








Rosalía, una valiente joven cristiana, se adentra en la conflictiva al-Andalus disfrazada de hombre con la intención de rescatar a su padre. Cuando cae en manos del soldado más sanguinario del ejército musulmán, sus esperanzas de salir con vida de su aventura se desvanecen.
Yibrail es el torturado primo del califa de Sevilla. Sobre el odio que siente por los cristianos tan sólo prevalece el rencor que sentía hacia su madre, quien lo abandonó cuando aún era un niño. Pero sus sentimientos se tornarán casi imperceptibles ante la fuerza del amor que Rosalía despierta en él.
El ímpetu de una pasión prohibida y el anhelo de un amor abrasador. ¿Conseguirán Rosalía y Yibrail vencer el destino?
El carcelero de Isbiliya fue seleccionada como una de las diez novelas finalistas del Premio Planeta 2008.
Nos encontramos ante una historia magníficamente construida, con una inmejorable ambientación y una narrativa ágil y amena, a la vez que posee un gran poder evocador. De la mano de Arlette, el lector se “transporta” inmediatamente a
Pero… (siempre hay un “pero”)… es demasiado Romántica para optar a un premio como el Planeta. Y me duele decirlo porque sé que no va a caerle bien a la autora, sin embargo no puedo omitirlo. Y de paso quiero y debo señalar que, del mismo modo que existe una “receta” para “guisar” un best-seller internacional, también hay una para novelas “premiables” o novelas “Planeta”. Yo he leído unas cuantas y por ello he podido percibir qué es lo que valora el jurado a la hora de conceder estos premios. Independientemente de si están amañados o no, lo cierto es que los libros galardonados siguen generalmente una misma pauta. A saber: historias corrientes, no demasiado dramáticas, nada de extremismos, mucha ambigüedad y finales muy neutros, donde no se sabe muy bien quién gana y quién pierde la partida. No recuerdo haber leído ninguna novela premiada que acabara con un final feliz. Si a eso le añadimos personajes estrafalarios en muchas ocasiones, con vivencias y anécdotas que se salen fuera de lo corriente, a veces incluso con una clara tendencia al esperpento, ya tenemos mucho ganado.
La nueva narrativa española, que es la que —en general— opta a este tipo de premio, es más moderna, más transgresora: en sus temas a exponer y en el modo en que se plantean; crea debate, polémica, controversia… obliga a la reflexión moral, a cuestionarse valores pre-establecidos, e incluso, en muchas ocasiones, a rasgarse las vestiduras. Pero tocan una fibra en el lector; no la sentimental, sino la intelectual.
Por ello, y aunque la novela está, como ya he dicho, magníficamente construida y ambientada, no he visto nada particularmente nuevo, nada que me golpee la conciencia, y el final es demasiado previsible… ¿y por qué no decirlo?, demasiado bueno para el gusto de algunos editores.
Y a pesar de todo, quiero añadir que he disfrutado enormemente leyendo esta novela, que nadie se lleve a engaño; en ningún momento encuentro nada criticable en la literatura de Arlette, simplemente debo apuntar la sensación que me dejó de que la autora se había equivocado de concurso. Nos ha pasado a todos. Es importante, cuando uno se plantea presentarse a un premio así (y es absolutamente legítimo optar a ellos), leer algunas novelas premiadas —yo lo he hecho— para saber qué es lo que se premia y entender por qué se premia eso y no cualquier otra cosa.


Ya llevaba yo meses deseando hincarle el diente a esta novela; cuando finalmente lo he hecho he sentido una mezcla de satisfacción y amargura. Satisfacción porque es una excelente novela que recomiendo a cualquier lector, y especialmente a aquéllos que les guste la historia y cultura chinas. Amargura porque después de leer el último párrafo descubrí que no hemos avanzado nada, que seguimos siendo igual de cafres que en el Paleolítico; tenemos armas más sofisticadas y llenamos nuestras pobres vidas de chucherías electrónicas a la última, pero caminamos en círculos (viciosos), y no ha cambiado apenas nada desde aquella vida primitiva desarrollada a orillas de lago Turkana hace 12.000 años...
Pese a todo, y teniendo en cuenta que tampoco era de esperar que nuestra triste humanidad mejorara, seguimos viendo "pequeños héroes" en nuestra vida cotidiana, personas ordinarias con capacidades extraordinarias; capaces de alcanzar lo más sublime y caer en lo más abyecto. No diré que esta novela me haya descubierto nada nuevo... aparte de ciertos detalles concretos sobre la invasión de China por parte de las tropas japonesas, la lucha por el triunfo del comunismo, y el omnipresente abuso de poder por parte de las autoridades gobernantes.
Especialmente emotiva y cautivadora es la historia de las dos protagonistas: Norah y Nube Perfumada; con episodios de un dramatismo mayúsculo en lo mejor y en lo peor. En cuanto a la narración: soberbia, cuidada, meticulosa; una imagen sin parangón del Shanghai de los años 40, con toda su fascinate decadencia. NO SE LA PIERDAN.
Premio de Novela Fernando Lara 2008



Tengo el inmenso placer de anunciaros, a los que todavía no lo sabéis, que el día 4 de febrero sale a la venta el nuevo libro de Arlette Geneve: El carcelero de Isbiliya. Es una novela romántica con toques históricos que, seguro, hará las delicias de todos vosotros. Mencionar, porque la novela lo vale, que fue una de las diez finalistas del Premio Planeta 2008. No puedo deciros mucho más porque aún no he tenido el placer de leerla, pero sí os dejo el enlace de la web de su autora que, estoy segura, estará encantada de hablaros de ella largo y tendido. Y de paso os anuncio que proximámente tendréis en exclusiva en este blog una entrevista con ella, donde también nos desvelará algunos de los secretos de su éxito...