a mantener correspondencia con chicas de mi edad, generalmente de fuera de mi ciudad natal, por aquello de conocer «algo diferente»; el gusanillo de las cartas se me metió en el cuerpo y ahí, entre epístola y epístola, empecé a hacer «mis pinitos» como escritora, sin saberlo, porque yo no me veía como escritora en aquellos días. Sí me apasionaban los libros, sobre todo las novelas, y mucho más la narrativa del momento; los clásicos no me atraían en absoluto, salvo honrosas excepciones (siempre inglesas).
Tuve, como la mayoría de los niños, una «vena fantasiosa» muy marcada, y de tanto en tanto imaginaba historias truculentas, pero en ningún momento me planteé plasmarlas en un papel, y mucho menos hacer de ello una profesión ni nada parecido. En 1995 empecé algo que podía ser una historia, pero no pasé de unas pocas páginas; no lo veía claro, no me veía capaz.
En 1996 conocí a una de las personas más importantes y queridas de mi vida; al contrario que yo, ella llevaba años llenando cientos de páginas con sus historias, pensamientos y emociones varias. Usaba el papel y la tinta como terapia porque su mundo no era lo que ella deseaba; escribía para poder conjurarlo y cambiarlo a su gusto. Su entusiasmo por la escritura se me contagió un tanto, lo admito, pero el verdadero impulso me lo dio mi padre. Y pillé al vuelo el desafío como el perrito juguetón pilla el fresco y sabroso hueso que le lanza su amo. Y ahí empecé mi primera novela. Siempre que he escrito algo, me he propuesto compartirlo con los demás, y a ser posible ganar dinero con ello; como a todos, me gustan las cosas buenas, bonitas… Y caras.
Con todo, el dinero no es lo que marca mi vida; es sólo un medio para conseguir un fin. Confieso que la popularidad es más deseable para mí que el dinero; por eso mi narrativa, con todos sus fallos, es sencilla y va dirigida al gran público. Mi único propósito ha sido y es entretener al lector; no pretendo enseñarle nada, aunque siempre, como un poso del té, queda en mis historias una moraleja. Pero sólo es eso: mi pequeña y particular seña de identidad.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)